martes, 29 de noviembre de 2016

Breve leyenda.

Cuenta una vieja leyenda que un ángel, una vez, cansado de no tener ninguna forma específica y aburrido de que los antiguos libros le hubieran atribuido el cuerpo de un hombre y las alas de un ave, decidió adoptar finalmente una apariencia definitiva.
Entonces, para despistar a quienes lo vieran por supuesto que en lugar de hacerse visible bajo la consabida imagen del hombre alado adoptó otra muy diferente.
Y fue así que luego de mucho pensarlo se decidió por un cuerpo peludo con cuatro patas y una larga cola.
Pero resultó que, en su confusión, al estar él también acostumbrado a pensarse con alas y ahora no tenerlas, no pudo dejar jamás de estar moviendo su cola todo el tiempo, en ese instinto de estar agitando algo que nunca había tenido; motivo que lo sorprendió tanto, al encontrarse a sí mismo haciendo ésto continuamente, que en el desconcierto exclamó la expresión "¡GUAU!" que, además de gustarle como había sonado, dejó para siempre como su voz para comunicarse con los demás.

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