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miércoles, 28 de junio de 2017
martes, 4 de abril de 2017
miércoles, 15 de marzo de 2017
martes, 7 de marzo de 2017
Que brote música, de él y de mis manos.
La música viene a mi vida para emocionarme de una manera que cada día me sorprende más ─descubrir─ cómo se manifiesta en mí.
Desde siempre amo la música, y tengo recuerdos que me remontan a la primera infancia, ese momento cuando uno es bien bien pequeñito pero que, vaya a saber porqué motivos, ya puede atesorar en su memoria emocional recuerdos del tipo de los que lo marcan para siempre.
Tal es así que me veo de pequeño con momentos, fugases o prolongados, que me relacionan al hecho de estar participando en algo que tenga que ver con la música.
Debo agradecer a mi papá que siempre, por lo general cada noche después de la comida, tocaba la guitarra y hacía que cantásemos junto a él en su cuarto ─para no molestar a mi mamá que se quedaría por el resto de la casa─ mi hermana y yo. Éste, por ejemplo, es el primer recuerdo vinculante que yo siento que me ligó a la música de una manera fundamental.
Y como todo comienzo tiene un inicio, que generalmente no suele ser para nada rimbombante o espectacular, este que acabo de contar fue el mío en el apasionado romance que tengo desde entonces con la música. Al menos el que yo puedo razonar y del que puedo tener conciencia explícita y contundente ─no creo, de todas maneras, que haya sido otro el origen de esta atracción que siento por la música ya que descarto que durante el embarazo hubiera recibido algún tipo de estímulo a través de mi madre (relacionado con músicas, melodías, o ese tipo de terapias que suelen hacerse principalmente en estos tiempos actuales) o que "el son" llegase hasta mi desde el exterior, producto de estar en un contexto musical, a no ser que mi padre transmitiera (por repetición con sus guitarreadas) estos estímulos a la panza de mi mamá y yo los captara muy capciosa y gustosamente. Pero esto ya es vacilar sobre un supuesto que nunca podré llegar a saber completamente─.
Volviendo al presente ─y teniendo en cuenta este pasado─ es que no puedo dejar de vivir un solo día sin la música. Es a través de ella que mi emoción, mi "a flor de piel", encuentra el punto exacto para alcanzar ese estado tan vivificante y pasional que me sitúa ─cuando estoy atravesándolo─ en un lugar de auténtica felicidad, realización y (al menos en mi caso) creación absoluta que no puede hacer otra cosa que reconfortarme y generar en mí el mejor bienestar.
Y como siempre estuve vinculado con la música recuerdo que en el jardín de infantes (kindergarten o jardín de infancia según los países) adoraba los actos de bailes ─fechas patrias con danzas típicas de mi país y todo eso─ más allá de por el mero hecho de figurar y estar in situ en esos acontecimientos escolares ─lo tengo bien claro, ya que también amaba todo lo relacionado a tocar los toc-toc, el triángulo y todos esos fáciles instrumentos con los que comienzan a relacionarse los niños al comienzo de su etapa educativa, incluido más adelante la flauta dulce, por supuesto─. Y tal es así, que siempre estuve vinculado con la música, que al crecer me relacioné por propia iniciativa yendo, por ejemplo, a estudiar al conservatorio (de música, claro). Y me vinculé con la forma coral, es decir vocal, también allí, además de con las teclas y las cuerdas (percutidas) del piano. Y como luego de varios años la vida me llevó por otro camino, aunque no dejé de vincularme con la música jamás, al no continuar el tiempo de estudio de la teoría y el solfeo, y todo lo que ello representa profundizando el ─arduo─ estudio de un instrumento específico, me alejé de este instrumento, simplemente porque convengamos que un piano no es fácil de llevar a todos lados (por ejemplo a una plaza, a la casa de un amigo, a unas vacaciones, etc.) y volví a un instrumento que tocaba desde pequeño, como lo hacía ─por puro hobby y placer─ mi papá, y que es fácil de suponer en este momento: la guitarra.
Y ahora, en mi presente, siempre musical también por supuesto, estoy absolutamente enamorado y enloquecido con un nuevo instrumento que estoy seguro que es el que llegó a mi vida para quedarse definitivamente y para ser el protagonista en mi elección hacia un instrumento de todos los existentes ─afortunadamente─ en el exclusivo mundo musical, sito dentro de este gran mundo ordinario de todos los días; y hablo del ukelele.
Lo siento como ese instrumento que es justo el que mejor me sabe tocarlo (tenerlo junto a mí, rozarlo, acariciarlo), ejecutarlo y estar descubriendo cada día nuevas formas de abordarlo y de enriquecer cada interpretación, asombrándome por la riqueza y la calidad de sonidos que esta diminuta "cajita de madera" —guitarrita— de cuatro cuerdas puede ofrecerle a su intérprete; es decir, en este caso, a mí.
El ukelele llegó cuando el piano estaba relegado por la guitarra que, siendo comparativamente mucho más transportable y práctica que el primero, de todas formas no me nacía o llamaba llevarla a todos lados, como por ejemplo a las vacaciones, donde si bien la llevaba a la ciudad donde veraneaba no lo hacía a la playa (la tocaba sólo por las noches o cuando me encontraba en el departamento), en primera instancia por un tema de cuidados hacia el instrumento con respecto a la arena y la sal y todo eso, aunque creo que en definitiva era porque (aunque parezca una sinrazón) la veía demasiado grande para andar cargándola como una cosa más además de todos los otros objetos que, se sabe, uno lleva a la playa. En cambio con este instrumento, el ukelele, pasa todo lo contrario; este verano, por ejemplo, estuvo conmigo todos los días que fui a la playa, y si bien al regreso a mi casa, a mi ciudad ─al final de las vacaciones─, tuve que hacerle una limpieza muy profunda (producto de la suciedad que tenía y que era la misma que temía que ensuciara a la guitarra en otro tiempo) nada le pasó al instrumento ni a su estuche ni a nadie, lo que demuestra que con la guitarra nunca quise hacer lo que hice ─y hago ahora─ con mi ukelele porque no estaba motivado realmente para ello, sencillamente.
Que soy feliz con mi ukelele, y que toda la introducción que ha tenido esta entrada de blog era simplemente para demostrar, en primer lugar, que quien se conecta con la música desde la primera edad, desde los inicios de su caminar por esta vida, estará signado por ella hasta el último día que permanezca aquí y, en segundo término, para reflexionar acerca de que siempre podemos estar sorprendiéndonos ante el encuentro de una nueva forma musical ─un nuevo puente que nos acerque a ella de una manera diferente y renovadora─ (todos aquellos que vivimos o participamos de la música, y de su ejecución y creación, de alguna u otra forma) que venga a colmar en forma total nuestras expectativas, nuestros deseos y nuestros gustos, aunque quizás no nos hubiésemos dado cuenta completamente de ellos hasta no haber dado con la novedad en cuestión.
En esta nueva etapa de mi vida, entonces, y sé que de aquí en adelante para siempre, este pequeño instrumento de cuerdas ha venido a renovarme, a impulsarme creativamente y a colmarme de felicidad a cada momento que lo tomo entre mis manos para dejarme fluir y que de él y de mí brote simplemente música, sólo eso, y nada más que eso; ¡qué no es poco!
Tal es así que me veo de pequeño con momentos, fugases o prolongados, que me relacionan al hecho de estar participando en algo que tenga que ver con la música.
Debo agradecer a mi papá que siempre, por lo general cada noche después de la comida, tocaba la guitarra y hacía que cantásemos junto a él en su cuarto ─para no molestar a mi mamá que se quedaría por el resto de la casa─ mi hermana y yo. Éste, por ejemplo, es el primer recuerdo vinculante que yo siento que me ligó a la música de una manera fundamental.
Y como todo comienzo tiene un inicio, que generalmente no suele ser para nada rimbombante o espectacular, este que acabo de contar fue el mío en el apasionado romance que tengo desde entonces con la música. Al menos el que yo puedo razonar y del que puedo tener conciencia explícita y contundente ─no creo, de todas maneras, que haya sido otro el origen de esta atracción que siento por la música ya que descarto que durante el embarazo hubiera recibido algún tipo de estímulo a través de mi madre (relacionado con músicas, melodías, o ese tipo de terapias que suelen hacerse principalmente en estos tiempos actuales) o que "el son" llegase hasta mi desde el exterior, producto de estar en un contexto musical, a no ser que mi padre transmitiera (por repetición con sus guitarreadas) estos estímulos a la panza de mi mamá y yo los captara muy capciosa y gustosamente. Pero esto ya es vacilar sobre un supuesto que nunca podré llegar a saber completamente─.
Volviendo al presente ─y teniendo en cuenta este pasado─ es que no puedo dejar de vivir un solo día sin la música. Es a través de ella que mi emoción, mi "a flor de piel", encuentra el punto exacto para alcanzar ese estado tan vivificante y pasional que me sitúa ─cuando estoy atravesándolo─ en un lugar de auténtica felicidad, realización y (al menos en mi caso) creación absoluta que no puede hacer otra cosa que reconfortarme y generar en mí el mejor bienestar.
Y como siempre estuve vinculado con la música recuerdo que en el jardín de infantes (kindergarten o jardín de infancia según los países) adoraba los actos de bailes ─fechas patrias con danzas típicas de mi país y todo eso─ más allá de por el mero hecho de figurar y estar in situ en esos acontecimientos escolares ─lo tengo bien claro, ya que también amaba todo lo relacionado a tocar los toc-toc, el triángulo y todos esos fáciles instrumentos con los que comienzan a relacionarse los niños al comienzo de su etapa educativa, incluido más adelante la flauta dulce, por supuesto─. Y tal es así, que siempre estuve vinculado con la música, que al crecer me relacioné por propia iniciativa yendo, por ejemplo, a estudiar al conservatorio (de música, claro). Y me vinculé con la forma coral, es decir vocal, también allí, además de con las teclas y las cuerdas (percutidas) del piano. Y como luego de varios años la vida me llevó por otro camino, aunque no dejé de vincularme con la música jamás, al no continuar el tiempo de estudio de la teoría y el solfeo, y todo lo que ello representa profundizando el ─arduo─ estudio de un instrumento específico, me alejé de este instrumento, simplemente porque convengamos que un piano no es fácil de llevar a todos lados (por ejemplo a una plaza, a la casa de un amigo, a unas vacaciones, etc.) y volví a un instrumento que tocaba desde pequeño, como lo hacía ─por puro hobby y placer─ mi papá, y que es fácil de suponer en este momento: la guitarra.
Y ahora, en mi presente, siempre musical también por supuesto, estoy absolutamente enamorado y enloquecido con un nuevo instrumento que estoy seguro que es el que llegó a mi vida para quedarse definitivamente y para ser el protagonista en mi elección hacia un instrumento de todos los existentes ─afortunadamente─ en el exclusivo mundo musical, sito dentro de este gran mundo ordinario de todos los días; y hablo del ukelele.
Lo siento como ese instrumento que es justo el que mejor me sabe tocarlo (tenerlo junto a mí, rozarlo, acariciarlo), ejecutarlo y estar descubriendo cada día nuevas formas de abordarlo y de enriquecer cada interpretación, asombrándome por la riqueza y la calidad de sonidos que esta diminuta "cajita de madera" —guitarrita— de cuatro cuerdas puede ofrecerle a su intérprete; es decir, en este caso, a mí.
El ukelele llegó cuando el piano estaba relegado por la guitarra que, siendo comparativamente mucho más transportable y práctica que el primero, de todas formas no me nacía o llamaba llevarla a todos lados, como por ejemplo a las vacaciones, donde si bien la llevaba a la ciudad donde veraneaba no lo hacía a la playa (la tocaba sólo por las noches o cuando me encontraba en el departamento), en primera instancia por un tema de cuidados hacia el instrumento con respecto a la arena y la sal y todo eso, aunque creo que en definitiva era porque (aunque parezca una sinrazón) la veía demasiado grande para andar cargándola como una cosa más además de todos los otros objetos que, se sabe, uno lleva a la playa. En cambio con este instrumento, el ukelele, pasa todo lo contrario; este verano, por ejemplo, estuvo conmigo todos los días que fui a la playa, y si bien al regreso a mi casa, a mi ciudad ─al final de las vacaciones─, tuve que hacerle una limpieza muy profunda (producto de la suciedad que tenía y que era la misma que temía que ensuciara a la guitarra en otro tiempo) nada le pasó al instrumento ni a su estuche ni a nadie, lo que demuestra que con la guitarra nunca quise hacer lo que hice ─y hago ahora─ con mi ukelele porque no estaba motivado realmente para ello, sencillamente.
Que soy feliz con mi ukelele, y que toda la introducción que ha tenido esta entrada de blog era simplemente para demostrar, en primer lugar, que quien se conecta con la música desde la primera edad, desde los inicios de su caminar por esta vida, estará signado por ella hasta el último día que permanezca aquí y, en segundo término, para reflexionar acerca de que siempre podemos estar sorprendiéndonos ante el encuentro de una nueva forma musical ─un nuevo puente que nos acerque a ella de una manera diferente y renovadora─ (todos aquellos que vivimos o participamos de la música, y de su ejecución y creación, de alguna u otra forma) que venga a colmar en forma total nuestras expectativas, nuestros deseos y nuestros gustos, aunque quizás no nos hubiésemos dado cuenta completamente de ellos hasta no haber dado con la novedad en cuestión.
En esta nueva etapa de mi vida, entonces, y sé que de aquí en adelante para siempre, este pequeño instrumento de cuerdas ha venido a renovarme, a impulsarme creativamente y a colmarme de felicidad a cada momento que lo tomo entre mis manos para dejarme fluir y que de él y de mí brote simplemente música, sólo eso, y nada más que eso; ¡qué no es poco!
domingo, 2 de octubre de 2016
La música nos salva. ♪♫♪♪
Es cierto. El sonido universal que emana de cualquier tipo de melodía, transformada ésta en la música que llega para enriquecernos y sanarnos el corazón, nos cuida y nos pone a salvo de cualquier calamidad que podamos estar atravesado; como un salvoconducto dignificante que nos embelesará la situación de seguir adelante a como dé lugar.
Yo soy un tipo triste, eso lo tengo claro. Ando por la vida no llorando, por supuesto, pero sí de la manera que llevan los seres tristes. Pero afortunadamente soy un tipo muy musical también y en cada fibra de mi vida la música viene a sellarse como una identidad inamovible y extremadamente arraigada a mí, incapaz de ser abolida, prohibida, delimitada o cualquier otro tipo de movimiento que intente decretar que se la erradique de mis días.
La música, que ha estado conmigo desde que tengo memoria, es un canal de felicidad absoluto y por eso estoy seguro, al punto de poder afirmarlo sin temor a equivocarme, que sin ella no sería lo mismo vivir, en mi caso y en el de la gran mayoría de almas que van por este universo terrenal y espiritual, avanzando sensiblemente.
Si nos ponemos a pensar podemos darnos cuenta que es tan puro el sentimiento originado por el hecho de ser amantes de la música que, tomando como punto de inicio la idea de que calma y relaja a todos los bebés con solo involucrarla en su vidas por ejemplo, todos podemos pretender aspirar a una vida musical siempre y en el caso de cualquier existencia, sin excepción.
Solo redituará bienestar auténtico sentirla y dejarse llevar por ella, a la vez que dejarse fluir con ella también. Yo experimento tanto y es tan pleno y emotivo todo lo vivido a partir y a través de su abrazo que siempre ha mejorado mi vida y me ha permitido sentirme mejor, facilitándome también en determinados momentos poder extirpar de mi ser todo aquello que ni yo mismo sabía qué forma tenía o que, en definitiva, me estaba lastimando.
Agradezco tanto a la música, tanto, tanto, que mi vida es un ininterrumpido agradecimiento a esta magnífica manifestación de los sentidos; y junto a ese agradecer, sumo en este momento, otro que lo iguala o lo supera y que es la gratitud a ese amor puro y de bonanza especial que solo se halla en el afecto y la compañía de los animales, específicamente de los perros en mi agradecimiento puntual.
Yo soy un tipo triste, eso lo tengo claro. Ando por la vida no llorando, por supuesto, pero sí de la manera que llevan los seres tristes. Pero afortunadamente soy un tipo muy musical también y en cada fibra de mi vida la música viene a sellarse como una identidad inamovible y extremadamente arraigada a mí, incapaz de ser abolida, prohibida, delimitada o cualquier otro tipo de movimiento que intente decretar que se la erradique de mis días.
La música, que ha estado conmigo desde que tengo memoria, es un canal de felicidad absoluto y por eso estoy seguro, al punto de poder afirmarlo sin temor a equivocarme, que sin ella no sería lo mismo vivir, en mi caso y en el de la gran mayoría de almas que van por este universo terrenal y espiritual, avanzando sensiblemente.
Si nos ponemos a pensar podemos darnos cuenta que es tan puro el sentimiento originado por el hecho de ser amantes de la música que, tomando como punto de inicio la idea de que calma y relaja a todos los bebés con solo involucrarla en su vidas por ejemplo, todos podemos pretender aspirar a una vida musical siempre y en el caso de cualquier existencia, sin excepción.
Solo redituará bienestar auténtico sentirla y dejarse llevar por ella, a la vez que dejarse fluir con ella también. Yo experimento tanto y es tan pleno y emotivo todo lo vivido a partir y a través de su abrazo que siempre ha mejorado mi vida y me ha permitido sentirme mejor, facilitándome también en determinados momentos poder extirpar de mi ser todo aquello que ni yo mismo sabía qué forma tenía o que, en definitiva, me estaba lastimando.
Agradezco tanto a la música, tanto, tanto, que mi vida es un ininterrumpido agradecimiento a esta magnífica manifestación de los sentidos; y junto a ese agradecer, sumo en este momento, otro que lo iguala o lo supera y que es la gratitud a ese amor puro y de bonanza especial que solo se halla en el afecto y la compañía de los animales, específicamente de los perros en mi agradecimiento puntual.
Por tal motivo, en mi caso (y por ello nombré recién, así de la nada, a los animales) ellos me han salvado (música y animales ─perros─) de muchas catástrofes de toda índole y por eso es que no puedo ser otra cosa que esto que soy: una persona musical, triste sí, pero musical, y por ende brillante en ese punto en el cual ni esa tristeza, que sé que prevalece en mi vida en más de una oportunidad, puede hacer mella en mí para que no me sienta afortunado y peregrino activo de este camino de la vida en aras de estar lo mejor posible la mayor parte del tiempo. Y, como lo dicho recién, soy además de musical amante de la compañía de los animales, esta es mi combinación exclusiva. Esto soy.
Resumiendo: La música es la fuerza, el amor y el brillo necesario para poder respirar y esperar siempre lo mejor, y yo agradezco ser musical. ¡Sí que lo agradezco!
jueves, 30 de junio de 2016
domingo, 20 de marzo de 2016
lunes, 8 de febrero de 2016
Sia ♪
Hay músicos, cantantes, que me erizan la piel y movilizan mi interior de manera increíble, y si bien me gustan muchísimos intérpretes y compositores no todos logran infundirme ese toque especial que hace que vibre con la mayoría de sus temas.
Sia es una de ellos. Y la descubrí hace mucho tiempo, cuando todavía no sonaba en todos lados por esta parte del mundo que es mi país, Argentina.
Y es una cantante y compositora que me transmite, y trasmite en general, mucho más que una letra y una melodía ya que en cada canción uno puede sentirle el sentimiento interpretativo a flor de piel. Y tanto es así que ya se sabe que ella evita ser conocida por su rostro, desde siempre, para que se la admire y se le siga solo por su arte, solo por su voz y por sus canciones. Y, concluyamos, que con eso tiene bastante soporte para una carrera in aeternum.
GRACIAS SIA. GRACIAS POR TANTO QUE SIENTO CADA VEZ QUE, CANTANDO, VAS DIRECTO A MIS ENTRAÑAS MUSICALES. ♫
martes, 30 de junio de 2015
¿Qué haríamos sin la música en nuestras vidas?
Cuando yo me pregunto "¿qué haríamos sin la música en nuestras vidas?" e incluyo en mi interrogante a todos, o al menos no a mí solo, lo hago porque es muy interesante pensar que la música venga a ocupar un lugar tan importante y a la vez tan único en cada uno, que no se compara con nada, pero con nada, ni con la lectura que es también un bien supremo de cada persona que la disfruta y la goza pero que ni en su punto máxime llega a ese lugar tan interno que puede filtrar la música. Ese que solemos decir "me llega al alma"; bueno, ahí, a ese lugarcito específicamente interno y profundamente guardado, es adonde llega sólo ella, y nadie más. Ni el cine, ni la tevé, ni nada. Hay un lugar que sólo está reservado a la música.
Y por eso ella nos hace tan plenos, nos emociona tanto y nos lleva por diferentes lugares a través de emociones que se despiertan al escucharla y sentirla en cada acorde, nota musical, letra y entonación que se nos brinde.
No hay dudas que quien no guste de la música tiene gran parte de su ser dormido, aunque pensándolo bien no puedo entender que exista alguien que carezca de este gusto, tan primordial por otra parte para estimular nuestros sentidos y nuestra vida toda y despertarnos en el real sentido de la palabra.
Si ponemos música para bailar, para reír, para llorar, para limpiar, para correr, para entrenar, para caminar, para pasear, para cocinar, para comer, para escribir, para levantarnos, para acostarnos, para dormir, para manejar, para bañarnos, para veranear, para viajar, para todo, ¡¡cómo no vamos a considerar a esta buena amiga, amante y compañera como algo tremendamente fundamental para nuestra existencia!!
Yo, particularmente, vivo en parte gracias a la música, es decir me alimento y fortalezco a través de ella; y me reconozco un afortunado enamorado de cada sonido que la componga y la acerque hacia mí.
Por eso, gracias por la música, nunca tan justamente expresado como en esta oportunidad. ♪♫
viernes, 19 de julio de 2013
lunes, 15 de julio de 2013
miércoles, 19 de junio de 2013
¡Esa estación de Vivaldi!
Es una de Las Cuatro Estaciones, de Vivaldi (1.678-1.741), una específicamente, la que me llega al corazón, inexplicablemente por sobre las demás; como es todo lo que generalmente fluye del arte en quien lo interpreta y en quien lo aprecia dejándose conmover por él.
El Invierno. Me traspasa el cuerpo, literalmente, y me sumerge cada vez que la escucho en un mar de emoción y estremecimiento muy fuertes que me erizan la piel y me transportan a lugares que no puedo describir con palabras, y que son enteramente sensitivos y emocionales.
Es la fuerza de esas cuerdas que principalmente me abraza y me envuelve, no dejándome libre para experimentar otra vivencia que no sea la de la conmoción más bella y pura que pueda sentirse en el pecho.
Desde el inicio de la pieza musical su cadencia eleva mi espíritu envolviéndolo con vehemencia y haciendo de mí un ser absolutamente libre y despojado, alejado de todo lo que me rodee en el espacio y en el tiempo; abriendo mis sentidos a un placer auditivo, sensorial y vibrante que mi persona logra alcanzar -a este nivel- con esta obra como con ninguna otra del amplio abanico que ofrece la música clásica, de cámara y sinfónica.
No quiero ahondar más en palabras porque de todos modos siempre faltará algo que explique de forma más acabada lo que significa para mi escuchar y percibir El Invierno.
Por eso prefiero seguir disfrutando de esta hermosa creación, y hacerlo en este momento junto a ustedes. Qué la emoción los estreche entre sus brazos, al menos un mínimo de lo que lo hace conmigo cuando suena esta melodía.♪
Por eso prefiero seguir disfrutando de esta hermosa creación, y hacerlo en este momento junto a ustedes. Qué la emoción los estreche entre sus brazos, al menos un mínimo de lo que lo hace conmigo cuando suena esta melodía.♪
lunes, 22 de abril de 2013
lunes, 1 de abril de 2013
¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?
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Repito título de entrada: ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?
La verdad, que si bien hay nociones universales acerca de determinados términos, nunca ninguno ha sido tan particular y específico en su definición (según quien lo defina) como el del amor, incluidas todas sus acepciones.
Entonces, ¿de qué hablamos realmente cuando hacemos referencia a él?
En esa amplitud de definición se puede caer en el descuido de dejarse llevar por experiencias, pasados, y emociones que se asocien con él al intentar darle una significación; y después de todo creo que no es del todo erróneo contemplar este cúmulo de cosas que aparecen ya que ¿qué otra cosa más que éstas, todas juntas, van definiendo esta palabra.
Por eso, el amor, the love, l'amour y como se lo quiera nombrar, es la bendición y a la vez el pesar de todos los seres humanos y animales que llegamos a este mundo para, tarde o temprano, encontrarnos con él.
miércoles, 20 de marzo de 2013
Cayó la noche en Buenos Aires...
...A distenderse, descansar, relajarse
y escuchar un poco de buena música.
y escuchar un poco de buena música.
(Escucharla a un volumen alto, de ser posible, para disfrutar más de la experiencia.)
viernes, 15 de febrero de 2013
viernes, 25 de enero de 2013
sábado, 27 de octubre de 2012
Gracias por todo Néstor. Ya dos años, y te siguen naciendo flores.
VIROLA.
(Tango dedicado a Néstor Kirchner, a su memoria.)
Letra: Luis Longhi
Música: Guillermo Fernández
Realización audiovisual: Gerardo Villacorta
Producción artística: Horacio Bouchoux
Producción general: Centro Cultural Héctor Oesterheld
Asoma un resplandor. Clima de ilusión
(Tango dedicado a Néstor Kirchner, a su memoria.)
Letra: Luis Longhi
Música: Guillermo Fernández
Realización audiovisual: Gerardo Villacorta
Producción artística: Horacio Bouchoux
Producción general: Centro Cultural Héctor Oesterheld
Asoma un resplandor. Clima de ilusión
Cosas que se tiran al pasar
Porque el mañana dice la gente
Mide su empeño con sutil serenidad
Eco atronador. Fruto del amor
Aire, sudestada, vendaval
La forma de las nubes no dibuja la ilusión
Es como la matriz de tu pasión
Virola
Hoy no está sola la plaza
Los pibes juegan, se abrazan
Si hasta Racing se prendió
Virola
Tu sueño nunca se acaba
Volvé tranquilo a tu casa
Que Goliat ya se quebró
Virola
Este tango hoy te llora
De alegría porque vos
Escribiste el argumento
De un nuevo octubre que será mejor
Faro relumbrón. Mueca sin adiós
Chueco mocasín toda ocasión
En cada pueblo verás tu gente
Con otro aliento renovando tu canción
Vamos corazón. Puja en tu dolor
De esto surge un punto cardinal
La gloria está en la rosa que dejaste en tu balcón
En ella está la forma de tu voz
Virola
Hoy no está sola plaza
Los pibes juegan, se abrazan
Si hasta Racing se prendió
Virola
Tu sueño nunca se acaba
Volvé tranquilo a tu casa
Que Goliat ya se quebró
Virola
Este tango hoy te llora
De alegría porque vos
Escribiste el argumento
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lunes, 22 de octubre de 2012
lunes, 10 de septiembre de 2012
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