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domingo, 13 de marzo de 2016

A esperarlas o generarlas.

¡Qué sería de la vida de la gente si no tuviera pequeñas o grandes motivaciones por delante! Las motivaciones, sean del estilo que sean, vienen a despertarnos nuevamente luego del letargo de la carencia, a reactivar esa electricidad que nos hace sentir más vivos que cuando andamos por la vida sin ningún otro propósito que vivir.
Es hermoso encontrarse esperando algo, deseando que llegue una determinada fecha en el calendario, esperando un momento exacto en el año o poniendo quizás todas las expectativas en un acontecimiento preciso porque eso también nos hace estar más enérgicos y curiosos, además de sentirnos con muchas pilas para transcurrir el tiempo presente hasta ese punto concreto anhelado por el motivo o la circunstancia que sea.
No estoy descubriendo la pólvora, lo sé, pero estoy poniendo en valor ─nuevamente─ algo que, quizás en la rutina diaria y en la velocidad del día a día en la que vivimos, perdemos de vista y nos resulta difícil focalizar ante tanto "ruido".
Por eso, breguemos por motivaciones, o como deseemos llamarles, que nos van a hacer sentir más vivos que cuando nuestra vida no las encuentra.
Vivamos atentos para darles la bienvenida y si no aparecen seamos nosotros quienes podamos generarlas para que, una vez instaladas en nuestro horizonte, nos motiven a esperarlas y modificarnos absolutamente para cuando lleguen. De eso también se trata todo esto, nuestra vida.

jueves, 11 de febrero de 2016

Se dialoga también con ellos.


¡Qué sería de mi vida sin el amor de los animales! Mejor dicho: ¡Qué sería de mi vida sin el amor de mi perro!
Hace un tiempo he leído un libro de Takashi Hiraide, "El gato que venía del cielo", y me encontré frente a una reflexión que aludía al vínculo entre personas y felinos, pero que tranquilamente puede ser aplicada para cualquier otro animal con el que el ser humano interactué afectivamente, en donde se dejaba bien clara la idea de que es muy común que quienes no tienen contacto diario con algún animal no puedan comprender las demostraciones de afecto casi ridículas proferidas sin temor alguno a ser observados o juzgados por miradas ajenas de los que sí tienen la suerte de poder compartir momentos de su vida con estos seres; e instantáneamente vinieron a mi mente muchas imágenes y muchas personas que actúan de forma displicente frente a quienes adoptan la postura anteriormente descrita con animales.
Y la burla por parte de quienes no pueden entendernos, y aquí vuelvo a hacer el relato en primera persona, es producto de una ignorancia dividida en dos partes bien visibles: la primera, aquella que no les permite saber o comprender lo que produce en el corazón de los seres humanos el disfrute de poder comunicarnos directamente con nuestros compañeros animales sabiendo que ellos nos entienden y disfrutan al igual que nosotros de ese trato que nos dispensamos mutuamente con miradas, palabras de nuestra parte y todo tipo de demostraciones de la de ellos; y la segunda, que salta a la vista, un dejo de envidia (no sé si buena o mala, eso ya no podemos determinarlo nosotros sino ellos) por darse cuenta quizás de su imposibilidad sensible de poder vivir y permitirse dejarse expresar espontáneamente, como sea que les salga, es decir desestructuradamente, dejando que hable solo el amor, el corazón entre ellos y un animal.
En fin, quienes dialogamos con el lenguaje del amor, del puro y verdadero solo expresado y puesto de manifiesto en el vínculo con un animal, sabemos que es natural que se nos envidie y por ende que se nos burle aún en nuestras propias narices y hocicos ya que no cualquiera puede llevar tan orgullosamente y con el pecho en alto este tipo de amores a lo más estelar de su vida.
Felices de todos los que somos felices y nos dejamos ver felices con quienes nos hacen verdaderamente felices por ser ellos en esencia felices y transmitir solo amor y felicidad a todo momento a todos aquellos que estén dispuestos a ser felices.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Alivianar el camino...

Si desde pequeños a todo el mundo se le enseñara a caminar por esta vida relajado, tratando de aceptar lo que tiene y le toca vivir diariamente, tratando de esforzarse al máximo por cambiar todo aquello que no desea ver en su existencia, sea del tipo que sea, y fundamentalmente asumiendo que todo lo que vive es aquello que uno mismo se permite, y por lo tanto no corresponde a nadie más que a uno mismo felicitar o culpar por lo sucedido, viviríamos más felices e iríamos caminando con menos mochilas sobre nuestros hombros, nuestro espíritu, nuestra alma, nuestro corazón y nuestra vida. ♥

viernes, 24 de octubre de 2014

Acerca del amor y de lo esencial de compartirlo.

Son los perritos que se acercan a mí, cariñosos y con ganas de recibir afecto (casi todos, salvo algunos rehacios a interactuar), aquellos que me ganan el corazón inmediatamente y no me dejan opción al sentir que quiero llevarlos conmigo, para que puedan ser felices y amados y cuidados como yo cuido a mi perro y lo haría con cualquier otro perrito sin importar su origen y su estado.
Entre animales y seres humanos yo no distingo en preferencias estipuladas o exclusivas de unos sobre otros; para nada. Y no lo hago como algo altruista o de parecido talante sino porque yo también aprecio ese afecto puro, absoluto e ininterrumpido que brota de ambos, sí, pero especialmente lo hace de ellos, los animales, y específicamente de los perros como de ningún otro ser vivo.

Por eso, ante mí puede abrirse el más amplio abanico de seres humanos que ante mi elección conciente y espontánea la dirección de mis preferencias irá seguramente en pos de quienes no lo integran, sencillamente por ser animales, por ser perritos.
Y dentro del universo animal, al menos en esta época de mi vida, escojo a los perros, claro; esos ángeles de cuatro patas que buscan expresar tanto amor contenido dentro de esos cuerpitos negros, blancos, marrones, amarillos o con machas y que al igual que quieren compartir su afecto con la raza humana también esperan recibirlo de parte de ésta, desesperadamente.
Una vez leí por ahí algo que movilizó mi fibra más íntima y me dejó pensando. Por tal motivo termino estas líneas con ese hallazgo que espero los haga pensar al igual que lo hizo conmigo acerca del amor y de lo esencial de compartirlo con seres de este nivel de bondad:



          Un ser humano se pregunta: "¿Qué se sentirá ganar la lotería?"

          Y un perro le responde: "Lo mismo que siente un animal de la calle cuando es adoptado."


martes, 25 de junio de 2013

sábado, 1 de junio de 2013

Maraña de opciones.

Tenemos continuamente ante nuestros ojos la más variada oferta, del más variado tipo y estilo, que hace que sin darnos cuenta nos vayamos perdiendo de nosotros mismos enredándonos en esa maraña de opciones externas.
Esta maraña de opciones, como la denomino para hacer referencia a todo lo que la vida de esta época ofrece diariamente llegando al nivel de saturar nuestra capacidad de poder dar respuesta a tantas opciones, solo va socavando la autenticidad de cada uno que en tren de poseer para así de esta manera sentirse dentro de la rueda en la que la modernidad del consumo lo acoge, deja de mirar para otro lado más interesante, o al menos verdadero, como es el de la realidad personal, esa que nos constituye en nuestra auténtica forma de ser.
Y no le damos respiro a nuestros sentidos y a nuestra capacidad de poder dejar de intentar reflejarse en todo aquello que se nos ofrece, y por tal motivo resulta hasta casi un disparate pensar que en algún momento podría primar -en importancia- nuestro interior por sobre todo aquello que juega de señuelo para nuestra motivación y deseos.
Nadie tiene la culpa, de nada. La culpa no existe si damos prioridad al hecho de que nada es en sí mismo real -por sí sólo- sino que viene a manifestarse en nuestra percepción como el complejo encadenamiento de diferentes tipos de secuencias que luego de años y años, e influencias de todo tipo y lugar, han ido decantando en objetos, estímulos y demás componentes de este mega abanico que existe en nuestro afuera; tan alejado a nuestra esencia y a nuestro Ser y que sin embargo tanto nos empeñamos en privilegiar por sobre nosotros mismos.
Nada tiene el sentido que se precie como identificador de algo o de alguien sino el que cada uno le da. Nosotros le proporcionamos importancia y relevancia a todo aquello que también podríamos reconsiderar y desestimar. Pero estamos inmersos en el mundo de la vida basada en la importancia del reflejo que damos, recibimos y del que deseamos ver en nuestra vida basándonos en la de los demás, todo el tiempo.
Es una maraña importante de destellos que sólo encandila y obstruye la verdadera forma de ver y de ser; y estará en cada uno tratar de enfocar bien la mirada para no ir por la vida "sin ver" y "sin ser", para poder experimentar otro tipo de emociones que se alejen de la valoración y del protagonismo de nuestro ego, de todo lo externo que lo alimenta y lo hace sentir importante, y esencialmente de la ausencia de una vida interior y gratificante, relegada ante todo lo externo a ella.

jueves, 30 de mayo de 2013

A vivir la propia vida y dejar vivir, joder!

No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no hay que vivir la vida basándose en la de los demás para ser feliz.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Somos los dueños.

Seguimos caminando
porque de esos se trata.
De caminar.

De seguir
y de detenerse sólo cuando uno,
y solamente uno,
lo crea necesario.

Y ahí sí,
recién ahí,
seguir en la dirección que nos plazca
al retomar el camino.

Somos los dueños de nuestra vida.
No hay que olvidarlo.

Nunca.

lunes, 13 de mayo de 2013

Otros tiempos.

Es un tema recurrente en mucha gente tener presente el tiempo pasado en su presente, valga la redundancia. Yo particularmente creo que desde lo personal es favorable dejar fluir el tiempo y transcurrir el momento que se vive.
Ahora bien. Pensar y evocar mediante recuerdos otros momentos vividos es una característica propia de los seres humanos, y como tal es un motivo más de alegrías y emociones que pueden volver a nosotros, a nuestro gusto y piacere, con el solo hecho de rememorar tales recuerdos en el tiempo que queramos.
Con respecto a tiempos vividos y atravesados por un país, por ejemplo, opino que es perentorio y certero recalar en la contemplación del tiempo pasado; más si se tiene en cuenta que aún en el tiempo presente hay motivos que deben ser revisados, saldados y cerrados (nunca olvidados) con su justo tratamiento, si es que en su debido momento no lo han tenido o logrado.
Los viejos tiempos son eso, horas de otra época o días distantes al que tenemos hoy; y desde lo personal, vuelvo a insistir en este ámbito haciendo foco sólo en él, no está bueno hacer de la historia pasada (personal) un motivo de permanencia en el hoy.
Si se vivió feliz y se lo pasó bien en determinado espacio de otro tiempo está bueno recordarlo y disfrutarlo a través de ese recuerdo pero no el traer continuamente a la memoria esa etapa ya pasada dejando de lado muchas veces el tiempo presente en pos de abrazarse a aquel que ya no está.
Si se sufrió y se lo pasó mal en otro espacio de nuestra historia, no hay dudas que lo mejor será dejar marchar definitivamente ese tiempo albergado en el recuerdo de nuestra vida para poder soltarlo y ser feliz en el ahora, no significando ese mal recuerdo un impedimento para desarrollar nuestra plenitud hoy. Aunque en este momento puedo hacer la salvedad de los recuerdos triste personales que es bueno, a pesar de su tinte triste y negativo, mantener para evitar que los volvamos a cometer, aceptar y experimentar. Y cada quien sabrá que contemplar bajo esta idea expuesta como salvedad del caso.
Es así gente, vivimos el momento éste, único e irrepetible como eterno (uno siempre se encuentra en el ahora y por eso su eternidad) y por tal motivo lo que pasó ya tuvo su momento y lugar; siendo demasiado amplio y lleno de posibilidades nuestro tiempo real como para desviar la mirada hacia otro (tiempo) que no existe.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Luces naturales y luces artificiales.

¿Qué puede hacer una luz externa y artificial ante la inmensidad de un cielo gris, encapotado y sin luz? No mucho, ¿no les parece?; salvo iluminar el tiempo que dure su breve existencia.
Algo así podemos contemplar comparativamente en nuestra vida cuando el panorama se pone gris y todo parece perder su sentido. Por tal motivo, no hay que temer -no es necesario hacerlo- ya que siempre el sol volverá a brillar y será entonces cuando lo haga con más fuerza para iluminarnos y arrojar claridad sobre nuestra vida.
Nada, jamás, podrá terminar apagando la llama que tenemos en nuestro interior y que sólo es menester de cada uno reavivar para poder volver a ser feliz, con su luz.
El cielo (nuestro cielo personal) podrá llenarse de nubes, podrá encapotarse, literalmente; pero si sabemos dónde y cómo buscar para dar vigor a nuestra luz personal, entonces no habrá necesidad de ninguna luz artificial en nuestra vida; es decir de alegrías (luces) pasajeras que sólo estén el tiempo que dure su efecto, dejándonos luego, al apagarse, en iguales condiciones a las que nos encontrábamos antes de experimentarlas.
Porque después de todo ¿qué puede hacer una luz externa, artificial y pasajera ante la inmensidad de nuestro ser si éste oscurece y no hacemos nada nosotros para evitar que ésto suceda? Por lo tanto nuestra luz es la clave a buscar y reavivar siempre, a pesar de todo; y a pesar del tiempo que este trabajo interno nos pueda llevar. Démonos tiempo. Pero sin aflojar.
Intentarlo es el primer paso y puede que resulte difícil; seguramente que sí. Pero la búsqueda interna siempre dará sus frutos y la luz aparecerá. Hay que desearlo, y con eso alcanza.
Por esto quise ilustrar la idea con la fotografía que muestra la insignificancia de una iluminación artificial bajo un cielo cubierto que anuncia un feo tiempo por delante; luz ficticia que nada puede hacer ante ese estado natural, salvo iluminar -obviamente- durante el lapso que dure su breve existencia hasta que se apague y deba ser reemplazada por otra, siempre pasajera, más nunca eterna.
Entonces, que la luz que tenemos ahí, en nuestro interior, la que es eterna, no se pague y seamos capaces de avivarla, es nuestra tarea. Nosotros somos la luz. Tengámoslo y tengámonos presente. Siempre.