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lunes, 21 de noviembre de 2016

Uno es lo que elige.

Todo eso que por esas cosas que tiene el destino nos toca elegir en nuestra vida (porque sepan que en la vida, salvo aquello que nos cae ─como se decía cuando yo era chico─ "como peludo de regalo", todo se elige) es lo que en definitiva habla de nosotros mismos.
Yo, por ejemplo, siempre opté por ubicarme en el lugar menos problemático posible que se pudiera dar ante una afrenta en la cual me viera involucrado. También, y consecuentemente con lo anterior, siempre evité generar todo tipo de disturbios, ya sean éstos de índole grupal, familiar o personal. Ese lugar, el de la discordia y la revuelta que podría caracterizarse como la erupción de un volcán, siempre supe que no era lo que mi alma y mi espíritu necesitaban.
Desde pequeño también opté, sin darme cuenta en un principio, por el amor hacia los animales. Siempre me gustó estar en contacto con ellos y tratar de acercarme lo máximo posible para interactuar de una manera diferente a la que yo podía ver que llevaban adelante otros chicos y otros adultos. Quizás tenga que ver con que en determinado momento de mi infancia, con tan sólo cuatro años y apunto de cumplir los cinco añitos, por motivos personales ─familiares─ me vi obligado a irme a vivir al campo con mis abuelos en donde definitivamente se marcaron para siempre mi carácter, mi afinidad y mi gusto por lo natural antes que por lo urbano y, podría asegurar sin temor a equivocarme, mi personalidad y mi forma de ser.
Tal es así que si bien en la actualidad vivo en una gran ciudad y no tengo ningún interés por el momento de alejarme de ella para optar por una vida en las afueras o directamente en alguna zona rural yo sé que esa esencia más "bucólica" (para llamarla de alguna manera) que anida en mí se traslada a gran parte de las decisiones que tomo de adulto y que marcan mi vida contundentemente.
Por esto hablaba de que las decisiones que uno toma y las cosas que uno elige en su vida lo marcan; y agrego ahora también que están directamente relacionadas con el bagaje interno y extremadamente personal que uno trae consigo de todo lo que ha caminado hasta el momento en el camino de su vida.
Tal es así que nunca opté por cosas por las que se inclinaba la mayoría de la gente que conocía. Y no para diferenciarme, o por mera rebeldía a hacer lo más común. Fue, sin dudas, porque no me encontraba absolutamente convencido ni atraído para inclinarme por tales elecciones, y porque las que me llamaban la atención y me atraían con todo su imán hacia ellas eran otras que por ahí el resto desestimaba por diferentes o extrañas.
Y sí, cada uno es como es. En determinado momento ─infancia─ no se elige la forma de llevar adelante la propia vida pero luego, de adultos, reconfirmamos que así debíamos ser, porque sino sólo bastaría con ponerse en mente cambiar de camino para así poder hallarse en otra forma de ser que bien podría encontrarse buscando entre una u otras hasta dar con la adecuada.
Dentro de lo que yo podía diagramar y digitar siempre me sentí a gusto con quién era, donde me veía ubicado con respecto a todo mi entorno y contexto, y con las cosas que veía que había obtenido sólo para mí ─internamente─ de acuerdo a las elecciones que había llevado acabo, en lo que al historial de mis recuerdos se refiere.
Mi vida ha sido un conjunto de decisiones tomadas no quizás "a troche y moche", como también se decía cuando yo era chico, sino en el momento justo (justo para mí, por supuesto) y sólo porque yo deseaba y necesitaba tomarlas; y nunca ─jamás de los jamases─ porque otros desearan que así fuese.
Por eso toda esta introducción previa para volver a expresar una de mis decisiones más importantes llevadas adelante hace más de tres años, que me ha acompañado y que se ha visto flaqueada varias veces pero que hoy, con más de cuatro décadas de vida encima, me tiene más fuerte y firme que nunca en su convicción y compromiso de llevarla adelante como una bandera inclaudicable de bajar y de esconder; haciéndome un ser más aceptable para mi propia aceptación con respecto a los demás pero en primer lugar a mí mismo, y convirtiéndome esencialmente en una persona más feliz y menos responsable del gran daño que se le hace al universo y, en especial a ellos, a los animales.
Yo elijo la vida vegana, entonces, porque no quiero lastimar a nadie y porque deseo poder mirar a los ojos a todos los seres vivos que cuentan con un sistema nervioso central ─que les produce sufrimientos pero también emociones y alegrías─ y seguir mi camino por esta vida despreocupado desde el lugar de que cada paso que yo dé no significará una ofensa, un maltrato o una discriminación para nadie, absolutamente para nadie.


miércoles, 22 de julio de 2015

“-Y bueno, cada uno hace lo que quiere, total…”

Pienso que mucha gente a veces va confundida por la vida con respecto a la forma de ver o pensar sobre algunas posturas asumidas por otros frente a determinadas cosas. Por ejemplo: uno puede pensar que es un estilo de vida adoptar un modo de vestir o de llevar cortado el cabello o, si se quiere, de profesar cierta creencia o ideología. Ahora bien, cuando se habla de tomar una decisión para la propia vida que también, y en forma principal y absoluta, apunta a mejorar y salvar otras vidas, como es el caso de asumirse vegano (o en una primera instancia vegetariano) para evitar la explotación, el maltrato y la muerte de los animales, no se puede asumir la misma manera de verla y pensarla como una (otra) postura (más) ante la vida porque sería reducir demasiado una actitud que excede la mera opción de hacer algo para uno mismo poniéndola al mismo nivel de otras que podríamos llamar “snobs” en donde sí se hace algo, repito, por uno mismo. Dicho de otra forma; sería como no querer o no poder ver y/o entender la totalidad de tal elección (no ver el bosque y quedarse sólo con un árbol) que viene a significar una modificación que se hace en realidad por los demás, en este caso por los animales, y no por uno mismo; aunque de todos modos la mejoría también le toque a quien asuma este cambio alimenticio y de otras elecciones ya que se mejora su forma valorar y modo de alimentación y, de ahí en más, seguramente su vida, toda. Pero volviendo al punto principal, creo que una elección de esta naturaleza no puede ser tomada a la ligera como una postura de vida, como diciendo: “-Y bueno, cada uno hace lo que quiere, total…”, como otra cosa más de las que tantas veces hemos comenzado a hacer (una clase de spinning, por citar algo) para luego dejar de hacer al tiempo; porque se estaría reduciendo a un gusto o a una selección “a la moda” en todo caso (quizás pasajera, porqué no) y no a lo que realmente es: ayudar desde cada uno con el pequeño aporte personal a evitar el sufrimiento, la explotación y el maltrato sobre otros seres vivos resignando gustos y placeres gastronómicos y de otros estilos que pasan a ser reemplazados por otros que no conllevan ningún tipo de perjuicio para su obtención sobre ninguna otra vida; gustos y placeres gastronómicos que quizás no tendrían porqué dejarnos de gustar pero que, repito, ya no nos interesa consumir en pos de colaborar con el hecho de participar en la acción de evitarles sufrimientos a ellos, lo recalco otra vez, los animales. Y tan cierto es esto último, que además define en gran medida lo que hacemos los veganos (y vegetarianos que van camino al veganismo), que resumo la idea dándole cierre diciendo que los animales que dejamos de comer, de usar como vestido, calzado, accesorios de nuestra vida, entretenimiento, etc., no tienen porqué pasar a desagradarnos automáticamente en esas formas en las que antes éramos sus “usuarios”; y en eso consiste lo grande de tal elección: que siendo un placer que antes disfrutábamos ahora elegimos resignarlo en pos del amor por la vida y porque no queremos seguir siendo partícipes de ese engranaje sociocultural tan añejo, provecto y vetusto que ocasiona egoístamente sufrimiento innecesario sobre vidas inocentes que son maltratadas y, en última instancia, asesinadas para el deleite humano.

jueves, 29 de mayo de 2014

El veganismo y la lucha contra el especismo son motores para mi vida.

Antes de volcarme de lleno a vivir una vida vegana y antiespecista, desde todos sus ángulos y desde donde se la mire, ya en pequeñas acciones y elecciones demostraba una intención de no sumarme a la masa que cultural y folclóricamente adopta posturas que nuestros progenitores y nuestros antepasados han ido llevando adelante desde tiempos inmemoriales.
Por tal es que yo, por ejemplo, siempre tuve un poco menos que repulsión al huevo de gallina, de codorniz y de cualquier ave "ponedora" no pudiendo comer jamás en la vida fideos amasados al huevo (me producía literalmente ganas de vomitar darme cuenta que la pasta era de ese estilo) y consumiendo siempre y hasta el día de hoy fideos de pasta seca de sémola o integrales, pero nunca al huevo.
Tampoco me era atractivo vestirme con ropa de cuero, ni siquiera en mi adolescencia cuando era un "boom" total hacerlo y era la "onda" absoluta tener alguna campera, bolso, o accesorio de este material de un ser vivo (ya muerto en ese caso).
Muy esporádicamente miraba películas en donde los animales recibieran algún maltrato (a pesar de saber que en la mayoría de los casos lo que se ve en las escenas es ficticio con respecto a lo que se hace con ellos en la realidad del set de filmación) y era de mi agrado, cuando jugaba, jugar a que era un animal. Por ejemplo: jugando en el patio de mi casa con un amigo del barrio, creo que con mi hermana, y no sé bien si con algún otro chico más también, recreábamos la serie Daktari y yo siempre era Clarens, el león bizco de la tira.
Algo que sí amaba, muy contrariamente a todos los signos antiespecistas que daba de pequeño, era ir al zoo. En verdad lo amaba, pero me quedaba horas frente a las diferentes jaulas de los animales allí encerrados tratando de que me vieran, de que me miraran a los ojos; y la verdad que cuando lo lograba, especialmente con el viejito orangután del Zoo Porteño, me costaba horrores irme, continuar el recorrido, porque, amén de que me gustara estar haciendo ese paseo, en ese preciso instante del intercambio de miradas me sentía triste y con enormes ganas de abrazarlo ya que nuestro contacto visual, cuando se daba, se prolongaba mucho tiempo a través del grueso vidrio que separa a estos seres cautivos de la gente que va a observarlos.
Por lo tanto siempre tuve una marcada afinidad a amar y a sufrir, desde el lugar que yo ocupaba, la tristeza que los animales pudieran sentir, ya que tomo esto último del orangután anciano como un mimetismo que yo buscaba alcanzar al querer cruzar miradas con él; una mirada, la suya, tan triste (quizás en ese momento no lo notaba en su total magnitud) como la que solo ofrecen los seres presos, sufrientes y egoístamente privados de su libertad y plenitud por el ser humano egoísta.
Y si de pequeños nos van fomentando la aceptación y "normalización" de todas estas costumbres no es menor que yo me haya "salido" de ese molde especista, y estos indicios que comento junto a otros muchos que no agrego para no hacer tediosa la lista y la lectura son motivo personal de mi orgullo y de mi felicidad por abrazar esta filosofía de vida que no hace otra cosa que hacerme un hombre de bien y liberarme de esas cadenas que me ponían (sin saber) los mayores, en concordancia a la costumbre de aceptar y transmitir esas mismas cadenas que ellos también traían generacionalmente puestas, y haciendo mi liberación "el motivo" más contundente de este deseo e intento propio de que todos los seres vivos que sufrimos (pero que también gozamos) podamos liberarnos y ser felices. Libres y Felices.
Por eso
EL VEGANISMO Y LA LUCHA CONTRA EL ESPECISMO SON MOTORES PARA MI VIDA.

lunes, 17 de febrero de 2014

La Industria Lechera.

Reflexionando un poco acerca de la necedad humana y del snobismo y el egoísmo en el que caen presas muchas personas me apeno un poco más que de costumbre, que cuando voy por la vida sabiendo de esta sinrazón pero dejándola de lado, momentáneamente, en el trajín del común de los días.
El punto es que al volver sobre esta noción recrudece en mí esa herida que no hay manera de sanar completamente y que, a pesar de ir colaborando con una gotita de agua en ese mar de ayudar en la causa de proteger desde todos los flancos a los animales, está y crece cada día al tomar conocimiento de nuevas (nuevas para mi) injusticias que se comenten en diferentes lugares y que son avaladas por los seres humanos.
La industria de la leche es de las que más me estremece el corazón por un lado e incentiva mi fuerza para hacer cosas por los animales por el otro. Me estremece, sí, más no frena ni amedrenta mi determinación ya que, ante cada maltrato y atropello contra la vida inocente y buena de cada ser que es torturado hasta que no puede más y entonces -bajo condiciones paupérrimas- es trasladado a su espantoso final, reasumo el compromiso de no abandonar nunca la causa de amor, compasión y respeto que les devuelva la dignidad que la misma humanidad (gran parte de ella) les quita cada día desde hace más de 2.000 años.
Y hago hincapié en la industria lechera porque muchas veces es la que se piensa como la menos perjudicial de todas las que lucran con la vida, el esfuerzo y el sometimiento de los animales; pero que es sin dudas de las más (sino la más) crueles de todas estas empresas llevadas adelante para satisfacer necesidades creadas para el lucro, que podrían quitarse de las costumbres humanas sin significar absolutamente ningún desmedro en la calidad de vida de las personas.
La leche y sus derivados significan dolor, miedo, desgarro ante la separación de madres e hijos, tortura, sufrimiento y finalmente asesinato, matizado bajo la denominación de muerte de cientos de miles de "cabezas de ganado"; así denominadas partiendo de la despreocupación que muestra el hombre por "eso" que le sirve como materia prima para obtener lo que quiere, y desmereciendo, discriminando y haciendo referencia de esta forma y con esta triste denominación a una despersonalización (sé que no son personas las vacas pero sirve para la idea que expreso en este momento de mi relato) que fundamenta el posterior maltrato y humillación llevado a cabo en estos campos de concentración de trabajo forzoso y esclavo sobre las vacas.
Nuestro cuerpo no necesita más de la leche una vez que abandona la etapa de la lactancia materna, y hablamos de que no necesitamos de la leche materna, es decir de la de nuestra madre, ese ser vivo de nuestra misma especie. Entonces si no necesitamos más de la leche de nuestra progenitora, una vez que crecemos y nuestro cuerpo y organismo evolucionan, ¿por qué habríamos de continuar tomándola ¡¡Y DE OTRA ESPECIE DE SER VIVO COMO ES LA VACA!! por el resto de nuestra vida?
Se ha comprobado que el tomar leche regularmente no es positivo para el organismo y que todo lo que la publicidad engañosa, que tiende a fomentar la compra y el consumo de este tipo de productos, nos dice no es tal. Es decir, que afirmar que son beneficiosos para la flora intestinal, los huesos, y todos los enunciados enumerados de los que se hace gala que proveen los lácteos con su consumo no es otra cosa que estrategias de venta y nada más. Por otra parte teniendo en cuenta que cada vez más productos químicos y agregados (que se alejan de lo natural y lo puro) inundan estos productos que aparecen sin parar, uno tras otro superándose, supuestamente, en calidad y beneficios ¿nunca se preguntaron como es que la leche que hace 30 años se consumía en sachet y que no tenía otra alteración más que ser "entera o descremada" o los yogures que sólo se podían encontrar "de frutilla o de vainilla" no podrían nunca haber cambiado y trocado su forma y composición para pasar a tener actualmente más de 10 o 15 presentaciones diferentes en sus fórmulas y beneficios sin dejar de perder su carácter de naturales? Link para ver más sobre este tema de la leche y la salud humana.
No nos engañemos y que no nos tomen el pelo, por favor, no es necesario ser un erudito para darse cuenta de que esas leches y esos yogures nada bueno pueden significar para el cuerpo humano después de tantas mutaciones y transformaciones llevadas a cabo sobre su composición.
Por todo esto me entristece saber que esa industria que genera tantos productos, porque tiene un amplio mercado que los está esperando, los consume y los celebra en cada nueva aparición, hace que se vuelva sumamente difícil y complicado luchar contra esos molinos de viento que representan las costumbres arraigadas en las sociedades del mundo, costumbres que por tal arraigo requieren de mucho tiempo para ser despejadas, concienciadas y, eventualmente, modificadas.
Pero ya se sabe que todo lleva su tiempo y, por eso, con que sea un cambio o una toma de conciencia que se den y se lleven a cabo cada tanto ya habrá valido la pena tanto insistir, estar difundiendo y seguir abocados a la tarea de hacerles el mundo más justo a todos, seres humanos y animales, ambos con un sistema nervioso central que nos hace capaces de sentir tristeza, alegría, emoción, dolor, sufrimiento y pánico ante una situación que indique que seremos maltratados y reducidos, contra nuestra voluntad, a la miseria del sufrimiento; algo para lo cual no se requieren de mayores capacidades que las recién nombradas para darse cuenta y comprender que todo lo que venga después será horrible.
Tengamos presente entonces que es la industria láctea de las peores y de las más despiadadas en su proceder con los animales y contemplemos esta verdad al momento de elegir y optar por un tipo y estilo de producto.
Un momento de gusto o sabor personal no justifican tanto dolor y sufrimiento en vidas puras e inocentes. Piénsenlo.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Hoy y Siempre.

En este DíA MUNDIAL DEL VEGANISMO quiero contar un poco acerca de mi intención de sumar gente a esta forma de vida que es una verdadera causa por la justicia, el respeto y el amor, justamente hacia la vida en cualquiera de sus formas y presentaciones, cuando se trata de seres que podemos sentir y experimentar todo tipo de sensaciones, lindas y feas, en nuestro cuerpo y en nuestra corazón, porque no. 
Ser vegano no es otra cosa que abrazar la compasión, bien entendida, que estima y reconoce que todos los seres vivos "sintientes" tenemos derechos que deben ser valorados y respetados y no aquella que se asume como una dádiva o lástima que se canaliza por este modo de vida (vegano), ya que nada más lejos en nosotros, y hablo por mi, el hecho de sentir pena por los animales. Nunca sentiré pena por ellos, como quien siente algo que no es otra cosa que superioridad por sobre aquello que contempla y lo conmueve. 
Nosotros, los veganos, sentimos amor por los animales, y respeto. De ahí que viene nuestra necesidad de no optar por lo fácil y establecido culturalmente de facilitarnos algunos aspectos de la vida como el de la vestimenta, la alimentación, la diversión y entretenimiento, y tantos otros, a costas de la exposición, maltrato, y muerte de los animales. 
Por eso también promovemos, desde lugar que sea y a través del puente o canal que está a nuestro alcance, la idea de que sumarse a esta modalidad de vida es en primer lugar satisfactoria y positiva para cada persona que lo haga por el simple motivo de que la salud será la primera beneficiada; la salud física y la espiritual, por supuesto. Y de más está decir que es un respaldo y un escudo para ellos, los animales, porque entregándonos a la realización de una vida vegana estamos cooperando con su conservación y la mejora de su calidad de vida; permitiéndoles básicamente, nada menos que vivir. 
Por eso amigos, no demos la espalda a todo lo que venga a sumar en nuestra vida y en la de los demás. Seamos solidarios y amorosos con todos. No distingamos entre unos y otros, olvidando que el sufrimiento y el dolor pueden aparecer en cualquiera de nosotros. 
Démosle una oportunidad a la vida y al altruismo, en su más acabada y bella forma, abrazando la vida vegana para redimir a gran parte del mundo del dolor, la miseria, la injusticia y la maldad.

martes, 8 de octubre de 2013

No acepto.

Si quienes critican mi elección vegana me piden, a la vez, respeto por su punto de vista (haciendo clara mención a que yo también debo aceptar al otro como espero que lo hagan conmigo), pues bien; diré que NO.
NO, porque yo no voy a aceptar ni a entender la postura de quienes para poder alimentarse y vivir, en varios aspectos de su vida, recurren al dolor infligido sobre otros seres vivos que también temen, sufren y padecen dolores corporales y emocionales igual que nosotros, los seres humanos.
NO, porque jamás podrá equipararse un pedido de respeto o aceptación entre tan opuestos y significativos estilos de afrontar y llevar adelante la vida.
NO, porque no puedo, aunque quisiera NO puedo. Otra cosa es no combatir esa postura desde la interpelación necia o agresiva, ya que cada uno elige libremente lo mejor que le va a su vida y a la de quienes lo rodean (los animales también nos rodean) pero hasta ahí llego.
NO combato, más tampoco acepto ni entiendo.

miércoles, 17 de julio de 2013

¡¡¡¡¡Cuánto nos necesitan!!!!!

Ellos nos necesitan desde todo lugar y actitud. Ayudándolos a ser libres, a que se les ame realmente sin distinción entre una u otra especie, a que su vida se valorice al mismo nivel que la humana, y a que sean respetados en toda la extensión de sus vidas.
Nosotros, con nuestras acciones, pequeñas o grandes según la posibilidad de cada uno, podemos y debemos formar parte del hermoso colectivo humano que trata de que todo esto sea un hecho y no sólo una intención vana que se queda en eso, en la intención.
Por eso, con respecto a circos con animales, es fácil, no asistan a sus funciones y vean la forma de ayudar a terminar con esta triste costumbre antinatural de agredir, maltratar y lastimar a un ser inocente y bueno, para entretener a otro egoísta y despiadado que es quien asiste a este triste espectáculo.
Es simple. NO VAYAS AL CIRCO CON ANIMALES. De alguna forma, ellos te lo estarán agradeciendo. No lo dudes.



martes, 25 de junio de 2013

domingo, 16 de junio de 2013

El ser humano se la ha robado.

No podemos ver belleza en una imagen de este tipo, ya sea que la contemplemos en vivo o a través de una fotografía como en este caso.
No podemos descubrir ni un ápice de esa majestuosidad que otrora hubiese caracterizado a un ejemplar como éste de haberse encontrado en su hábitat.
No podemos ver su alegría, expresada en un par de frondosas y enormes alas desplegadas por los cielos de altas cumbres y tiñendo el paisaje de magia y belleza.
No podemos sentir el latir de su cuerpo, su verdadero latir por el hecho de estar vivo o viva, ese que irradiaría de sólo verlo o verla posado/a sobre un alto brazo de algún milenario -por lo grande y alto- árbol que cobijara su descanso.
No podemos. Nada de esto podemos ver ni hacer con respecto a este águila cautivo.
¿Por qué? Justamente por su condición de cautiverio y porque su vida se ha cercenado reduciéndose sus días al encierro perpetuo y a la tristeza y el oprobio definitivos, dentro de la cárcel que representa su exhibición en una jaula de algún jardín zoológico, y porque ha perdido lo más preciado que podemos tener todos los seres vivos: la libertad. Y hay un solo responsable en todo esto: el ser humano. Él ha sido quien se la ha robado.

miércoles, 12 de junio de 2013

Con el tiempo y sin darme cuenta.

He aprendido a través del paso de los años, y en este último tiempo en el que me he involucrado en forma más directa con el tema de los animales, con ellos mismos y con todo lo que se relaciona desde distintos lugares con ellos, a apreciar la belleza en todos los que vea y se crucen en mi camino.
Antes por ejemplo, yo podía distinguir y discernir entre un perro lindo y un perro feo, literalmente y teniendo en cuenta la belleza que puede estar asociada a un animal que resulte agradabilísimo de ver ya sea por sus rasgos y características generales.
Pues bien, ahora, y lo aseguro con la mayor sinceridad de la que soy posible, veo en cada perrito que cruzo por la calle, en el parque, o donde sea, a un animal hermoso, con una mirada que me dice que tipo de ser es y que lo hace bello y único en el mundo, y por lo tanto digno de todo mi cariño, mi amor y mi admiración.
Detrás de perros que otrora hubiese contemplado bajo una mirada desapercibida o directamente inexistente en el real sentido de lo que significa mirar a alguien, hoy aparecen esos seres que me conmueven por su expresión y fundamentalmente por su propia mirada, encontrándolos tiernos, adorables y especiales a cada uno.
El convivir a diario con mi perro, hace ya unos afortunados 5 años y meses, me ha sensibilizado y preparado para reeducarme en este aspecto que comento y para dejarme llevar, repito, por un par de ojos que, sean del animal que sean, siempre ofrecerán detrás de su mirada todo un mundo y una vida por descubrir.
Adaptar un estilo de vida bajo el signo del veganismo también ha cobrado fundamental importancia en el hecho de valorar más a los animales y no dejar de preocuparme por su vida y por su integridad física, espiritual y moral, traduciéndose este involucramiento personal a niveles muy comprometidos de lo que mi vida genere para que ellos puedan vivir mejor y básicamente VIVIR, en la valoración y apreciación también de cualquier animal doméstico que puedo hallar a la vuelta de una esquina y no sólo de los que se piensa al hablar de Veganismo, como suelen ser aquellos que la mayoría de las personas utilizan como alimentos y accesorios, ya sean vacas, ovejas, cerdos, gallinas, etc.
Por último algo estrictamente vinculado al Veganismo que practico y profeso -con el fin de concientizar en lo que pueda a los demás acerca de las bondades de optar por esta forma de vida- es la lucha contra el especismo que me ha transformado y pulido en la cuestión de respetar a todo nivel la vida que puede sufrir y pasarlo mal frente a los vejámenes que se comentan sobre y contra ella como sucede a diario con millones de animales utilizados para experimentos y testeos de productos de todo tipo que luego serán utilizados por los humanos, sometiéndolos en todos los casos de pruebas -sin excepción- a las más terribles, vergonzantes, crueles y nefastas torturas.
He avanzado y he crecido enormemente en todo este aspecto de ver, valorar, y hasta conmoverme ante un ser que -como decía- quizás en otra etapa de mi vida nada me producía el hecho de tenerlo frente a mi.
He crecido, sí; y vaya si lo he hecho. Y saberlo me hace feliz.

viernes, 7 de junio de 2013

Seguir es el motivo y no dejar de apoyar con cada acción personal es el desafío.

Cada vez que, producto de links que voy abriendo o por publicaciones de amigos en Facebook y Twitter, aparece en la pantalla de mi computadora algún video que refleja la realidad del maltrato animal en cualquiera de sus formas a través de la industria humana renace en mí la indignación con respecto a toda esa gente que va por la vida no sólo desestimando sino también atacando a quienes intentamos defender de alguna manera los derechos de los animales presas de ella y de la tortura y muerte en pos de satisfacer al hombre por puro antojo de éste en todo tipo de manufactura que los involucre como principal y absoluta materia prima.
Es tan hondo el dolor que me produce ver algo de este tipo que sólo viene a reflejar una confirmación de lo que verdaderamente sucede cada día, que no puedo continuar viendo tremendas imágenes.
Las he visto, sí, porque era necesario entrar en conocimiento de todo aquello para abrazar verdaderamente y con total entrega la causa de no seguir siendo yo un motivo de perjuicio en la vida de estos animales que tanto sufren diariamente y padecen por causa de los seres humanos; pero ahora, en esta etapa al menos, no puedo seguir afrontando esas imágenes desgarradoras desde todo punto de vista y sólo me quedo con el hecho de seguir involucrado en la protección y contribución -desde mi lugar- a evitar que esto siga sucediendo y fomentándose a que suceda.
Son necesario este tipo de imágenes para poder darse cuenta que no es snobismo o exageración todo lo que proclamamos quienes pretendemos (no por nosotros, claro, sino por ellos, los maltratados animales no humanos) que se tome conciencia de todo este atropello sobre la vida para que poco a poco vaya disminuyendo el uso y utilización de todo lo relacionado a los animales para llegar así alguna vez a declinar la demanda y por tal motivo a menguar la oferta y la producción y realización de todo este tipo de industria; ya sea la cárnica, la textil con derivados de animales, la del cuero, y toda aquella que requiera del dolor de otros seres sintientes para poder llevarse a cabo.
Que no resista el hecho de verlos sufrir a través de una filmación no quiere decir que lo ignore, al contrario. Ver lo poco que puedo por estos días me reanuda, refuerza y compromete aún más en esta tarea difícil, contra molinos de viento, y absolutamente desprestigiada en muchos casos, de estar ahí, donde sea, por ellos, siendo su voz y su escudo ante la despreocupación e ignominia del ser humano frente al dolor y el sufrimiento de todo aquello que no sea de su círculo inmediatamente cercano; y no hablemos sólo de diferentes especies ya que sabemos que dentro de la misma naturaleza (humana) poco le importa el de al lado al ser humano mientras él y sus próximos estén bien; así que teniendo en cuenta esta idea, que podemos esperar para con respecto a la protección de seres de otra especie, en este caso.
Seguir es el motivo y no dejar de apoyar con cada acción personal es el desafío para poder estar ahí, en intenciones y acciones concretas y reales, abrazando la noble, necesaria y urgente causa de lograr una igualdad para todos los seres vivos con sistema nervioso central, capaces de sentir, sufrir, amar, extrañar, temer, alegrarse, emocionarse y todo eso que ya sabemos que nos pasa según el momento y el evento que estemos atravesando.
Por eso: ¿Sabiendo todo esto podemos seguir lastimando y desatendiendo a seres que como vos y como yo no merecen la muerte para placer ajeno?

domingo, 26 de mayo de 2013

Será a través de mis redes sociales en forma constante. Lo merecen.

Voy a seguir instando a la gente a través de mis redes sociales a dejar de maltratar a los animales, ya que éstos, además de los perros, los gatos, los hamsters y todo ese tipo de animalitos adaptados a la vida en un hogar humano, también son los cerdos, las vacas, los pollos, los peces y todos los que no pertenecen a nuestra raza, la humana; que siendo también animales en esencia nos hemos separado y distanciado de ellos, los auténticos, adquiriendo vicios, nefastos hábitos, feas costumbres, y denigrando -en definitiva- nuestra especie y la de ellos.

martes, 9 de abril de 2013

Para no ver más imágenes tristes y agobiantes como éstas.

¿Cuál será el mal ímpetu o motivo egoísta que mueve a una persona o asociación, y posteriormente a los individuos de una sociedad, a aceptar quitarle la libertad a un individuo que siente y desea ser libre como todos los seres vivos del planeta?
Es injusto y desesperante para la media de los seres vivos ser privados de la libertad cuando nada malo se ha cometido y cuando el derecho a ser libres es algo inalienable de cada individuo.
¿Por qué entonces no contemplamos esta idea para otros seres, diferentes a nosotros los humanos, y los encerramos en jaulas, peceras, cajas de cristal, y demás recintos que lo único que hacen es alejarlos de su sitio natural, ese que les debería tocar para vivir y desarrollarse plenamente junto a otros seres de su especie y del resto de las especies vivas que merecen los mismos derechos que los seres humanos, por ejemplo?
Es injusto, repito, que nada se haga con respecto a la quita de derechos de algunas especies, la animal básicamente, y que todo lo malo y atroz como los jardines zoológicos, los acuarios marinos, y los circos con animales, entre otros lugares, se vean como algo normal, natural, pintoresco y aceptable.
Es trágico que la visión de la gente en el mundo entero tome este tipo de cosas como absolutamente normales, no hay derecho. Y ni hablar de los encierros previos a las torturas seguidas de muerte que se comenten sobre millones y millones de animales diariamente en los mataderos para transformar esos cuerpos asesinados en comida humana.
¿Es qué no se ponen a pensar quienes consumen un trozo jugoso de carne, jugoso por la sangre que brota de él, que esa fracción de cuerpo que se va a ingerir fue una vida que seguramente al momento de comerlo, de no haber sido por la aberrante costumbre arraigada desde miles de años en la humanidad, podría estar viviendo y corriendo feliz por algún escenario de la naturaleza, disfrutando de la vida, de su vida?
No, yo creo que no, que definitivamente no se ponen a pensar en todo este tipo de cosas que derivan del simple pero no por esto menos horroroso hecho de llevarse un pedazo de carne a la boca.
Quizás porque saben que nunca podrá pasar a la inversa, es decir que sean los animales quienes alguna vez puedan pretender comernos a nosotros -con estructuras organizadas como mataderos humanos, mediante- que ni se ponen a pensar en lo que significa ocupar su lugar (el de los animales) con respecto a nuestra desfavorable mirada sobre ellos.
Por eso, la libertad y el derecho a vivir en total armonía con el planeta y el resto de las especies es algo que la raza humana debería aprender basándose en la vida de los animales que nunca vulneran la de sus congéneres o similares, a no ser por las cadenas que en forma natural y sabia se operan dentro de la naturaleza y entre todos sus habitantes; pero naturalmente, y sólo así.
Es cierto que con el tiempo va creciendo el número de personas que se comprometen y apuntan a privilegiar los derechos de los animales, producto de interesarse y tomar conocimiento primero, y conciencia después, de que ellos nos necesitan y somos nosotros los únicos que podemos comenzar a revertir su suerte, esa suerte que fue echada por nuestra especie y que por lo tanto es a los integrantes de la misma a quienes nos corresponde volver a situarlos en un lugar de estima, amor, respeto e igualdad.
Ojalá que cada vez crezca en número y calidad el tamaño de personas adeptas a salvarlos -de una u otra forma- y que pueda frenarse tanto sufrimiento y dolor inaceptable, irracional e inmerecido; para definitivamente y de una buena vez por todas no ver más imágenes tristes y agobiantes como éstas.


domingo, 7 de abril de 2013

Veganismo. Camino de amor, compasión y total respeto por la vida.

Es el veganismo el camino del amor, la compasión y el máximo respeto por la vida, toda.
Tenemos presente quienes adoptamos esta forma de vida que somos los seres más afortunados al poder vivir libremente sin tener a nadie por sobre nuestra cabeza que digite nuestra vida y decida cuando arrebatárnosla o dejarnos seguir en ella bajo condiciones miserables e indignas. Lo sabemos.
Por esto nos involucramos directamente en ese sufrimiento que nuestros congéneres le proporcionan a nuestros hermanos animales y tratamos de evitar que esto siga sucediendo, comenzando por nuestro humilde aporte de cambiar el mundo a partir de nuestra opción y de nuestro ejemplo.
Por eso, si alguna vez se encuentran con algunas personas que quieran informarlos, comentarles o explicarles lo que realmente sucede a partir de las decisiones que los seres humanos llevamos adelante cuando decidimos comer animales, vestirnos con sus pieles o visitar diferentes tipos de espectáculos que los tienen como parte de la oferta de atracción, deténganse, escúchenlos y traten, al menos una vez, de ponerse en el lugar de estos pobres seres que han sufrido el infortunio de ser equivocadamente dominados por quienes en su desidia de creerse superiores les hacen daño y sólo llevan tormento a lo poco (o mucho) de lo que vivan en sus acotadas y esclavistas vidas, hasta que les llegue la muerte que cierra el más espantoso ciclo que pudieron atravesar; cuando en realidad tendría que haber sido todo lo contrario y deberían haber disfrutado de los escenarios naturales en los cuales deben estar y de los cuales nunca deben ser sacados, permitiéndoles de esta manera desarrollarse y vivir plenamente, junto a sus familias (como lo hacemos nosotros, los seres humanos) en total libertad, felicidad y tranquilidad.
El mundo va evolucionando y gracias a ésto, cambiando; aunque de manera lenta y muy tardía en muchas ocasiones, pero cambia. Por eso hay que quedarse con esta idea esperanzadora y hermosa de que alguna vez, finalmente, todos los hombres y mujeres que habitan el planeta tierra comprenderán que la violencia y la injusticia no llevan a ningún camino más que al de volverse tristemente inmutables frente al sufrimiento ajeno (de especies ajenas a la nuestra), algo aberrante e inaceptable que debe ser frenado urgentemente para poder sentirnos todos, sin excluir a ninguna especie de seres vivos con sistema nervioso, seres afortunados de llegar a este mundo.

jueves, 4 de abril de 2013

Al 100%. Se es en todo o no sirve.

Por generosidad de mi pareja que quiso regalarme un par de zapatillas que me gustaban, sólo porque de verlas expresaba (yo) que eran muy lindas, me vi en la disyuntiva de tener que hacer lo que mi corazón mandaba con respecto a algo que pregono y aplico (mientras sea consciente de ello) en mi vida al 100%.
El tema es que el modelo de zapatillas que me obsequió es uno que además de contener algodón como parte de su capellada también tiene otro tipo de material que yo creí sintético hasta que leí y descubrí que era descarne, o cuero de vaca.
Aquí fue que en ese preciso instante, al descubrir que el calzado llevaba consigo restos de la piel de un cuerpo que fue seguramente mutilado para tal fin, o al menos matado bajo condiciones que suponen todo lo malo, feo y atroz que podamos imaginarnos con respecto a este tipo de desenlace que tiene lugar, valga la redundancia, en un sólo lugar: el matadero; no pude menos que rechazar dicho presente, aceptando cambiar esas zapatillas por otras que no implicaran sufrimiento animal para su armado.
Si bien podríamos decir que no fue una prueba personal el hecho de rechazar un producto de este estilo, para mi que ya vengo manteniendo esta forma de vida que alude al veganismo y a la lucha contra el especismo en cada cosa que haga, use, ingiera o tenga que ver con mis elecciones, sí lo fue en el aspecto de tener que, de una manera u otra, desairar el obsequio de mi novio rechazando en definitiva su presente; algo que hizo surgir en mi la necesidad de compartir esta experiencia en mi blog; experiencia que si bien no era necesaria para saber que me encuentro comprometido e inmerso en el mundo compasivo y solidario de todos los que consideramos a los animales dignos de los mismos derechos que los seres humanos fue una mini batalla más conmigo mismo, ganada, que si bien me dejó en su momento un poco abatido por tener que mantenerme intransigente con respecto a la decisión adoptada, aún a costas de herir susceptibilidades ajenas, pude hacerlo sintiéndome finalmente reconfortado y satisfecho conmigo por no hacer otra cosa más que lo que correspondía hacer.
Después de todo mi pareja me entendió en todo momento, ya que a pesar de no compartir en su totalidad mi forma de vida nunca me significa una resistencia a llevarla a cabo; así que el momento que comenté pasó a ser algo anecdótico finalmente, que dejó en mi una fortaleza aún mayor en mi forma de vida y en las decisiones que llevo adelante con respecto a ella.

miércoles, 20 de marzo de 2013

jueves, 7 de marzo de 2013

Estar alerta para vivir el veganismo a pleno.

Hace tiempo que he orientado mi vida hacia el veganismo y me encuentro en condiciones de afirmar que todo lo que deriva de este cambio es positivo. Fundamentalmente para mi forma de ser que pretende no dejar nada librado al azar, en lo que a responsabilidad en el tema de evitar dañar a los demás se refiere.
Por otro lado sé que es posible que algunas veces esté haciendo algo que sin darme cuenta (y sólo por eso lo hago) me haga sentir mal después, por haber lastimado directa o indirectamente a quienes intento proteger y salvar cada día; pero no por el mentado sentimiento de culpa que muchos experimentan y que es a su vez tan asociado a lo religioso o a lo cultural del sometimiento, sino que por darme cuenta, a la postre, de que eso que cometí, hice, o llevé adelante en su momento, ahora puedo verlo como algo que de una u otra manera comprometió a otro ser vivo haciéndolo sufrir, aunque quizás ese sufrimiento estuvo muy lejos de la parte que me tocó a mi en la cadena del desarrollo de las cosas y productos, pero que como sufrimiento infligido y llevado a cabo, por lo tanto, me duele al darme cuenta de que yo de alguna manera participé en él. La idea es simple, pero mejor si se la grafica con un ejemplo:
Las plumas de ganso -que rellenan camperas, edredones, y demás objetos que cumplen la función de abrigar al ser humano- son en la base de la cadena de su producción, arrancadas a éstos animales, a los cuales dejan lastimados, sangrando y sufriendo intensos dolores en su cuerpo, no dándole tiempo muchas veces al crecimiento natural de las nuevas plumas y volviéndolas a arrancar nuevamente para seguir elaborando todo tipo de abrigos. Por eso, si yo uso un edredón, aunque me encuentre muy lejos de esa base de la producción de este artículo, igual soy artífice de ese dolor y maltrato provocado por el humano sobre estas aves.
Y aunque a simple vista aparezca una contradicción en el tema de que todo remite a algo positivo cuando hablo de mi elección de vida vegana y de que aunque no quiera, a veces sin saberlo (hasta que finalmente caiga en la cuenta) puedo estar dañando a quienes tanto deseo proteger sin darme cuenta, la misma idea deja de ser contradictoria con el simple hecho de que al darme cuenta del daño que avalo con el uso de algún producto, si bien por el hecho de dañar no es positivo, se transforma en algo de este tipo al saber que nunca más volveré a adquirir otra cosa de ese estilo dándome cuenta que quizás fue necesario atravesar ese choque con la realidad para fortalecerme en el uso correcto de mis decisiones y elecciones de ahí en más.
Por eso, siempre es bueno darse cuenta de todo, y nunca es tarde para poder hacerlo. Yo trato de estar alerta para que no me tome por sorpresa nada de esto nunca más, y espero limar todas las pocas asperezas que vayan quedando en mi vida para poder seguir transitando este camino de vida vegana, sumamente respetuoso y compasivo para con la vida animal, humana, y del planeta en su totalidad.