Mostrando entradas con la etiqueta estaciones del año. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estaciones del año. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de febrero de 2016

Ahora, el calor.

Los días que hace calor en la ciudad son muy diferentes a los días de frío. Y hablo de los días de las temporadas, o estaciones, ya sean de calor o de frío, los que digo que son diferentes unos de otros a todo nivel.
La gente, los cuerpos, van distinto por la calle ya que las altas temperaturas, o en su defecto las bajas, predisponen muy diferente a los transeúntes, en este caso.
Todo esto no es un gran descubrimiento, ni mucho menos, ya que es sabido que hasta el ánimo de las personas se modifica acorde a como se presentan las temperaturas durante el día, y la noche también, claro.
Bienvenido sea el calor, entonces; eso sí, hasta que uno se cansa un poco y comienza a adolecer de ese frío de otra estación del año que luego, irremediablemente cuando se lo esté viviendo y padeciendo, también cansará un poco y motivará a esperar nuevamente que llegue el calor.
Porque es así, todo suele ser cíclico en la vida, y ni que hablar de las estaciones del año que, con mayor o menor intensidad, se repiten anualmente, in aeternum.
Y porque también es así (somos así) que los seres humanos somos inconformistas con lo que tenemos y vivimos 
gruñendo por todo lo que se experimenta en el momento actual y adoleciendo en más de una oportunidad por lo que no se tiene o en teoría está por llegar.
Pero está bueno también ser diferente y no andar siempre renegando, padeciendo, o esperando. Por eso hoy disfruto el calor, casi extremo, que asola la ciudad de Buenos Aires. Y por eso escribo esta entrada de blog mientras hago caminar un poco a mi perro y además de transmitir la idea de todo lo que el calor en la ciudad provoca lo siento, lo padezco, lo vivo, y lo disfruto.

miércoles, 11 de junio de 2014

Los días de lluvia no son tristeza, no son bajón.

La gran mayoría de las personas asocian a la lluvia con días tristes, desgastantes, donde el desánimo y la falta de energía aparecen instantáneamente al caer las primeras gotas. Parecería entonces que solo al aire libre se podría llegar a alcanzar la tan mentada satisfacción personal, entonces.
Pero definitivamente la asociación que más tiene lugar en días de lluvia, y ni hablar si a esto le agregamos durante la estación de otoño o de invierno, es la de la tristeza. -"¡Qué día choto!" es tan común escucharlo de la boca de muchas personas cuando el clima se presenta frío y lluvioso que ya hasta culturalmente parecería que nos vamos autoconvenciendo de que realmente es así si desde niños es lo que nos referencian este tipo de días.
Y no es así; y no hay que ser un erudito en la materia (ahora digo yo: ¿qué materia? ¿clima? ¿emociones? ¿forma de ser? ¿percepción?) para darse cuenta de que el reflejo que le otorguemos a tal condición climática extendida dentro de una determinada época del año solo será parte de lo que llevamos dentro de nuestro Ser cada uno de nosotros y nada más que eso.
Ya intenté dilucidar el tema en "No es el clima o lugar lo que define nuestra forma de ser." pero, como se puede apreciar desde el título mismo, al revés que esta ocasión; aunque de todos modos que el clima haga a la forma de ser de alguien o que la forma de ser se concrete por el clima, poco tiene de cierto con la realidad.
Una cosa muy distinta es que los días grises, para darle un nombre que acerque la idea al punto donde quiero llegar ahora, nos pongan melancólicos cuando sin proponérnoslo suframos en estos días la ausencia de un ser querido que ya no podemos tener a nuestro lado. Aquí la situación cambia y es entendible que quizás al ver caer la lluvia desde un cielo plomizo uno tienda a aflojar esa fortaleza que (aunque no lo entienda bien porqué) puede mantener más en alta durante los días de pleno sol. Pero el hecho es que cuando tenemos todo para ser felices, es decir a los seres que amamos junto a nosotros, una vida que salvo algún que otro traspié o sobresalto como el de cualquier vida humana no nos da mayores dolores de cabeza, y cuando en general estamos siendo plenos en nuestro presente entonces ¿por qué aflojar nuestras fuerzas y tirarnos al sufrimiento o a la mala sangre a conciencia que solo nos pondrá, a cada segundo que lo transitemos, más sufrientes y apagados?
Por eso, días de lluvia, días de sol, estaciones cálidas y calurosas (primavera y verano, respectivamente), o estaciones fresca y heladas (otoño e invierno, en igual concordancia) deben significar lo mismo para quien es un Ser que sólo privilegia y contempla, para vivir y ser, a su interior y nada más que eso; siendo desde su interior desde donde se desprenderán los verdaderos y auténticos días y sus respectivas tonalidades.

miércoles, 19 de junio de 2013

¡Esa estación de Vivaldi!

Es una de Las Cuatro Estaciones, de Vivaldi (1.678-1.741), una específicamente, la que me llega al corazón, inexplicablemente por sobre las demás; como es todo lo que generalmente fluye del arte en quien lo interpreta y en quien lo aprecia dejándose conmover por él.
El Invierno. Me traspasa el cuerpo, literalmente, y me sumerge cada vez que la escucho en un mar de emoción y estremecimiento muy fuertes que me erizan la piel y me transportan a lugares que no puedo describir con palabras, y que son enteramente sensitivos y emocionales.
Es la fuerza de esas cuerdas que principalmente me abraza y me envuelve, no dejándome libre para experimentar otra vivencia que no sea la de la conmoción más bella y pura que pueda sentirse en el pecho.
Desde el inicio de la pieza musical su cadencia eleva mi espíritu envolviéndolo con vehemencia y haciendo de mí un ser absolutamente libre y despojado, alejado de todo lo que me rodee en el espacio y en el tiempo; abriendo mis sentidos a un placer auditivo, sensorial y vibrante que mi persona logra alcanzar -a este nivel- con esta obra como con ninguna otra del amplio abanico que ofrece la música clásica, de cámara y sinfónica.
No quiero ahondar más en palabras porque de todos modos siempre faltará algo que explique de forma más acabada lo que significa para mi escuchar y percibir El Invierno.
Por eso prefiero seguir disfrutando de esta hermosa creación, y hacerlo en este momento junto a ustedes. Qué la emoción los estreche entre sus brazos, al menos un mínimo de lo que lo hace conmigo cuando suena esta melodía.♪


martes, 18 de junio de 2013

Imagen urbana.

Sólo eso, no siempre hay que desarrollar un extenso y comprometido tema.
A veces, al menos en mi caso, con una buena imagen que muestre como esta presentación lo hace, un cielo limpio y claro iluminado por los restos de un sol que ya comenzaba a ponerse, alcanza.
La que ven es entonces una foto tomada el pasado jueves, en horas de la tarde, mientras caminaba con mi perro por la avenida del Libertador, en nuestra ciudad, Buenos Aires; disfrutando del tiempo de verano que se daba por esas horas dentro de este mismo tiempo de otoño que estamos atravesando por estos días, como ya es sabido.
Por eso, sólo una imagen y una breve explicación les dejo esta vez. Sólo eso.

martes, 28 de mayo de 2013

Imagen de un otoño encantador.

Una calle cualquiera de mi barrio es una imagen encantadora que hace alusión directa al tiempo que estamos viviendo por esta época del año.
El otoño, al cual he hecho referencia en alguna entrada de semanas pasadas pero que estando en esta estación y disfrutando de las tonalidades e imágenes que arroja no puedo dejar de seguir trayendo a mi blog, es un tiempo que transforma los colores que ofrece la naturaleza dándole tonalidades luminosas y una gama de tonos que oscilan entre suaves y contundentes.
Imágenes como la de una vereda, cualquiera sea, que otrora puede parecer una fotografía vacua para ilustrar cualquier presentación puede volverse completamente llena de expresión y revestirse de total luminosidad y belleza muy fácilmente en este tiempo, como pueden ver en este caso.
Es cierto también que cada imagen causa una impresión diferente según quien la observe, pero en un punto y acompañando cierto relato específico todas pueden volverse dignas de contemplación y disfrute.
Por esto comparto la que pueden ver aquí, considerada por mí como una imagen más de un otoño encantador.

sábado, 13 de abril de 2013

Otoño.

Es el paisaje de este tipo de días, propio de esta estación del año, una sucesión de imágenes que se acercan a la calidez, si bien fresca aunque suene contradictorio, de las jornadas en las que el sol brilla con menos fuerza que en el verano que ya ha quedado atrás y donde las temperaturas van oscilando entre frías y moderadas para ir preparando a nuestro cuerpo para los tiempos que desde ahora en más comienzan a hacerse presente por estos lares del mundo.
Amarillo, marrón, anaranjado, colorado, y colores de este estilo van cubriendo nuestra visión al ir por la calle.
Colores poéticos si se quiere, que muchas veces van acompañados del característico sonido a hojas de árboles que se mueven en sus copas por el viento o que simplemente caen sobre la vereda frente a la imposibilidad de seguir manteniéndose adheridas al árbol que las vio nacer y crecer para ahora verlas marchitarse y caer.
Como decía, todo remite a poesía y melodía en este tiempo y es así que un cúmulo de hojas que en otra estación del año es suciedad que afea las calles, por estos días es color y fotografía característica del momento presente, y lindo por cierto, que vamos atravesando.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Ya llegan.

Se vienen los días en los cuales el sol comienza a ponerse cada vez más tarde y se extienden por lo tanto las horas en las que podemos disfrutarlo durante cada jornada.
Esos días que se experimentan diferente a los fríos del pleno invierno (aunque también estos pueden llegara a serlo) en los que cuando amanece y sale el sol hay que apresurarse a disfrutarlo porque en pocas horas se va, dejando nuevamente el día oscuro, inmerso en esas largas noches invernales.
Llegan esos días que anticipan la primavera y en los cuales el ánimo tiende a ser más activo y enérgico.

¡Qué lindo que estén llegando esos días!!
¡Qué lindo y qué bueno!!

lunes, 16 de julio de 2012

Tan fríos.

Tan fríos, pero tan, tan fríos están los bancos de la plaza que si quisiera abstraerme de la época del año en la que estoy y olvidarme al menos por un tiempo de que estamos en invierno no podría hacerlo ya que al sentarme en estos bancos, mientras llevo a mi perro a dar un paseo y jugar un poco con otros perros, enseguida caigo en la helada cuenta al sentir que mi culo comienza a congelarse para trasladar esta helada sensación al resto de mi cuerpo.
Y sí, estamos en invierno y todo me lleva a eso.
A abrigarse se ha dicho.