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martes, 14 de marzo de 2017

El pequeño rebelde de la poesía universal.

Basándome en una reseña leída en Internet acerca del libro que acabo de adquirir con las obras completas del gran poeta francés del siglo XIX y de todos los tiempos, Arthur Rimbaud, donde dice que su obra había sido publicada hasta ahora solo en España ─haciendo clara referencia a su traducción al castellano─ (teniendo en cuenta que yo vivo en Buenos Aires, Argentina, Sudamérica) y de una forma “poco cuidadosa” ─así define la aparición anterior de libros de este autor─ argumentando que, entre otras cosas, su correspondencia sólo estaba disponible en breves antologías temáticas, por ejemplo, además de que su poesía aunque en algunas ediciones su título figurase como «Obra poética completa» había sido parcialmente sesgada ya que hasta en las mejores traducciones, a cargo de grandes poetas, se habían dejado de lado los veintidós poemas que conforman el llamado "Álbum Zutique" (seguramente por su contenido retorcido, escatológico y con marcadas dificultades que hacían ─porqué no─ inverosímil su traducción optando por descartarse su inclusión final en tales presentaciones aunque éstas osaran de ser completas) es que comparto este único estilo de felicidad que provee el hecho de ser amante de las letras ─específicamente de la poesía─ y dar con ellas, por casualidad quizás, pudiendo llevarnos con nosotros a nuestra casa tales tesoros para que pasen a formar parte de nuestra biblioteca, y no como adorno sino como motivo de lectura y consulta permanente.
La Obra completa ─realmente completa─ y bilingüe de Rimbaud que acabo de incorporar a mi vida literaria, luego de estar interiorizándome en ella, puedo contarles que reúne desde sus creaciones escolares en latín hasta sus poemarios (colección de poemas) finales. Tiene, como es de imaginar para los conocedores de la obra del poeta adolescente y rebelde, “Una temporada en el infierno”, y por supuesto “Iluminaciones”; sus textos en prosa, incluido el relato “Un corazón bajo una sotana”, que es definido de primordial importancia para entender gran parte de su obra.
Posee, claro está, la correspondencia completa y cabal que permite traslucir su relación con su familia y con Paul Verlaine, y su experiencia en África; como no podía ser de otra manera en la obra de este autor que se precia de completa.
La poesía en esta obra fundamental sigue el orden cronológico de redacción ─estimada (obviamente, y se entiende) cuando los manuscritos originales no tienen fecha de elaboración─, y posee también, convirtiendo esta pieza en un libro de una (moderada) fácil lectura ─la obra del poeta suele ser complicada, sinuosa y tortuosa para su abordaje aún luego de la traducción previa, en diferentes momentos de su lectura─ una glosa que aclara el contexto en el que fue escrita, las dificultades textuales que plantea (volvemos aquí a lo retorcido en diferentes momento de su escritura) y el oscuro sentido de algunos poemas, básicamente los reunidos en Iluminaciones.
En fin, que ayer caminando con mi perro por la calle de repente veo en la vidriera de una librería esta joya que siempre ─desde hace mucho tiempo al menos─ había deseado tener y que afortunadamente y por esas cosas del destino llegó a mí sin previo aviso y terminó, al día siguiente ─hoy martes 14 de marzo de 2017─, siendo mía, absoluta y enriquecedoramente mía.

sábado, 16 de marzo de 2013

El milagro de la naturaleza.

Siento que me inspiro y amo la vida
cada vez que encuentro una imagen tan mía.
Creo que en lo simple, en lo más pequeño
florecen milagros y yo soy su dueño.
Colores, aromas, reflejos del sol
todo es un milagro y todo es amor.
Parte de una esencia, producto del viento
todo fluye siempre junto con el tiempo.
Energía limpia, desnuda, sincera
la naturaleza me abraza y me eleva.
Confío que todos sabrán admirarla,
quererla, cuidarla, vivirla, abrazarla.
Tal vez algún día nadie le haga daño
y entonces habremos logrado el milagro.

                                                            (De mi autoría.)

martes, 12 de marzo de 2013

EL POZO.



Asiento de musgo florido
sobre el viejo brocal derruido.
Sitio que elegimos para hablar de amor,
bajo el enorme paraíso en flor.

¡Ay, pobre del agua que del fondo mira,
tal vez envidiosa, quizás dolorida!
¡Tan triste la pobre, tan muda, tan quieta
bajo esta nerviosa ramazón violeta!

-Vámonos. No quiero que el agua nos vea
cuando me acaricies. Tal vez eso sea
darle una tortura. ¿Quién la ama a ella?
-Tonta! ¡Si de noche la besa una estrella!

(Juana de Ibarbourou.)

lunes, 30 de julio de 2012

"Alabanza". (J. M. Castiñeira de Dios)

El historiador Fermín Chávez suele recordar las experiencias compartidas en la Peña que funcionó en el Hogar de la Empleada -avenida del Mayo al 800 en la capital federal argentina- donde Eva Perón se encontraba con trabajadores, entre ellos destacados artistas. Hasta ese lugar también llegó José María Castiñeira de Dios y después, invitado por Evita participó en los encuentros con los argentinos que más necesitaban. Distintos autores han destacado que ella acariciaba hasta a los enfermos y entre tantas anécdotas se alude a Castiñeira de Dios cuando intentó evitar que besara a una mujer con visibles llagas. El poeta, conmovido por ese desenlace, comentó después que esa noche casi no podía dormir y sintió el incontenible impulso de escribir un poema de “Alabanza”... 



“El hombre llamó Eva a su mujer
por ser la madre de todos los vivientes”
Génesis 3/20 

Tal como el hombre solitario mira la luna y las estrellas
y aunque está solo y es muy pobre es el más rico de la tierra,
con estos pobres ojos míos Dios ha querido que yo vea
no las estrellas y la luna, sino la suma de la luna y las estrellas,
todas reunidas en un haz, como los trigos de la siega,
para que, pobres ojos míos, ricos de luz así la vean
como a María, sobre el mundo de la humildad y la pobreza,
y, sobre el mundo del amor y la hermosura, como a Eva.

Y así la vieron estos ojos, Eva de toda la hermosura:
las manos claras como un río al que ninguna sombra enturbia,
la boca hermosa como un viento que crea el mundo de la música,
los ojos vivos como un fuego que vence todas las penumbras,
y el pelo suelto como un sueño o apretado como una fruta,
para que, pobres ojos míos, sigan mirando hacia la altura,
desde la tierra hacia su rostro, desde la tierra más oscura,
hacia ese rostro tan perfecto que es cielo, igual, sin sol ni luna.

Y así la vieron estos ojos, en su belleza de María:
las manos dulces como un sol dominical lleno de dicha,
la boca suave como agua repartidora de alegrías,
los ojos puros como un cielo donde jamás se pone el día,
y el corazón mostrando a todos su puro árbol de la vida
como un inmenso pelícano o como una eucaristía,
para que el Pueblo de la patria beba su voz caritativa
y se alimente de su sangre como la tierra se alimentaba de sus días.

Eva y María están juntas en la mujer que mi voz canta
que más que nombres son un nombre,
como dos ojos es igual a una mirada,
y más que manos, es la mano de quien la tiende en la desgracia,
y más que bocas, es la boca de quien elogia cuando habla,
y más que ojos, son los ojos de quien da fe con su mirada,
para que el hombre solitario alce su rostro hasta sus plantas
y vea en la luna y las estrellas, sobre la tierra de la patria,
a Eva y María, María Eva, transfigurada en la Esperanza.

(Poema ilustrado, publicado en la revista “Mundo Peronista”,
Año I, Nº 24, 1º de Julio de 1952, p. 23.
Todos los versos iniciados con mayúsculas. Autor: “J. M. Castiñeira de Dios”.)