Si desde pequeños a todo el mundo se le enseñara a caminar por esta vida relajado, tratando de aceptar lo que tiene y le toca vivir diariamente, tratando de esforzarse al máximo por cambiar todo aquello que no desea ver en su existencia, sea del tipo que sea, y fundamentalmente asumiendo que todo lo que vive es aquello que uno mismo se permite, y por lo tanto no corresponde a nadie más que a uno mismo felicitar o culpar por lo sucedido, viviríamos más felices e iríamos caminando con menos mochilas sobre nuestros hombros, nuestro espíritu, nuestra alma, nuestro corazón y nuestra vida. ♥
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jueves, 3 de diciembre de 2015
martes, 28 de octubre de 2014
A veces sucede.
Muchas veces la vida nos pone frente a una encrucijada y es ahí donde nos damos cuenta que vivir es mucho más que transcurrir los días, ya sea en el estudio, en el trabajo o en la vida misma de todos los días.
Entendemos, o comenzamos a entender, que cuando todo está "en su lugar" y el único sobresalto que tenemos es al escuchar el reloj despertador para levantarnos por las mañanas en realidad estamos dentro de una onda absolutamente expansiva que va cegando y entorpeciendo nuestros sentidos para sosegarlos dejando que se acostumbren a aquello que viven y experimentan continuamente.
Por eso cuando aparece un hito que modifica o intenta modificar esa vida común de todos los días sentimos confusión, mezcla de entusiasmo y desánimo, de opresión y tristeza, de alegría y abatimiento; todo esto expresado en inquietud, curiosidad y miedo.
Y si llegan las cosas, bajo la forma que sea, es porque debían llegar. Es así. No hay otra cuestión con respecto a este tema ya que es sabido que si algo aparece en determinado momento de la vida, y no antes o después, a la larga podremos darnos cuenta de que era porque debía materializarse en tiempo y forma como y cuando lo hizo.
Son las cosas de la vida, de todas las vidas, ya que no creo que exista alguna que pueda estar indemne a alguna modificación de estas que tiran abajo todas las estructuras antiguas despojando a su protagonista de toda idea o noción preconcebida.
Por lo tanto cuando se sienta, o mejor dicho se vea, esa dificultad que podría ser sinónimo de cosquillas en el cuerpo, que podría ser sinónimo de reactivación, que podría ser sinónimo de angustia, que podría ser sinónimo de incertidumbre, que podría ser sinónimo de movimiento, que podría ser sinónimo de felicidad, que podría ser sinónimo de cambio, no seamos bobos pensando que a uno no le puede llegar el tiempo de ser otro, de encontrarse finalmente a sí mismo y de intentar por fin andar por los caminos que verdaderamente desea.
lunes, 29 de septiembre de 2014
On the road.
Hay etapas de la vida en las que uno no atraviesa más que campo llano sin ninguna presentación de terreno ondulado y en las cuales los días se vuelven tan cotidianos y repetibles que en cierto punto llegan a no darnos la chance de poder asumir que así se van sucediendo.
Pero suele ocurrir también, en este devenir de días que no es otra cosa que la vida misma, que en algunas oportunidades se modifica drásticamente a partir de un hecho concreto que hace que el resto de los días que sigan a ese hito en el camino ya no pueda volver a ser incluido dentro de la cotidianidad en la cual se contenían hasta ese momento.
Y estas modificaciones, ¡benditas sean!, no son otra cosa que esos cimbronazos que se andaban necesitando para reaccionar ante tanta quietud y cotidianidad, ya que pongámoslo así: si sucederían en la vida de alguien que no atraviesa por esa somnolencia de vivir en una rueda que muchas veces no lo lleva hacia ninguna parte solo sucederían y seguirían su paso sin dejar ninguna otra percepción sobre ellos más que una cosa más que se ha vivido. Pero al darse en vidas que sí se encontraban hasta ese momento embuidas en el costumbrismo diario de esa cotidianidad abrumadora es que provocan estos grandes desórdenes que no llevan a otro lugar que al replanteo, a la acción y al cambio.
Porque los cambios son los únicos que pueden llegar a modificar una existencia que se ha acostumbrado a existir sin más pretexto que ese, y porque los cambios necesariamente requieren de la acción que los pondrá en movimiento con mayor o menor urgencia es que el movimiento será la mejor y más contundente modificación que se opere a partir del replanteo inicial.
Es así que esos sobresaltos, entendidos como momentos y circunstancias fuera de lo común, son primeros pasos esenciales para enfrentarse a la cuestión trascendental de dar un giro en el camino y poder trascender ese costumbrismo al que se ha llegado. Dicho de otra manera son los primeros pasos para dar ese giro necesario en el camino de la vida y cambiar la dirección y, quizás también, la velocidad de cada camino en particular.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Somos los dueños.
Seguimos caminando
porque de esos se trata.
De caminar.
De seguir
y de detenerse sólo cuando uno,
y solamente uno,
lo crea necesario.
Y ahí sí,
recién ahí,
seguir en la dirección que nos plazca
al retomar el camino.
Somos los dueños de nuestra vida.
No hay que olvidarlo.
Nunca.
viernes, 8 de marzo de 2013
La felicidad, ¿cuestionable?
Una cosa es estar dispuesto y convocando desde todos los ámbitos personales a la, siempre bienvenida, felicidad; pregonándola y haciendo alusión a ella continuamente para, de esta manera, incorporarla a la vida propia; sabiendo que sólo radica -el hecho de encontrarla- en tener claro lo que uno verdaderamente desea sin las interferencias externas que suelen aparecer en momentos de elecciones o toma de decisiones, aceptando las propias limitaciones y no desechando energía en inútiles y vanas aspiraciones si éstas realmente no merecen ser contempladas por quien, equivocada y confundidamente, muchas veces las desea (suele ocurrir); y otra muy diferente es saberse siempre en el estado ideal de ser feliz, ya que la felicidad, como se descubre paulatinamente cuando uno se involucra en el tema, es algo que se es y no que se siente, es decir, no pasa por estar feliz la vida de una persona, sino por serlo.
Ser feliz, totalmente consciente, desde el ser mismo y tratando de mantenerse en esta plenitud, sabiendo que, aún sin dejar de serlo, estaremos enfrentando paralelamente diferentes momentos en los que nuestra vida se verá expuesta a determinadas improntas que pueden afectar, sólo parcial y momentáneamente, nuestro ser impregnado de felicidad, pero que por tal motivo sólo vendrán a sacudir esa estructura interna e intrínseca de cada individuo, más no significarán modificación alguna en la generalidad de ese ser feliz puramente interior.
Y es así que a veces nos sacuden -esa estructura- diferentes estímulos nocivos externos (que nada tienen que ver con nuestro ser interior absolutamente despojado y feliz) pero sabiendo que es parte de la vida y del hecho de transitarla, y contemplando afortunadamente estas nociones, es que debemos saber que, por lo tanto, como aparecen y se hacen notar, en menos de lo que podamos llegar a darnos cuenta, se van y ya no siguen con nosotros.
Por eso, cuándo uno se jacta y goza de ser feliz y aparece algo externo que, en teoría, no podría no modificar el ideal ser de felicidad que abrazamos, está bueno saber que todo eso externo es algo momentáneo y que como tal nada puede influir en nosotros; para así continuar tranquilos ya que si bien no siempre nos sentimos igual de felices, nada vulnerará la felicidad de nuestro ser, en ese estado puro interior que brilla y resplandece en c/u de nosotros.
martes, 18 de diciembre de 2012
Nada onírico. Bien real.
¿Existirá un camino que al encontrarlo nos haga dar cuenta de que es "ese" que debemos transitar para tener una vida plena, linda y como aquella que podríamos imaginar como la más hermosa y feliz del mundo?
Sí, el de nuestra propia vida.
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