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domingo, 3 de agosto de 2014

Desencanto real.

Debo confesar que a veces me llevo tremendos desencantos con algunas personas, y en esa desilusión que en sí no es tal ya que podría decirse que tampoco es que tenía alguna expectativa permanente puesta en "esas" algunas personas (sino simplemente que como transcurría la vida basada en experiencias pasadas yo las encuadraba dentro de algún determinado sector de mi valoración personal y afectiva, y que al desencadenarse tal "desilusión", para contuinuar con el término al que he hecho referencia, terminan demostrándome que son diferentes a como las creía, o al menos se mueven con otros valores y consideraciones, y ubicándose ellas solas en otro lugar siendo diferente al que yo les otorgaba en mi vida), es que sufro como sufre cualquiera que se enfrenta a una realidad que no satisface y que además, en cierta medida, agravia.
Y como tengo los opuestos de cualquier ser humano, que por ser humano es sintiente y visceral y sufre todo lo que no sea bello y luminoso en su vida, es que al principio atravieso el dolor, primero, y la desidia con respecto a esa situación y/o persona, después. Una vez pasado el tiempo donde todo se ha revelado y está fresco, sé que las cosas se esfuman como todo lo que no revierte temas fundamentales en la vida, y también se va, junto a ese esfumado, la importancia o real consideración y miramientos que pudiesen haber existido alguna vez sobre tales individuos.
Es así la vida, un devenir de existir alegre y triste, sorprendente y desalentador. No me quejo. Lo sé. Sólo lo comento y lo comparto en mi blog como cerrando un tema que encierra, valga la redundancia, mucho más que un mero tema, y valga la redundancia otra vez.

lunes, 31 de octubre de 2011

Hay días...

Hoy tengo un día de mierda si bien yo nunca tengo “días de mierda” y por ende este tampoco sería en definitiva uno de ellos, y no se si tiene que ver con que soy o trato de ser muy positivo, siempre veo o trato de ver el vaso medio lleno, buscarle las cosas buenas a todo lo que pasa o directamente soy muy cabeza fresca, pero en general no podría decir que tengo días negativos si bien este es uno que no me gusta del todo.
Bueno, volviendo a la idea inicial de tomarme una licencia y permitirme el hecho de decir “este es un día de los no tan buenos” es que puedo afirmar que me encuentro en uno de esos días, feúchos.
Son muchas cosas y pocas a la vez la que me suceden ahora y parte de este día tiene que ver con la dualidad que expreso, pero en fin, aclaro que escribo sin ningún rumbo prefijado o conciente, no se en que terminará esta entrada, adonde apuntará, o si en la próxima oración ya va a encontrar su final, pero el tema es que generalmente cuando puedo llegar a sentir que me encuentro en un día “de este estilo”, un día como el de hoy, tiene que ver no por mi sino por algo externo a mi persona.
Y no es delegar culpas en otros para no asumir las mías verlo de esta forma porque yo soy el primero en criticarse, y hacer un mea culpa y una revisión de las cosas que van sucediendo para ver si lo negativo o la culpa (otra vez) parte de mi. Y la verdad que en este caso y en muchos más, no, generalmente parte de otro lado.
Yo soy así y me manejo así; y ustedes dirán en este momento: “¿Qué es 'ser así'?”. Ser así, en este caso, es absorbiendo cosas y permitiendo que pasen también. Y bueno, es mi forma de ser, mi esencia y no estoy muy orgullosos de ella, si bien prefiero la gente que evita la discordia y los problemas y todo lo que tenga que ver con quilombos, como es mi caso, a los que los promueven.
En este día estoy como desmotivado, sin ganas, y quería plasmarlo en mi blog para mí en primer lugar y después para quien pase por acá y lo vea. En definitiva es algo básico y muy común esto de que la vida no siempre es color de rosa y por más que uno le ponga todas las fichas a la buena energía, la buena vibra, la positividad personal y todo lo que esté relacionado con las cosas buenas y nobles hay veces que uno también puede ver empañados estos propósitos por causas ajenas a uno mismo.
Hoy es un día de “los menos” (para acercarme a la idea de negatividad), un día bajón, pero nada relevante por cierto y que por tal motivo me opaque la felicidad de estar vivo, poder permitirme la tristeza o la aflicción cada tanto y seguir adelante siempre en pos de estar mejor.
Eso es todo. Lo quise expresar y compartir acá como otra de las tantas vivencias que publico y comparto.


miércoles, 17 de agosto de 2011

Los malos entendidos.

Los malos entendidos. Estuvieron ahí, entre los hombres desde tiempos inmemorables y seguirán estando seguramente por siempre.

Pueden comenzar con un pequeño desentendimiento de algo mínimo que después y como una bola de nieve puede llegar a crecer desmesuradamente hasta transformarse en una hecatombe general muchas veces difícil de revertir.
Y si nos remitimos a los primeros tiempos, para reforzar la idea de que han estado desde siempre entre nosotros, podemos citar lo que reza el libro del Génesis en La Biblia cuando hace hincapié en que ya el primer hombre y la primera mujer de la historia cayeron en un malentendido cuando corrieron con una suerte que no era la esperada al no interpretar lo que les ocurriría si tomaban la famosa manzana del árbol prohibido. Y están los que podrán decir que lo que sucedió ahí tuvo que ver con la tentación, pero en definitiva si cedieron ante ella es porque no llegaron a comprender lo que podía sucederles después; y resumiendo, es todo parte de un gran malentendido, bíblico, pero malentendido al fin.
Lo mismo si nos volcamos a hechos de relevante importancia en la historia universal de todos los tiempos, veremos que las grandes contiendas y problemas, o la mayoría de ellos, tuvieron en parte en su base ó esencia un malentendido por alguna causa que después llevó a mayores males o tragedias.
Y que decir si abordamos los malentendidos individuales que cada uno de nosotros y del resto de la humanidad, esos que no aparecemos en los relatos de ningún tomo de historia o revista de noticias de famosos, ha tenido a lo largo de su vida. Serán entonces millones y millones de malos entendidos que aparecerán en cada caso particular para a la vez multiplicarse por otros miles de casos que se repetirán a su vez en unas u otras personas, aquí y allá; a lo largo y ancho del continente.

Hay que dejar que sigan su curso por lo tanto ya que partiendo de lo que son, un malentendido, caerán por su propio peso y con el tiempo (a veces antes o después) quedarán obsoletos y sin significación e importancia alguna.
Sí podemos hacer una intervención oportuna, o las que consideremos necesarias, para tratar de que lo que se malinterpretó tome nuevamente su curso correcto, pero en definitiva llega un punto en el que es mejor despreocuparse del tema y dejarlo seguir, dejarlo ir; ya que por su propia nulidad no debería estar llegando muy lejos y el tiempo y los hechos seguramente se encarguen de desacreditarlo; al malentendido por supuesto.

Es así, a no preocuparse entonces por la aparición, temprana o tardía, en algún momento de nuestra vida de estos contratiempos que significan los malos entendidos porque como vienen, se van y definitivamente siempre de alguna forma u otra seguirán estando entre nosotros.