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lunes, 12 de septiembre de 2016

Solos entre tanta gente.

A ver si nos ponemos de acuerdo. La vida es un devenir de frustraciones, pequeñas o enormes, que se van dando desde el primer momento en que llegamos a este mundo y que se renuevan diariamente cada día que nos levantamos para enfrentar la nueva fecha en el almanaque o calendario, como más nos guste llamarlo.
Que uno es esencialmente el reflejo de todo su pasado es cierto, porque uno se ha ido formando y forjando a conciencia, y a despreocupación pura también, para llegar a ser eso que ve frente al espejo, frente al que nos devuelve una imagen puramente física y frente al otro, el que nos devuelve esa imagen que sólo uno mismo puede ver y reconocer ante tantas capas que nos recubren en esta vida moderna en donde nadie es auténticamente ese que es, por más que quiera ser transparente y auténtico desde su fibra más íntima para no hacer aquello que detesta ver ─imaginar─ en los demás. Al fin y al cabo todos somos lo mismo, personas que vamos queriendo agradar desde todos los ámbitos posibles para no sentirnos tan solos, tan tristes y en definitiva tan mal.
Nadie sabe que sería exactamente lo que mejor le haría porque de ser así no se estaría siempre en esa búsqueda que lleva a continuar siempre adelante pero que en claras cuentas no se podría definir exactamente hacia dónde va. Porque ¿qué es la vida sino una continua investigación para llegar ─no sin mucho trabajo y empeño─ a un descubrimiento y de ser éste positivo y acogedor permanecer en él para terminar desechándolo en algún momento en tren de iniciar nuevamente la búsqueda hacia otro nuevo descubrimiento que nos haga pasar las horas de nuestros largos (aunque a veces parezca que se pasan volando) días en esta tierra?
Uno está solo, sí, solo con su alma para todo, porque podemos estar acompañados en diversos momentos del día, o de nuestra vida para ser más amplios, pero siempre es en "ese momento", ese en el que nada ni nadie más que nuestra esencia puede permanecer junto a nuestro cuerpo para llorar, reír, sufrir o disfrutar ─ya que no le compete a nadie más compartir "eso" que es absolutamente de uno─ en el que somos sólo nosotros y nadie más.
Vivir es entonces un camino arduo, tremendo (salpicado con sus gratificaciones y momentos de plenitud o sentir inmejorable) porque básicamente vamos por aquí para enfrentarnos a todo lo que deba aparecer para continuar con esa formación que iniciamos desde pequeñitos, cuando todavía ni sabíamos a que comenzábamos a exponernos por el mero hecho de haber llegado a un lugar colectivo llamado mundo, insertos ─nosotros─ en un sitio personal y delicado al extremo llamado vida.
Y así y todo la vida que nos ha tocado es lo mejor que podemos esperar; no hay otra y no queda otra, y es nuestro metier saber ir dándole la vuelta a cada golpe o feo movimiento del destino para poder esquivarlo o enfrentarlo de lleno sabiendo que nadie muere en la víspera y que todo puede ─debería─ ser transformado en algo que sólo nos haga bien y nos ayude, lágrima de por medio también ¿porqué no?, a ir sin ninguna carga emocional negativa que solo empeore el tránsito por este lugar y no lleve a ningún puerto digno de arribar.
En fin, la vida, algo tan grande y, según se la lleve adelante, tan vasto o escueto, debe ser siempre motivo de querer estar en ella porque, ya se sabe, nadie va a venir a apretarnos el gatillo pero tampoco nadie vendrá para ayudarnos a sostener la copa de logros ─felicidad, armonía, empatía, amor, crecimiento personal─ que sintamos haber alcanzado.

martes, 31 de mayo de 2016

"Cada maestrito, con su librito".

Yo he tomado la vida como un camino que se debe transitar haciendo sólo lo que se desea internamente ─también a pesar de los demás─ siendo auténtico a cada momento.
Soy una especie de ser que va sin saber muy bien hacia dónde porque asumo la vida como un presente absoluto que nuca puede arrebatarse ante la idea de algo que no existe, aunque produzca efectos concretos en el ánimo y en la estabilidad personal, como es el pasado o el futuro. Nunca pude depender de estos tiempos, jamás lo he hecho.
Desde pequeño, sin saberlo seguramente ─no podría haber estado digitando una forma de ser con respecto a algo que no ocupaba mis días, sencillamente porque carecía de la acumulación de experiencias que decantaran en la forma de ser que finalmente se plasma cuando se ha vivido algo de vida, valga tanta redundancia, en la vida─, y en la adultez producto de haberme ido formando a conciencia (también a los golpes) para adoptar esta filosofía de vida.
Nunca pude imaginarme como un hipócrita que pensara y dijera algo y luego ─con su vida─ hiciera otra cosa muchas veces totalmente opuesta a todo lo expresado. No entraba en mi cabeza bajo ningún punto de vista (esto sí es algo que recuerdo muy bien) ser dominado por algún tipo de consigna que fuera en contra de mi libertad mental, espiritual y física, sea del estilo que fuera. Jamás. Eso siempre lo tuve bien en claro.
Y como de niño, y también de joven, hubo momentos en los que forzosamente me encontré incluido dentro de una troupe de seres que iban encaminados hacia una misma meta ─creaciones socioculturales que deben ser llevadas a cabo indefectiblemente para "aspirar" a poder continuar aspirando en siguientes etapas─ asumí en primera instancia, al no tener más alternativa que seguir el mandato "normal" y paternal/maternal de ir al colegio por ejemplo, que ahí estaba yo ubicado porque mi decisión personal no había llegado a ese momento en el que pudiera imponerse y hacerse valer. Y luego, de joven, al ingresar a estudios superiores, sin tener claramente la idea de que estaba pasando en mí al escudarme en la elección de continuar absorbido por esas normas que me llevaban al común de más elecciones tomadas por otras personas, continué aferrándome a estas decisiones para poder comenzar a zafarme de esta rueda en la que estaba metido, rueda que no soportaba y de la que si no era a través de esta previsible continuidad de la vida ─irme a vivir solo para estudiar en la universidad lejos de mi ciudad natal─, al menos en ese momento, no veía la manera de comenzar a hacerlo.
Después, la vida me llevó por diferentes caminos, tan variados unos de otros, que a una temprana edad me sentí completamente seguro de lo que deseaba para mi vida. Y saber lo que se desea en esta vida me parece que es de las empresas más difíciles para ser llevadas adelante; si bien es cierto que están quienes tienen ese toque de saberlo desde siempre, sin dudar ni tener que someterse a cuestionamientos o a tiempos previos hasta encontrar (si es que hay algo que encontrar) lo que desean ser; que por un lado les simplifica mucho las cosas y les allana el camino para seguir satisfechos, pero por otro también ─visto desde el lugar de quien valora haber dejado correr abundante agua bajo el puente─ les coarta de alguna forma la posibilidad de haber descubierto o quizás de haberse encontrado sin pensarlo frente a lo que ─por eso mismo que no se vivió por haber arrancado desde el llano con su idea de saber que se quería─ hubiera definido de otra manera su opción de vida, respaldada en el metier propio de andar sin buscar ─respondiendo a presiones o mandatos establecidos─ y de repente encontrarse frente a eso que se fue formando con la libertad de no responder a nadie más que a uno mismo.
Pero estamos también quienes no sabemos nada hasta que nos pasan las cosas, y luego sí, con el crecimiento obtenido por lo acontecido delimitamos un poco más ─inconscientemente, en primera instancia─ nuestro paso por este mundo.
Es simple resumir todo lo dicho anteriormente con respecto a la forma de vida que me quise generar, y además es obvio. Siempre busqué la felicidad, y no esa felicidad que se encuentra "al final del camino", la de esa "realización personal" que de tan onírica hasta me da pereza escribirla, sino de la que me redituara la vida feliz a cada instante. Esa felicidad que consigo solo hoy, en cada cosa que vivo y disfruto sinceramente, y que por ser solo para mí, es decir: mi felicidad, hace que este momento de mi vida, "felizmente", sea inmejorable.
Nunca quisiera tratar de esperar a que algo me dé felicidad ─me la provea─ luego, en un momento posterior a este presente que vivo y que por tal es el que merece ser feliz. La felicidad es ahora. Debe ser ahora. ¡Ya!
Sí, lo sé, puede sonar un poco alejado de la vida real donde tantas cosas suelen llevar a la mayoría de las personas por caminos que nunca imaginaron que iban a transitar y que odian transitar; pero es que alejar mi vida del común de la vida que te entrena ─y termina matando─ para que lo dejes todo en pos de algo que te hace pertenecer al resto de los mortales es algo que nunca me atrajo desde ningún punto de vista. No me interesa nada de lo que pueda acercarme a lo material para desear tener cada vez más, por ejemplo.
Lo material es necesario, lamentablemente, cuando se está en un contexto en el que como mínimo se debe pagar cuentas de la vivienda donde se mora, o alimentos básicos para quienes dependen de uno y para uno mismo.
Por este tema yo solo respondo a mi perro, Boro, que es quien depende exclusivamente de mí para poder comer, crecer y vivir con salud. Después de este punto, todo lo demás no importa y nadie más depende de mí.
Vivo porque nadie me preguntó si quería venir a este mundo, y aquí me encontré; lo que no quiere decir que no lo disfrute ya que como he expresado desde el comienzo sólo vivo ─ya que me hicieron "vivir" trayéndome al mundo por un momento de placer ajeno y no propio, mío─ todos mis momentos, y los de mi perro agrego ahora, empeñándome en disfrutar, crecer en emociones, cuidarnos y querernos, y ser feliz.
Es así como experimento y camino este tramo de ser y existir. "Cada maestrito con su librito", reza el refrán; y yo tengo bien protegido el mío porque es lo más valioso que poseo, "Mi Librito", mi vida, mi finalidad ─solo mía y de nadie más─ en este mundo.

jueves, 17 de julio de 2014

Confesiones de invierno.


Yo sé que he llegado a un punto de mi vida, a nivel de la formación y modelado de mi Ser, en el que ésto que soy es todo lo que puedo ofrecer a los demás; porque podrán surgir modificaciones en mi persona producto de agentes externos que me modifiquen en mayor o menor medida pero internamente, en eso que sé que me he constituido como persona y en lo que es independiente de cualquier transformación, yo ya he llegado al lugar en el cual me siento satisfecho, orgulloso y plenamente tranquilo y relajado con quien soy.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Este soy.

Yo generalmente a las cosas las enfrento solo ya que se pueden decir muchas palabras pero lo que importa es la acción concreta en el momento que se necesita y no las bla bla bla. Por otro lado uno espera muchas veces el apoyo, o ese estar, de partes específicas y no de las que de corazón y amablemente muchas veces se prestan para bancarlo a uno; partes que uno agradece también de corazón pero que no llegan a significar lo que las partes que uno desearía significan. Y no es una cuestión de desprecio sino simplemente una de sentimientos que, valga la redundancia, sienten y te condenan a sentir eso.
Por eso yo amo y valoro tanto a mi perro, ese labrador simpático y adorable llamado Boro que ven en la foto a mi lado aunque ya muchos conocen que vive junto a mí todas las cosas que vivo, que por cierto, como le sucede a cualquier persona, son muchas.
Y yo me banco en soledad, o mejor dicho nos bancamos en soledad compartida, mi Boro y yo, todo lo que nos pasa, estando solos, obviamente; pero también estando en compañía, cuando algunas veces seguimos estando solos.
Y no es que yo sea alguien especial o algo así. Soy un tipo que se amolda a los demás (mientras sea soportable la situación y más allá de esos límites también) y soy el que prefiere callar para dar por terminado un pleito, o el que se conforma con lo simple de la vida para vivir pleno y feliz; lo que no quita que también disfrute de las cosas que todos pueden llegar a disfrutar, como por ejemplo viajar o alguna cosa que excede lo frugal de una existencia abocada a la sencillez.
Más o menos eso soy y por eso podrán ver muy seguido comentarios y publicaciones en mi red social Facebook o Google+ que aluden a cosas que vistas con ojos muy selectivos o exquisitos pueden parecer boludeces o directamente idioteces pero que para mi alimentan esa parte de la vida personal que quienes la ven como les decía seguramente no cuidan, ni cultivan. O al menos no tanto.
Vivir es para mi un trámite que debe ser sencillo y placentero ya que las cosas que deban suceder se presentarán en tiempo y forma sin lugar a dudas, a menos que trabajemos para que todo pueda darse dentro de un contexto distinto que aluda a un camino diferente (nuestra vida) por lo cuidado y mantenido que lo tengamos. Dicho de otra forma, lo preparado que estemos para poder dar respuesta a momentos que salgan de esa apacible cotidianidad.
Y por eso, si bien enfrento y enfrentamos solos (con Boro) ese tipo de cosas para las que el dinero y todo aquello que se plasma en lo material no vienen a significar nada con respecto a esa caricia al corazón que se necesita, creo que esto nos deja una enseñanza y forma de ser y movernos en la vida que nos hace ser como somos; tan unidos, pegados e inseparables. Y esencialmente hablando de mí, me hace ser la persona que pueden ver a través de este blog o del otro que tengo llamado MI BORO Y YO, o de la red social en la que me encuentren, compartiendo siempre desde la autenticidad y la honestidad lo que considero importante para afrontar la vida.

lunes, 8 de julio de 2013

Cada persona, un misterio.

Cada uno/a es como es, eso queda claro, de ahí también eso de que cada persona es un mundo; pero cuando hay cosas evidentes que no podrían esperarse de otra manera, sea quien sea que las protagonice, y por el contrario se dan de otra manera, da para pensar en que algo no marcha bien.
Tal es el caso de cuando se presuponen cosas que pueden darse por hechas en forma anticipada sin temor a equivocarse, ya sea porque no hay manera de evitarlas o porque así han sido estipuladas, y luego sucede que no se dan de la forma anunciada y sobreviene el desconcierto general que en el mayor de los casos deja un cierto descontento, quizás innecesario o injustificado, pero que aparece solo, sin que se lo busque o desee.
Es así, personas del mundo real, cada persona es un mundo; ese propio mundo y universo que representa un auténtico misterio para el resto de los mortales, definitivamente.
Y en ese mundo individual, infranqueable y desconocido, es donde no debemos depositar otras expectativas más que aquellas que sean necesarias según el caso y el contexto; porque como se sabe, y ante el misterio del otro -como ser autárquico aunque hasta cierto punto en muchas ocasiones, y único e irrepetible- muchas veces puede sobrevenir en nosotros la desorientación y la confusión.

viernes, 14 de junio de 2013

Exclusivamente personal.

Muchas veces vamos haciéndonos y forjando nuestra vida en pos de aquello que fuimos y que vamos viviendo. Y es en el resultado inevitable de una vida vivida y experimentada de una u otra forma que se va decantando la misma finalmente.
Por eso cada persona es como el cúmulo de sus experiencias pasadas ha ido dándose a lo largo de su vida, ya que hablamos de un período actual basado en la edad adulta en el que se ha devenido en consecuencia de toda una vida, al menos hasta ese momento, de experiencias pasadas que la han forjado y hecho ser lo que es.
Y hago de esta entrada algo personal, como reza el título de la misma, a modo de reflexión, ya que es conveniente hacerlo alguna que otra vez sobre este tipo de temas para saber adaptarse a la propia forma de ser que siempre se va descubriendo en uno/a mismo/a y que a veces nos sorprende y otras nos corrobora, en hechos y actitudes que entendemos que no pueden ni podrían darse de manera diferente.
Expresarse y leerse para poder luego entenderse, en ese entendimiento que es puro y que no busca más que simplificar la vida, puede interpretarse también como la rebeldía hacia lo establecido, y porque no hacia otras personas, tratando de querer entender algo de otra manera diferente a la que se ve generalmente sólo de una forma.
Pero es natural que se intente pretender esclarecer, para la propia vida, un tema tan decisivo como la forma de ser para luego poder entonces asumirla y, en cualquier caso, enfrentarla para tratar de modificarla al descubrir que se ha llegado a ser de una determinada manera.
No le veo nada de malo o de extraño al hecho de utilizar todos los medios y las armas disponibles para tratar de comprender mejor las cosas que atañen a la vida propia ya que es a partir de un completo entendimiento personal y particular que podremos llegar -con suerte- a un entendimiento colectivo y grupal, o general.
Por esto lo de titular esta entrada como algo "exclusivamente personal", porque además de abordar un tema que puede hacerse propio en cualquiera que lo lea está el hecho de que lo hago a modo de ejercicio para mi, como he hecho con tantos otros temas que desarrollé en este blog para quienes pasen a leerlos, y por supuesto para mi también; y porque además, nada que no aprobara y me gustara ver reflejado aquí (como entradas que traten de cosas lindas, temas de reflexión, puntos que sirvan como ejemplos a seguir, desarrollo de diferentes temáticas interesantes al menos para mi que las postulo, críticas a feas actitudes o accionares públicos o políticos entre otros, desaprobación de lo que signifique el tema puntual a compartir para que sirva de toma de conciencia, etc.) saldría en este canal que he creado para compartir, y que he llamado De todo como en Botica.
Es así que todo aquello que se vivió no se vivió en vano ni quedará descolgado del resto de las vivencias que seguirán viniendo a posteriori. Por eso es fundamental entender el porque de la forma de ser actual, que muchas veces vista desde afuera puede no llegar a entenderse y vista desde adentro (desde uno/a mismo/a) tampoco, porque es importante comprender que nada es porque sí o por puro antojo y que todo viene a sellar y a corroborar algo que se ha experimentado previamente, ya sea hace poco o mucho tiempo.
Sé que las que considero las entradas más jugosas e interesantes en su desarrollo son generalmente las más extensas como ésta y por lo tanto son seguramente las que menos se lean y se visiten debido justamente a ese tamaño "XL" que presentan a simple vista, pero no voy a escatimar en palabras al momento de expresar mi parecer sobre algo por el tema de perder uno o dos lectores, la verdad que no.
Espero que se lea, se entienda, y sirva para replantearse todo lo que tenga que ver con este aspecto de la vida de cada persona que no puede escapar a que lo desarrollado aquí deje de darse en la suya.
No hay que someterse más a la idea de que se ha ido formando una manera de ser de la nada y porque sí, ya que nada es más lejano a este concepto en realidad, y porque todo lo vivido ha ido interfiriendo y afectando minuciosamente en el hecho de ser de tal o cual forma.
Es así y no hay vueltas a la discusión (si es que se diera en algún momento) sobre este tema. Somos lo que hemos hecho de nosotros mismos y aquello que los demás han ido haciendo con nosotros (entendiendo lo  que han ido haciendo con nosotros como algo que es parte de la vida misma y de sus experiencias pasadas, amén de que sea positivo o negativo, como todo lo que forma parte de una vida).
Vivimos, hemos vivido y lo seguiremos haciendo hasta que en algún momento, natural o accidentalmente, dejemos de hacerlo. Por eso el hecho de saberse bien parado sobre nuestra auténtica estructura corporal y espiritual, esa que no nos sea ajena ni incomprensible sino propia y genuina, es determinante para vivir de la mejor manera posible lo que tengamos de tiempo para hacerlo y aprovechando cada descubrimiento al que lleguemos, luego de una reflexión que nos permita redescubrirnos en algún aspecto de nuestra vida que quizás no tengamos tan en claro de porque se da como se da, es necesario y saludable para nosotros y para los demás.
El resto, lo que se vea que somos, así de manera superficial, y lo que se opine sin conocernos, acerca de cada reacción o forma de manifestarnos que asumamos, debe tenernos sin cuidado.

lunes, 27 de mayo de 2013

El arduo camino de ser cada día (un poco) mejor.

La verdad es que yo tengo tanto, tanto que cambiar y mejorar en mi forma de ser que realmente cuando me doy cuenta de todo lo que tengo por delante con respecto a este metier me asusto.
Comento asiduamente en mis redes sociales o en este sitio web acerca del esfuerzo y el empeño que le pongo a todo para poder ser un Ser íntegro y feliz que vaya por la vida sin hacerle mal o significar siquiera una molestia para alguien.
Bueno, el caso es que a veces caigo en la cuenta de que todo el ahínco que pongo por un lado se desvanece cuando por otro debería moverme con la misma prestancia para no caer en lo que deseo erradicar de mi vida y que a feas actitudes e intenciones se refiere.
Me cuesta, pero me urge a la vez, comentar tales falencias de mi vida ya que por un lado no me resulta fácil asumirlas (o mejor dicho sí me resulta fácil pero no me resulta grato) y por otro me parece justo que como comparto lo que significa bueno y provechoso de mi Ser también comparta aquello que lo muestra como realmente es: un cúmulo de sentires e intenciones que están siendo encausados permanentemente en pos del bien de todos; del mío y de quienes me rodean.
Y es difícil, y es complejo abordar una vida (la propia) y salirse de la repetida manera de manejarse en ella basándonos en los impulsos y los arranques con los que habitualmente y desde siempre acostumbramos manejarnos. ¡Claro que es difícil! Sin embargo hay que  poder hacerlo, aspirar a hacerlo al menos, sacando de estos arranques e impulsos arraigados en nuestra forma de ser una enseñanza que nos ayude a modificarlos o erradicarlos cuando nada positivo vengan a sumar en nuestra vida y en la de los demás.
Bueno, como decía; hay mucho que debo cambiar y mejorar en mi forma de ser, es cierto; pero también, claro, hay algo de lo que me siento absolutamente afortunado (orgulloso) y es en el reconocerme diariamente en lo bueno, y principalmente en lo malo que sale de mi, ya que como es altamente favorable distinguir lo luminoso de nosotros mismos para tener más incentivos y fuerzas para seguir superándonos también es absolutamente necesario y renovador encontrarse frente a nuestra propia miseria personal para poder evaluar luego la forma de abordarla y transformarla en algo que venga a significar cosas buenas para nuestra vida.
Por eso, como les decía, es un trabajo que lleva mucha dedicación vivir una vida de buena intención y convivencia altruista con el prójimo y con uno mismo, pero en la dedicación es que finalmente veremos asomar los rayos de esa luz que queremos y buscamos para nuestro Ser y que no significa otra cosa que la felicidad y la paz personal de saberse con un trabajo interior bien hecho.

sábado, 27 de octubre de 2012

Hay magia.

¿Se puede encontrar magia en todo lo que nos toca vivir diariamente? Realmente, ¿se puede?
Aclaremos que no soy yo quien tiene la respuesta a este interrogante inaugural que me convoca, pero sí quien puede -como cualquier persona que lea estas líneas- esgrimir e intentar dilucidar esta premisa.
Sí, yo puedo hacerlo, y vos también podés.
No creo que se requiera de una sapiencia e iluminación especial y privilegiada para llegar a darse cuenta de lo que realmente significa responder a esta pregunta inicial.
Entonces, sí, claro que puede existir, existe y debe existir magia en todo lo que vivamos (veamos) diariamente.
Más o menos evidente y con mayor o menor intensidad, siempre -y según la mirada que se le dé a cada cosa- podemos encontrar y hacer surgir magia en y de donde lo deseemos.
Magia que, traducida como algo brillante que no deje de sorprendernos y admirarnos, está ahí frente a nosotros cada día y que por este mismo motivo quizás desconocemos, no sabemos ver o perdemos la capacidad de distinguirla y apreciarla.
Yo lucho día a día para no perder e incentivar en mí esa cualidad que me sirve para sentirme mejor y más feliz, proporcionándomela yo mismo sin la necesidad de tener que esperar que sea otra parte (ser vivo o cosa) quien me la proporcione. Encontrándola sí en otra parte, pero desde el lugar que a partir de mi firme determinación de no perderme la ocasión de descubrir y encontrar en "eso" que me gusta, alegra y conmueve, facilito la aparición -ante mí- de la magia que necesito diariamente para sentirme especial y feliz, además de comunicado con el universo, que es en definitiva quien nos brinda la oportunidad de presenciar tales momentos únicos y fascinantes que quizás, para otros ojos y otros corazones, pasan desapercibidos.
Existe por lo tanto magia. Y puede haber magia en todo (o en la mayoría de todo, si se quiere) lo que vivimos.
No lo dudemos. Jamás.
Yo no lo dudaría. Hace tiempo que me he dado cuenta.

sábado, 23 de junio de 2012

El que dirán.

Todos podemos (de hecho lo hacemos) vivir para los demás, eso es un hecho. Quien viva solo para si mismo tiene una vida muy solitaria en primera instancia, además de triste y poco desarrolladora.
Y en ese devenir de vivir por los demás es lógico que uno quiera agradar a todos y de la misma manera desee recibir una imagen -externa e interna- agradable de las personas que se nos acercan y entablan una comunicación y relación con nosotros.
Hasta acá todo bien, ¿no les parece?
Bueno, entonces ¿por qué están quienes ven mal que las personas quieran agradar a las demás personas? ¿Cuál sería el problema de estar bien, intentar estarlo interna y externamente, para ofrecer una linda cara de presentación, en todo sentido, a los demás?
Todo esto debido a que están quienes reniegan de los que quieren ser agradables, de los que se muestran con ganas de estar bien desde lo estético (porque no) y desde lo que pueden ofrecer a quienes se acerquen a ellos; y en definitiva ser una persona agradable que gusta de estar y sentirse bien, linda.
¿Será que esas personas que reniegan de todo esto lo hacen porque ellas no logran poder sentirse en un eje que las estimule a estar, o al menos intentar estar o sentirse, lindas? Y entendiéndose "estar lindos" por el simple y loable hecho de querer estar siempre un poco mejor, de verse un poco mejor, y de sentirse un poco mejor para uno en primera instancia y entonces ahí sí para los demás, después.
A grandes rasgos creo que es algo natural querer agradar, gustar y sentir que del otro lado están intentando hacer lo mismo con nosotros. No hay dudas. Desde siempre el hombre y la mujer han venido a este mundo para agradar, seducir e intentar verse bien.
Que nada nos saque de ese eje entonces y que aquellas personas que no pueden encontrarlo, se relajen y traten de comenzar a agradarse a sí mismas y agradar un poco a los demás, que no está mal hacerlo y disfrutarlo.
A animarse! Dale, no es un despropósito ni una falta de respeto para con uno mismo ni para con los demás hacerlo. Es más, quizás los demás LO ESTÉN ESPERANDO!!