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miércoles, 11 de junio de 2014

Los días de lluvia no son tristeza, no son bajón.

La gran mayoría de las personas asocian a la lluvia con días tristes, desgastantes, donde el desánimo y la falta de energía aparecen instantáneamente al caer las primeras gotas. Parecería entonces que solo al aire libre se podría llegar a alcanzar la tan mentada satisfacción personal, entonces.
Pero definitivamente la asociación que más tiene lugar en días de lluvia, y ni hablar si a esto le agregamos durante la estación de otoño o de invierno, es la de la tristeza. -"¡Qué día choto!" es tan común escucharlo de la boca de muchas personas cuando el clima se presenta frío y lluvioso que ya hasta culturalmente parecería que nos vamos autoconvenciendo de que realmente es así si desde niños es lo que nos referencian este tipo de días.
Y no es así; y no hay que ser un erudito en la materia (ahora digo yo: ¿qué materia? ¿clima? ¿emociones? ¿forma de ser? ¿percepción?) para darse cuenta de que el reflejo que le otorguemos a tal condición climática extendida dentro de una determinada época del año solo será parte de lo que llevamos dentro de nuestro Ser cada uno de nosotros y nada más que eso.
Ya intenté dilucidar el tema en "No es el clima o lugar lo que define nuestra forma de ser." pero, como se puede apreciar desde el título mismo, al revés que esta ocasión; aunque de todos modos que el clima haga a la forma de ser de alguien o que la forma de ser se concrete por el clima, poco tiene de cierto con la realidad.
Una cosa muy distinta es que los días grises, para darle un nombre que acerque la idea al punto donde quiero llegar ahora, nos pongan melancólicos cuando sin proponérnoslo suframos en estos días la ausencia de un ser querido que ya no podemos tener a nuestro lado. Aquí la situación cambia y es entendible que quizás al ver caer la lluvia desde un cielo plomizo uno tienda a aflojar esa fortaleza que (aunque no lo entienda bien porqué) puede mantener más en alta durante los días de pleno sol. Pero el hecho es que cuando tenemos todo para ser felices, es decir a los seres que amamos junto a nosotros, una vida que salvo algún que otro traspié o sobresalto como el de cualquier vida humana no nos da mayores dolores de cabeza, y cuando en general estamos siendo plenos en nuestro presente entonces ¿por qué aflojar nuestras fuerzas y tirarnos al sufrimiento o a la mala sangre a conciencia que solo nos pondrá, a cada segundo que lo transitemos, más sufrientes y apagados?
Por eso, días de lluvia, días de sol, estaciones cálidas y calurosas (primavera y verano, respectivamente), o estaciones fresca y heladas (otoño e invierno, en igual concordancia) deben significar lo mismo para quien es un Ser que sólo privilegia y contempla, para vivir y ser, a su interior y nada más que eso; siendo desde su interior desde donde se desprenderán los verdaderos y auténticos días y sus respectivas tonalidades.

lunes, 24 de junio de 2013

Nada tentador.

Nada
es tentador
para salir a la calle
y dejar el calor
del hogar
cuando hace frío
y a través de la cámara
de seguridad del edificio
sólo se ve
la noche,
la oscuridad,
y el frío.
Sí,
el frío.
Porque el frío
también
traspasa la imagen
y se deja ver.
Como esperándonos,
allí afuera,
implacable.

sábado, 22 de junio de 2013

Noche otoñal que anticipaba el crudo invierno que se avecinaba.


Imagen de una de esas frías noches otoñales de algún momento de un día de la semana pasada donde se podía ver, a modo de preludio, una muestra de lo que sería este invierno que recién acabamos de comenzar.

martes, 18 de junio de 2013

Imagen urbana.

Sólo eso, no siempre hay que desarrollar un extenso y comprometido tema.
A veces, al menos en mi caso, con una buena imagen que muestre como esta presentación lo hace, un cielo limpio y claro iluminado por los restos de un sol que ya comenzaba a ponerse, alcanza.
La que ven es entonces una foto tomada el pasado jueves, en horas de la tarde, mientras caminaba con mi perro por la avenida del Libertador, en nuestra ciudad, Buenos Aires; disfrutando del tiempo de verano que se daba por esas horas dentro de este mismo tiempo de otoño que estamos atravesando por estos días, como ya es sabido.
Por eso, sólo una imagen y una breve explicación les dejo esta vez. Sólo eso.

miércoles, 5 de junio de 2013

La encuentro siempre.

Soy una persona que ve belleza en fotografías estéticamente comunes y simples.
Y la veo desde antes de capturar la imagen en una fotografía (donde con una explicación y un "adornado" puede inferirse en su apreciación posterior) como cuadros bellos que no puedo dejar de mostrar en alguna de mis redes sociales o en este mismo blog porque sencillamente nunca más tendré la oportunidad de poder volver a apreciarlas ya que si continúo otra será la imagen que encuentre cuando regrese (de hacerlo) a por ella.
Una vereda, una alta verja, una larga fila de faroles, hojas al pie de la reja que colorean y pintan de otoño la escena, y una hermosa imagen que no dejé escapar ese día -no recuerdo cuando- porque la quería llevar conmigo para compartirla con todos/as ustedes teniendo en cuenta ésto de que de no hacerlo en ese momento perdía la única oportunidad que tenía.

martes, 28 de mayo de 2013

Imagen de un otoño encantador.

Una calle cualquiera de mi barrio es una imagen encantadora que hace alusión directa al tiempo que estamos viviendo por esta época del año.
El otoño, al cual he hecho referencia en alguna entrada de semanas pasadas pero que estando en esta estación y disfrutando de las tonalidades e imágenes que arroja no puedo dejar de seguir trayendo a mi blog, es un tiempo que transforma los colores que ofrece la naturaleza dándole tonalidades luminosas y una gama de tonos que oscilan entre suaves y contundentes.
Imágenes como la de una vereda, cualquiera sea, que otrora puede parecer una fotografía vacua para ilustrar cualquier presentación puede volverse completamente llena de expresión y revestirse de total luminosidad y belleza muy fácilmente en este tiempo, como pueden ver en este caso.
Es cierto también que cada imagen causa una impresión diferente según quien la observe, pero en un punto y acompañando cierto relato específico todas pueden volverse dignas de contemplación y disfrute.
Por esto comparto la que pueden ver aquí, considerada por mí como una imagen más de un otoño encantador.

sábado, 13 de abril de 2013

Otoño.

Es el paisaje de este tipo de días, propio de esta estación del año, una sucesión de imágenes que se acercan a la calidez, si bien fresca aunque suene contradictorio, de las jornadas en las que el sol brilla con menos fuerza que en el verano que ya ha quedado atrás y donde las temperaturas van oscilando entre frías y moderadas para ir preparando a nuestro cuerpo para los tiempos que desde ahora en más comienzan a hacerse presente por estos lares del mundo.
Amarillo, marrón, anaranjado, colorado, y colores de este estilo van cubriendo nuestra visión al ir por la calle.
Colores poéticos si se quiere, que muchas veces van acompañados del característico sonido a hojas de árboles que se mueven en sus copas por el viento o que simplemente caen sobre la vereda frente a la imposibilidad de seguir manteniéndose adheridas al árbol que las vio nacer y crecer para ahora verlas marchitarse y caer.
Como decía, todo remite a poesía y melodía en este tiempo y es así que un cúmulo de hojas que en otra estación del año es suciedad que afea las calles, por estos días es color y fotografía característica del momento presente, y lindo por cierto, que vamos atravesando.

martes, 3 de julio de 2012

Noches de frío.


En este tipo de noches,
mientras disfruto del calor de mi casa,
no puedo desligarme totalmente
de la idea que viene a mi mente
de toda la gente que está en la calle,
durmiendo a la intemperie
y padeciendo el mismo frío que yo,
con la diferencia de que yo
lo combato con la ayuda de la calefacción
y de un techo básicamente,
mientras que ellos
solo esperan poder encontrar un lugar
donde refugiarse del clima hostil
propio de esta época del año.
No es apología de la compasión
sino algo que siempre tengo en mi cabeza y en mi corazón.

lunes, 18 de junio de 2012

Épocas de frío que alientan al calor de hogar.

Es, el otoño y el invierno, el tiempo del año en el que, producto de las bajas temperaturas y el acurrucamiento general que se da en las personas que tengan la suerte de poder hacerlo junto a otra (persona) o compañero de la raza animal, todo da para que sea más slow (para decirlo de alguna manera), no tan enérgico y de por si más tranquila y moderadamente en el correr de los días y especialmente durante los fines de semana ya que como ejemplo basta tener en cuenta que el carácter y la forma de ser de quienes viven en zonas tropicales, cálidad y/o con mar, como Brasil, tienen un espíritu muy diferente y mucho más enérgico y extrovertido que quienes provienen de lugares fríos, neblinezcos y brumosos.
Teniendo en cuenta esta fundamentación es que me baso en la idea de que los meses de frío aplacan a la gente y todo se vuelve más "casero y hogareño" en sus vidas, principalmente repito en los fines de semana.
Si bien son meses duros, desde las bajas temperaturas que forman un combo climatológico extremo y muchas veces hasta fatal, cada tanto ese frío -mientras no signifique tener que enfrentarlo en la hostilidad de no tener un lugar donde poder refugiarse y resguardarse del mismo- significa una linda manera de disfrutar del hogar, de la calidez del "estar adentro" y de todo eso que implica aprovechar además del calor real el otro calor que es el que recibimos al estar más tendentes a la aproximación y al compartir de una forma más cercana todo tipo de vínculos con quienes comparten nuestra casa.
El otoño ha llegado, se nota, y la bajas temperaturas así nos lo recuerdan por estas horas. A acercarse un poco más que de costumbre entonces a quien uno más desee o a quien más cerca tengamos, y a disfrutar del gélido tiempo que estamos atravesamos y que aún nos queda por atravesar por un par de meses más.