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miércoles, 29 de junio de 2016

La escritora que dibuja con letras.

Los cuentos, relatos, de Griselda Gambaro tienen ese toque que los hace pasar a ser momentos que ─mientras se los lee y tiempo después de hacerlo─ se transforman en un río de imágenes que no se puede evitar permitir que siga su curso.
Leer siempre ha llevado a los lectores a diferentes mundos, a diferentes emociones, y a un montón de estados y lugares comunes más. Pero, justamente, muchas veces los relatos solo nos llevan a situarnos en lo antes descrito sin poder focalizar la imagen concreta de lo narrado, en lugar de ponernos frente a las hojas como si estuviésemos frente a una pantalla de cine viendo claramente la historia que leemos —no queriendo decir con esto que lo leído en esos casos sea malo o carente de expresión porque no nos lleve a identificar contundentemente una escena sino sólo a encontrarnos en una vaguedad emocional que la mayoría de las veces nos deja movilizados y nada más─.
Vale una salvedad y aclaración en este momento del relato para corroborar que en cualquier tipo de ─buenas─ lecturas nos transportamos y viajamos con éstas, y la diferencia puede estar en que con algunas quedamos en el sentirnos quizás todos inmersos en ese relato y con otras podemos además observarlo todo desde afuera viendo claramente cada detalle de lo contado gracias a la descripción obtenida.
Bueno, Gambaro nos permite tomar este lugar y sentirlo en carne propia pero sin dejar de estar mirándolo desde un hito apartado, y es ésta realmente una virtud. Y hablo de hacer de las letras imágenes concretas, específicas, puras y absolutamente visibles.
Yo soy lector empedernido ya que no existe momento o época de mi vida en la que no esté leyendo uno, dos y hasta más títulos de cualquier género literario. Pero cuando por ejemplo de libros de cuentos se trata, en los que es fácil comenzar y terminar determinada historia pudiendo pasar a otro libro para después retornar al anterior sin haber perdido el hilo de nada ya que la historia leída terminó en su momento, esto de estar leyendo varios libros a la vez se vuelve absolutamente fácil por el mismo tema de que no hay que estar recordando la historia dejada en el libro anterior, como decía recién, porque al volver únicamente será menester comenzar con una nueva, la siguiente, que forma parte este compendio de cuentos y relatos.
Decía que soy un lector empedernido y por lo tanto en mi vasta lectura que va desde un José Lezama Lima o una J. K. Rowling pasando por Margerite Duras, Italo Calvino, Clarice Lispector o Ian McEwan, hasta un Roberto Arlt o un Mai Jia, por citar algunos nombres, me he encontrado con diferentes estilos y abordajes de narraciones y siempre de todos he obtenido lo más brillante y lo más oscuro que se escondía en ellos ya que esa también es la tarea y la misión de los lectores. Por eso, cuando el brillo es tan grande que permite dibujar y observar como en una película lo que se va leyendo es necesario resaltarlo y comunicarlo a los demás porque quizás haya alguien que pueda interesarse en leer y ver este tipo de relatos tan gráficos que, una vez descubiertos, serán del total provecho para el afortunado lector o la afortunada lectora.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Las hay de todo tipo.

Algunas imágenes plasmadas generalmente en fotografías, de tan comunes cuando son tomadas con algún accesorio extra como puede ser la luz solar iluminando de manera particular o algo así, se vuelven cuadros que dejan de serlo para convertirse justamente en eso, particulares.
Yo veo en muchas de las fotografías que suelo tomar con mi BlackBerry cuando ando por la calle, cuando no con mi cámara personal que sin llegar a ser profesional es una cámara y por lo tanto captura mejores imágenes que mi smartphone, que tienen algo que las hace salir de lo ordinario de una foto común para terminar siendo una diferente ilustración fotográfica.
Ya lo he comentado y he hecho alusiones fotográficas a dicho tema en entradas anteriores pero resulta que al encontrarme frente a alguna foto de este tipo, vuelve a surgir en mi la necesidad de no dejarla pasar y llevarla conmigo en el medio de captación que tenga más a mano, para compartirla luego, por supuesto con tod@s ustedes.

martes, 11 de junio de 2013

La fuente de agua.

Siempre me gustaron las fuentes con sus diseños y la gracia que representan -para mi- las diferentes, valga la redundancia, presentaciones en donde los chorros de agua salen, suben, bajan y se mueven continuamente en ellas de las más disimiles maneras que uno pueda imaginar.
Siempre, o al menos desde hace varios años y principalmente desde que surgieron los smartphones y desde antes con los celulares más avanzados para la época que pude tener, fotografiaba cada fuente que encontraba en mi camino.
Sigo haciéndolo, claro, muy a menudo; principalmente cuando veo una que nunca vi y que por lo tanto retrato para tenerla en mi archivo fotográfico.
Ésta que ven aquí es una de las pocas que más veces he fotografiado porque está a dos cuadras de casa y siempre que paso por allí (cuando no voy con premura) me detengo a observarla ya que en su sencillez de diseño y belleza particular me atrae y me llama a pararme frente a ella a disfrutar de la imagen y el delicioso sonido del agua cayendo que brinda a quienes como yo se detienen a mirarla y disfrutarla.

martes, 28 de mayo de 2013

Imagen de un otoño encantador.

Una calle cualquiera de mi barrio es una imagen encantadora que hace alusión directa al tiempo que estamos viviendo por esta época del año.
El otoño, al cual he hecho referencia en alguna entrada de semanas pasadas pero que estando en esta estación y disfrutando de las tonalidades e imágenes que arroja no puedo dejar de seguir trayendo a mi blog, es un tiempo que transforma los colores que ofrece la naturaleza dándole tonalidades luminosas y una gama de tonos que oscilan entre suaves y contundentes.
Imágenes como la de una vereda, cualquiera sea, que otrora puede parecer una fotografía vacua para ilustrar cualquier presentación puede volverse completamente llena de expresión y revestirse de total luminosidad y belleza muy fácilmente en este tiempo, como pueden ver en este caso.
Es cierto también que cada imagen causa una impresión diferente según quien la observe, pero en un punto y acompañando cierto relato específico todas pueden volverse dignas de contemplación y disfrute.
Por esto comparto la que pueden ver aquí, considerada por mí como una imagen más de un otoño encantador.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Guiños que son imágenes.

Llegar al parque junto a mi perro y que me reciba una tarde soleada de otoño como la retratada en la imagen es  realmente algo único y sumamente valorable.
Al menos lo es para mí y por eso, y quizás una vez más, voy a recaer en el hecho de hacer notar las bondades de saber apreciar el estado natural de las cosas y las pequeñas imágenes y sensaciones que podemos captar a través de, valga la redundancia, pequeñas cosas que vivimos.
Es real y hay que estar convencidos de que todo lo que llega a nosotros llega por algo. Se hace presente quizás para llevarnos hasta un lugar que no repararíamos normalmente en el trajín de nuestra jornada si no fuera por eso que nos hace trasladar automáticamente hasta algún sitio que tan bien nos hace reconocer.
La vida tiene sus pequeños guiños, definitivamente, y es cuestión de estar dispuestos a verlos para poder reconocerlos. A lo largo del tiempo, de todos modos puede pasar que aunque no se esté a la espera de ellos de alguna u otra manera sean tan evidentes que terminemos por encontrarlos y disfrutarlos.
Imágenes, fundamentalmente imágenes de cualquier tipo, forma y color; aparecidas en cualquier lugar y en cualquier tiempo, son los principales guiños que la vida nos estará haciendo en muchas oportunidades.
Es hermoso pensarlo así y saberse presto a descubrir esa imagen que nos haga sentir muchas cosas también hermosas.
Es ideal vivir en esa forma, sorprendiéndonos y maravillándonos de la vida y de cada cosa que ésta no pone delante.

martes, 23 de abril de 2013

Pequeños milagros de cada día.

Casi diariamente, o según la intensidad que yo le dé, puedo ver estos comienzos de atardeceres que se dan en el parque, cuando voy al caer del día con mi perro para que éste pasee, juegue, corra y haga sociales con otros perros.
Soy afortunado, ya lo creo, porque ver estas imágenes en vivo y en directo y apreciarlas y valorarlas es algo que seguramente no todos puedan hacer.
Yo, por ejemplo, disfruto y mucho de este tipo de cosas. Las vivo y las siento en total libertad y con el real sentido que tienen, justamente el de la libertad, además del de la belleza.
Porque ¿qué pasa si por estar acostumbrados a algo por tenerlo ahí en nuestras narices no le prestamos la debida atención? Nada, realmente nada; pero, entre admirarlo y gustarlo o no reparar en él, elijo lo primero ya que no soy como ese tipo de gente que sólo valora (añora) las cosas cuando no las puede tener a su alcance cuando lo desea.
Por tal motivo creo más que oportuno compartir mi dicha, por ser espectador de este paisaje, y transmitirles a todos ustedes la necesidad, es más, la imperiosa necesidad, de volver a caer en la cuenta de estos pequeños milagros que nos regala la vida cada día.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Mirar a través de.

Es muy común en esta época, en la que la tecnología asociada a las comunicaciones y a los dispositivos en general se ha apoderado y lo sigue haciendo en forma casi total de la vida de las personas como usuarios, que uno dé paso a otra forma de ser -y hacer- en lo que respecta a las cosas que antes se llevaban a cabo de una manera y ahora, con la aparición e incorporación de estas nuevas tecnologías, se dan  y hacen de otra.
Me pasa, y me he dado cuenta que muchas veces pierdo la visión real de algo que considero bello, interesante o digno de fotografiar -y aquí entra el punto en cuestión- ya que por querer retratar eso que encuentro hermoso o diferente, por ejemplo una escena que podría apreciar y disfrutar en el tiempo real, me pierdo de esta posibilidad (la del ahora, la del tiempo real) por querer dejarla plasmada para siempre en una instantánea de mi cámara digital, aplicación fotográfica del teléfono móvil o smartphone,  o alguna otra vía de captación de imágenes que me provea esta tecnología.
Por tal motivo, al menos yo, quiero volver a ver sin filtros -fotográficos- esas imágenes que al desaprovechar en su momento real seguramente pierden su verdadero efecto y no producen lo mismo que cuando se las repasa y observa junto a otras fotografías, en un tiempo y momento distintos a los genuinos en los cuales tuvieron lugar.
Basta de ver fotos en otro tiempo y resignando para ello el momento presente. Yo quiero recomenzar, conscientemente, a ver las cosas en su debido tiempo, cuando aparecen y suceden.
Propongo que hagamos todos lo mismo y que las fotos tengan lugar, sí, pero no a cada instante y ante maravillosos momentos y espectáculos visuales que merecen disfrutarse en vivo y en directo y no fotográficamente.