Mostrando entradas con la etiqueta hablar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hablar. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de marzo de 2016

Dato curioso.

¿Se han dado cuenta que cuando, en medio de una conversación, queremos indicar que algo es negativo en nuestro interlocutor comenzamos diciendo "a mí me parece que…" para luego continuar la oración; y si por el contrario ese algo es positivo decimos directamente "vos sos/estás…" y largamos lo que vamos a decir, así sin más?
No es algo que se me ocurra a mí, ni mucho menos, sino que está comprobado que así se da cuando tienen lugar una u otra situación ─decir algo negativo o positivo del otro en una conversación─ y escuché hablar de este tema en programa de radio durante el fin de semana y me pareció que no dejaba de ser interesante la idea.
Yo, por mi parte, opino que debe ser que, ante la objeción negativa que podemos llegar a hacerle a alguien, preferimos comenzar suavizando la sentencia con ese "a mí me parece que..." (o similares) que podría dar a entender que estamos aceptando, quizás de antemano y a modo de autoprotección, estar errados en nuestro parecer.
Y con respecto al tema de que cuando vayamos a decir algo positivo del otro no demos demasiadas vueltas o no andemos con rodeos me parece que tiene que ver con que cuando sabemos que vamos a expresar algo ─en definitiva─ bueno, y que por otro lado a todo el mundo le gusta escuchar sobre sí mismo, no precisamos de ningún artificio de protección previo y por lo tanto exponemos directamente la idea comenzando con ese "vos sos/estás..." (o similares).
Bueno, básicamente de esto trata la entrada que ofrezco en este momento, sólo de esto. Como les decía, al escucharlo durante el fin de semana en un programa radial, me llamo la atención darme cuenta de que nunca me había puesto pensar en esto, como quizás tampoco jamás ustedes lo hayan hecho, y por tal motivo, y porque ─repito─ no deja de parecerme un dato curioso, quise compartirlo con ustedes. Hasta otro momento.

lunes, 10 de febrero de 2014

¡Las palabras son hermosas!

Partiendo de la base de que todo sería nada sin ellas, es más, ahondando en el extremo de ser realmente justos en la apreciación y diciendo que tampoco sería nada, ya que no podríamos denominar algo que no conociésemos; sin las palabras, la vida (si pudiera concebirse ésta sin ellas, en su existencia moderna) sería un páramo desolador, tosco e impotente.
Ellas vienen a completarnos, en el más profundo sentido de esta noción, ya que nos permiten expresarnos -en primer y fundamental lugar- y ser quienes somos en nuestro darnos a conocer ante los demás con nuestra forma de ser, expresada a través del hablar y del escribir propios; como sucede en este caso con cada entrada de mi blog por ejemplo, que no es otra cosa que una representación a través de las palabras de lo que se aborda en él y también a través de quien lo promueve y lo lleva adelante (yo), por supuesto que de igual modo a través de las palabras también, claro.
Por eso, si son tan importantes y necesarias en la vida humana ¿por qué no hacer un correcto uso de ellas?, ¿por qué?; es más, ¿por qué no usarlas al menos?, ¿no?
Es apreciable, en primera instancia, que la gente desconoce seguramente más de la mitad de las palabras que pertenecen a su propio idioma y que de igual manera se conforma y auto abastece con las que ha ido aprendiendo, y nada más; ya que en general las personas no recurren al mecanismo innato de quienes aman profundizar su lenguaje y expresión adoptando toda palabra nueva que escuchen o lean por ahí, para enriquecer su vocabulario y su forma de expresión, sino que vagan errantes en el mundo de las palabras con esas que traen consigo y que no les interesa complementar con otras nuevas, que desconozcan.
Es tan basto el campo de la expresión oral y escrita que si nos detenemos a pensar un momento en las diferentes maneras que existen de decir un mismo significado no puede no darnos ganas de usar todas las alternativas que tengamos para ello.
Que el vocabulario, amplio, rico y distinguido por la variedad y elocuencia de sus palabras es algo reservado para unos cuantos que tienen determinado acceso cultural para replantearse estas nociones es algo cierto pero solo en una primera instancia, ya que basta con querer sentirse cada día un poco más completo desde el lugar de la comunicación personal y social para pretender acrecentar nuestra elocuencia en la forma de hablar y escribir, y obrar entonces en consecuencia de ello.
Yo adoro escribir y hablar correctamente. No digo usando ampulosas palabras porque sí, sin más; sino cuando éstas vienen a mi, inconscientemente, al tiempo de transmitir lo que quiera comunicar, responder, exponer o decir.
Al momento de incorporar nuevos vocablos quizás sea necesario usarlos más de la cuenta para fijarlos y que pasen a engrosar nuestro archivo mental, ése que se hace presente y nos permite expresarnos automáticamente cada vez que hablamos o escribimos. Luego, como es sabido, será parte del bagaje de nuestro léxico y estará disponible las 24 horas para ser utilizado por nosotros, pasando a formar parte de nuestro lenguaje formal y coloquial, ése que nos distinga al momento de usarlo y transmitirlo.
Es una sensación sin igual la de sentir que no hay barreras para la comunicación y que podemos transmitir, poniendo en palabras, eso que queremos contar y dar a conocer. Todo en la comunicación es hermoso y súper alentador cuando descubrimos que podemos hacer uso de ella sin plantearnos el hecho de no comprender aquello que nos digan, pudiendo además gozar de un amplio abanico de posibilidades al momento de lanzar nosotros las ideas, los comentarios y las expresiones de todo lo que nos pase o sintamos.
Es así de maravilloso el mundo de las palabras, absolutamente frondoso y fructífero; que al usarlo y profundizar en él se agiganta y nos precia de la mayor gratificación, esa que se siente al escucharse hablar o leerse y darse cuenta de que buenas composiciones salen de nuestra continua formación; comprobando que solo la intención y la autodeterminación de conocer, averiguar y descubrir eso que hasta hace algún tiempo era desconocido para nosotros alcanza para comenzar a movernos en el campo del auténtico placer gramatical que genera ganas de leer y de escuchar; y también porque no, de leerse y de escucharse.

martes, 30 de abril de 2013

Las palabras.

Tenemos que poder ser conscientes en todo momento que nuestras palabras nunca pasarán desapercibidas en quienes nos estén escuchando en determinados momentos. Jamás.
No podemos decir lo que se nos antoje así porque sí con la solo excusa de: "total son palabras".
Y sí, palabras, nada menos. ¡Justamente palabras! Pocas armas son tan lacerantes e hirientes como las palabras, que una vez dichas y echadas a andar no detienen su camino jamás; volviendo bastante difícil la tarea de tratar de revocar lo dicho en el caso que fuera necesario.
Todos hemos sido presa de algunas palabras recibidas que han causado una herida en nosotros, quizás cuando quien las decía ni imaginaba que efecto tendrían. También, para ser honestos, habremos sido victimarios con palabras tiradas al aire sin ton ni son y direccionadas a personas en momentos y con ímpetu equivocados.
Quizás ofendan o lastimen las palabras escritas en este mismo momento, puede ser; porque en definitiva son el bálsamo o la condena que se provee a través de ellas, usadas como uno de los canales más importantes de expresión (sino el más) en el trato entre seres humanos y cumplen la función, adrede o sin quererlo, de acercarnos o alejarnos.
Tratar de ser cautos al hablar, esa es la clave. Ya pasó el tiempo vociferante, grosero e irracional, aunque nunca fue su momento en realidad. Pero así y todo, ahora, en este tiempo, no hay que dar lugar ni permitirlas. Ni a las propias, ni a las ajenas.
La forma deberá ser abordada con tacto y quizás vaya surgiendo en el mismo momento. Y es así, si no lo hacemos con nosotros mismos y con los demás, pero ya y desde ahora, no lo haremos más, y creo que es perentorio remitir a las palabras sabiendo que solo cosas buenas significan en quien las usa y en quien las recibe.
Armonía, paz, amor, felicidad, belleza, luz, y tantas otras son ejemplo de hermosas palabras y de que hay una oportunidad de hacer algo bueno con ellas desde ahora y para siempre. Y a través de ellas con nuestros vínculos, nuestra forma de relacionarnos; con nuestra vida y la de los demás.


viernes, 22 de febrero de 2013

Las he buscado.







He buscado miles y miles de formas de expresarme y de decirle a algunas personas algo, no importa que, pero algo que en ese momento era pertinente expresar; pero ¡que difícil!, por no decir imposible, resulta tratar con la ignorancia!