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lunes, 21 de noviembre de 2016

Uno es lo que elige.

Todo eso que por esas cosas que tiene el destino nos toca elegir en nuestra vida (porque sepan que en la vida, salvo aquello que nos cae ─como se decía cuando yo era chico─ "como peludo de regalo", todo se elige) es lo que en definitiva habla de nosotros mismos.
Yo, por ejemplo, siempre opté por ubicarme en el lugar menos problemático posible que se pudiera dar ante una afrenta en la cual me viera involucrado. También, y consecuentemente con lo anterior, siempre evité generar todo tipo de disturbios, ya sean éstos de índole grupal, familiar o personal. Ese lugar, el de la discordia y la revuelta que podría caracterizarse como la erupción de un volcán, siempre supe que no era lo que mi alma y mi espíritu necesitaban.
Desde pequeño también opté, sin darme cuenta en un principio, por el amor hacia los animales. Siempre me gustó estar en contacto con ellos y tratar de acercarme lo máximo posible para interactuar de una manera diferente a la que yo podía ver que llevaban adelante otros chicos y otros adultos. Quizás tenga que ver con que en determinado momento de mi infancia, con tan sólo cuatro años y apunto de cumplir los cinco añitos, por motivos personales ─familiares─ me vi obligado a irme a vivir al campo con mis abuelos en donde definitivamente se marcaron para siempre mi carácter, mi afinidad y mi gusto por lo natural antes que por lo urbano y, podría asegurar sin temor a equivocarme, mi personalidad y mi forma de ser.
Tal es así que si bien en la actualidad vivo en una gran ciudad y no tengo ningún interés por el momento de alejarme de ella para optar por una vida en las afueras o directamente en alguna zona rural yo sé que esa esencia más "bucólica" (para llamarla de alguna manera) que anida en mí se traslada a gran parte de las decisiones que tomo de adulto y que marcan mi vida contundentemente.
Por esto hablaba de que las decisiones que uno toma y las cosas que uno elige en su vida lo marcan; y agrego ahora también que están directamente relacionadas con el bagaje interno y extremadamente personal que uno trae consigo de todo lo que ha caminado hasta el momento en el camino de su vida.
Tal es así que nunca opté por cosas por las que se inclinaba la mayoría de la gente que conocía. Y no para diferenciarme, o por mera rebeldía a hacer lo más común. Fue, sin dudas, porque no me encontraba absolutamente convencido ni atraído para inclinarme por tales elecciones, y porque las que me llamaban la atención y me atraían con todo su imán hacia ellas eran otras que por ahí el resto desestimaba por diferentes o extrañas.
Y sí, cada uno es como es. En determinado momento ─infancia─ no se elige la forma de llevar adelante la propia vida pero luego, de adultos, reconfirmamos que así debíamos ser, porque sino sólo bastaría con ponerse en mente cambiar de camino para así poder hallarse en otra forma de ser que bien podría encontrarse buscando entre una u otras hasta dar con la adecuada.
Dentro de lo que yo podía diagramar y digitar siempre me sentí a gusto con quién era, donde me veía ubicado con respecto a todo mi entorno y contexto, y con las cosas que veía que había obtenido sólo para mí ─internamente─ de acuerdo a las elecciones que había llevado acabo, en lo que al historial de mis recuerdos se refiere.
Mi vida ha sido un conjunto de decisiones tomadas no quizás "a troche y moche", como también se decía cuando yo era chico, sino en el momento justo (justo para mí, por supuesto) y sólo porque yo deseaba y necesitaba tomarlas; y nunca ─jamás de los jamases─ porque otros desearan que así fuese.
Por eso toda esta introducción previa para volver a expresar una de mis decisiones más importantes llevadas adelante hace más de tres años, que me ha acompañado y que se ha visto flaqueada varias veces pero que hoy, con más de cuatro décadas de vida encima, me tiene más fuerte y firme que nunca en su convicción y compromiso de llevarla adelante como una bandera inclaudicable de bajar y de esconder; haciéndome un ser más aceptable para mi propia aceptación con respecto a los demás pero en primer lugar a mí mismo, y convirtiéndome esencialmente en una persona más feliz y menos responsable del gran daño que se le hace al universo y, en especial a ellos, a los animales.
Yo elijo la vida vegana, entonces, porque no quiero lastimar a nadie y porque deseo poder mirar a los ojos a todos los seres vivos que cuentan con un sistema nervioso central ─que les produce sufrimientos pero también emociones y alegrías─ y seguir mi camino por esta vida despreocupado desde el lugar de que cada paso que yo dé no significará una ofensa, un maltrato o una discriminación para nadie, absolutamente para nadie.


miércoles, 22 de julio de 2015

“-Y bueno, cada uno hace lo que quiere, total…”

Pienso que mucha gente a veces va confundida por la vida con respecto a la forma de ver o pensar sobre algunas posturas asumidas por otros frente a determinadas cosas. Por ejemplo: uno puede pensar que es un estilo de vida adoptar un modo de vestir o de llevar cortado el cabello o, si se quiere, de profesar cierta creencia o ideología. Ahora bien, cuando se habla de tomar una decisión para la propia vida que también, y en forma principal y absoluta, apunta a mejorar y salvar otras vidas, como es el caso de asumirse vegano (o en una primera instancia vegetariano) para evitar la explotación, el maltrato y la muerte de los animales, no se puede asumir la misma manera de verla y pensarla como una (otra) postura (más) ante la vida porque sería reducir demasiado una actitud que excede la mera opción de hacer algo para uno mismo poniéndola al mismo nivel de otras que podríamos llamar “snobs” en donde sí se hace algo, repito, por uno mismo. Dicho de otra forma; sería como no querer o no poder ver y/o entender la totalidad de tal elección (no ver el bosque y quedarse sólo con un árbol) que viene a significar una modificación que se hace en realidad por los demás, en este caso por los animales, y no por uno mismo; aunque de todos modos la mejoría también le toque a quien asuma este cambio alimenticio y de otras elecciones ya que se mejora su forma valorar y modo de alimentación y, de ahí en más, seguramente su vida, toda. Pero volviendo al punto principal, creo que una elección de esta naturaleza no puede ser tomada a la ligera como una postura de vida, como diciendo: “-Y bueno, cada uno hace lo que quiere, total…”, como otra cosa más de las que tantas veces hemos comenzado a hacer (una clase de spinning, por citar algo) para luego dejar de hacer al tiempo; porque se estaría reduciendo a un gusto o a una selección “a la moda” en todo caso (quizás pasajera, porqué no) y no a lo que realmente es: ayudar desde cada uno con el pequeño aporte personal a evitar el sufrimiento, la explotación y el maltrato sobre otros seres vivos resignando gustos y placeres gastronómicos y de otros estilos que pasan a ser reemplazados por otros que no conllevan ningún tipo de perjuicio para su obtención sobre ninguna otra vida; gustos y placeres gastronómicos que quizás no tendrían porqué dejarnos de gustar pero que, repito, ya no nos interesa consumir en pos de colaborar con el hecho de participar en la acción de evitarles sufrimientos a ellos, lo recalco otra vez, los animales. Y tan cierto es esto último, que además define en gran medida lo que hacemos los veganos (y vegetarianos que van camino al veganismo), que resumo la idea dándole cierre diciendo que los animales que dejamos de comer, de usar como vestido, calzado, accesorios de nuestra vida, entretenimiento, etc., no tienen porqué pasar a desagradarnos automáticamente en esas formas en las que antes éramos sus “usuarios”; y en eso consiste lo grande de tal elección: que siendo un placer que antes disfrutábamos ahora elegimos resignarlo en pos del amor por la vida y porque no queremos seguir siendo partícipes de ese engranaje sociocultural tan añejo, provecto y vetusto que ocasiona egoístamente sufrimiento innecesario sobre vidas inocentes que son maltratadas y, en última instancia, asesinadas para el deleite humano.

jueves, 29 de mayo de 2014

El veganismo y la lucha contra el especismo son motores para mi vida.

Antes de volcarme de lleno a vivir una vida vegana y antiespecista, desde todos sus ángulos y desde donde se la mire, ya en pequeñas acciones y elecciones demostraba una intención de no sumarme a la masa que cultural y folclóricamente adopta posturas que nuestros progenitores y nuestros antepasados han ido llevando adelante desde tiempos inmemoriales.
Por tal es que yo, por ejemplo, siempre tuve un poco menos que repulsión al huevo de gallina, de codorniz y de cualquier ave "ponedora" no pudiendo comer jamás en la vida fideos amasados al huevo (me producía literalmente ganas de vomitar darme cuenta que la pasta era de ese estilo) y consumiendo siempre y hasta el día de hoy fideos de pasta seca de sémola o integrales, pero nunca al huevo.
Tampoco me era atractivo vestirme con ropa de cuero, ni siquiera en mi adolescencia cuando era un "boom" total hacerlo y era la "onda" absoluta tener alguna campera, bolso, o accesorio de este material de un ser vivo (ya muerto en ese caso).
Muy esporádicamente miraba películas en donde los animales recibieran algún maltrato (a pesar de saber que en la mayoría de los casos lo que se ve en las escenas es ficticio con respecto a lo que se hace con ellos en la realidad del set de filmación) y era de mi agrado, cuando jugaba, jugar a que era un animal. Por ejemplo: jugando en el patio de mi casa con un amigo del barrio, creo que con mi hermana, y no sé bien si con algún otro chico más también, recreábamos la serie Daktari y yo siempre era Clarens, el león bizco de la tira.
Algo que sí amaba, muy contrariamente a todos los signos antiespecistas que daba de pequeño, era ir al zoo. En verdad lo amaba, pero me quedaba horas frente a las diferentes jaulas de los animales allí encerrados tratando de que me vieran, de que me miraran a los ojos; y la verdad que cuando lo lograba, especialmente con el viejito orangután del Zoo Porteño, me costaba horrores irme, continuar el recorrido, porque, amén de que me gustara estar haciendo ese paseo, en ese preciso instante del intercambio de miradas me sentía triste y con enormes ganas de abrazarlo ya que nuestro contacto visual, cuando se daba, se prolongaba mucho tiempo a través del grueso vidrio que separa a estos seres cautivos de la gente que va a observarlos.
Por lo tanto siempre tuve una marcada afinidad a amar y a sufrir, desde el lugar que yo ocupaba, la tristeza que los animales pudieran sentir, ya que tomo esto último del orangután anciano como un mimetismo que yo buscaba alcanzar al querer cruzar miradas con él; una mirada, la suya, tan triste (quizás en ese momento no lo notaba en su total magnitud) como la que solo ofrecen los seres presos, sufrientes y egoístamente privados de su libertad y plenitud por el ser humano egoísta.
Y si de pequeños nos van fomentando la aceptación y "normalización" de todas estas costumbres no es menor que yo me haya "salido" de ese molde especista, y estos indicios que comento junto a otros muchos que no agrego para no hacer tediosa la lista y la lectura son motivo personal de mi orgullo y de mi felicidad por abrazar esta filosofía de vida que no hace otra cosa que hacerme un hombre de bien y liberarme de esas cadenas que me ponían (sin saber) los mayores, en concordancia a la costumbre de aceptar y transmitir esas mismas cadenas que ellos también traían generacionalmente puestas, y haciendo mi liberación "el motivo" más contundente de este deseo e intento propio de que todos los seres vivos que sufrimos (pero que también gozamos) podamos liberarnos y ser felices. Libres y Felices.
Por eso
EL VEGANISMO Y LA LUCHA CONTRA EL ESPECISMO SON MOTORES PARA MI VIDA.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Hoy y Siempre.

En este DíA MUNDIAL DEL VEGANISMO quiero contar un poco acerca de mi intención de sumar gente a esta forma de vida que es una verdadera causa por la justicia, el respeto y el amor, justamente hacia la vida en cualquiera de sus formas y presentaciones, cuando se trata de seres que podemos sentir y experimentar todo tipo de sensaciones, lindas y feas, en nuestro cuerpo y en nuestra corazón, porque no. 
Ser vegano no es otra cosa que abrazar la compasión, bien entendida, que estima y reconoce que todos los seres vivos "sintientes" tenemos derechos que deben ser valorados y respetados y no aquella que se asume como una dádiva o lástima que se canaliza por este modo de vida (vegano), ya que nada más lejos en nosotros, y hablo por mi, el hecho de sentir pena por los animales. Nunca sentiré pena por ellos, como quien siente algo que no es otra cosa que superioridad por sobre aquello que contempla y lo conmueve. 
Nosotros, los veganos, sentimos amor por los animales, y respeto. De ahí que viene nuestra necesidad de no optar por lo fácil y establecido culturalmente de facilitarnos algunos aspectos de la vida como el de la vestimenta, la alimentación, la diversión y entretenimiento, y tantos otros, a costas de la exposición, maltrato, y muerte de los animales. 
Por eso también promovemos, desde lugar que sea y a través del puente o canal que está a nuestro alcance, la idea de que sumarse a esta modalidad de vida es en primer lugar satisfactoria y positiva para cada persona que lo haga por el simple motivo de que la salud será la primera beneficiada; la salud física y la espiritual, por supuesto. Y de más está decir que es un respaldo y un escudo para ellos, los animales, porque entregándonos a la realización de una vida vegana estamos cooperando con su conservación y la mejora de su calidad de vida; permitiéndoles básicamente, nada menos que vivir. 
Por eso amigos, no demos la espalda a todo lo que venga a sumar en nuestra vida y en la de los demás. Seamos solidarios y amorosos con todos. No distingamos entre unos y otros, olvidando que el sufrimiento y el dolor pueden aparecer en cualquiera de nosotros. 
Démosle una oportunidad a la vida y al altruismo, en su más acabada y bella forma, abrazando la vida vegana para redimir a gran parte del mundo del dolor, la miseria, la injusticia y la maldad.

martes, 9 de abril de 2013

Para no ver más imágenes tristes y agobiantes como éstas.

¿Cuál será el mal ímpetu o motivo egoísta que mueve a una persona o asociación, y posteriormente a los individuos de una sociedad, a aceptar quitarle la libertad a un individuo que siente y desea ser libre como todos los seres vivos del planeta?
Es injusto y desesperante para la media de los seres vivos ser privados de la libertad cuando nada malo se ha cometido y cuando el derecho a ser libres es algo inalienable de cada individuo.
¿Por qué entonces no contemplamos esta idea para otros seres, diferentes a nosotros los humanos, y los encerramos en jaulas, peceras, cajas de cristal, y demás recintos que lo único que hacen es alejarlos de su sitio natural, ese que les debería tocar para vivir y desarrollarse plenamente junto a otros seres de su especie y del resto de las especies vivas que merecen los mismos derechos que los seres humanos, por ejemplo?
Es injusto, repito, que nada se haga con respecto a la quita de derechos de algunas especies, la animal básicamente, y que todo lo malo y atroz como los jardines zoológicos, los acuarios marinos, y los circos con animales, entre otros lugares, se vean como algo normal, natural, pintoresco y aceptable.
Es trágico que la visión de la gente en el mundo entero tome este tipo de cosas como absolutamente normales, no hay derecho. Y ni hablar de los encierros previos a las torturas seguidas de muerte que se comenten sobre millones y millones de animales diariamente en los mataderos para transformar esos cuerpos asesinados en comida humana.
¿Es qué no se ponen a pensar quienes consumen un trozo jugoso de carne, jugoso por la sangre que brota de él, que esa fracción de cuerpo que se va a ingerir fue una vida que seguramente al momento de comerlo, de no haber sido por la aberrante costumbre arraigada desde miles de años en la humanidad, podría estar viviendo y corriendo feliz por algún escenario de la naturaleza, disfrutando de la vida, de su vida?
No, yo creo que no, que definitivamente no se ponen a pensar en todo este tipo de cosas que derivan del simple pero no por esto menos horroroso hecho de llevarse un pedazo de carne a la boca.
Quizás porque saben que nunca podrá pasar a la inversa, es decir que sean los animales quienes alguna vez puedan pretender comernos a nosotros -con estructuras organizadas como mataderos humanos, mediante- que ni se ponen a pensar en lo que significa ocupar su lugar (el de los animales) con respecto a nuestra desfavorable mirada sobre ellos.
Por eso, la libertad y el derecho a vivir en total armonía con el planeta y el resto de las especies es algo que la raza humana debería aprender basándose en la vida de los animales que nunca vulneran la de sus congéneres o similares, a no ser por las cadenas que en forma natural y sabia se operan dentro de la naturaleza y entre todos sus habitantes; pero naturalmente, y sólo así.
Es cierto que con el tiempo va creciendo el número de personas que se comprometen y apuntan a privilegiar los derechos de los animales, producto de interesarse y tomar conocimiento primero, y conciencia después, de que ellos nos necesitan y somos nosotros los únicos que podemos comenzar a revertir su suerte, esa suerte que fue echada por nuestra especie y que por lo tanto es a los integrantes de la misma a quienes nos corresponde volver a situarlos en un lugar de estima, amor, respeto e igualdad.
Ojalá que cada vez crezca en número y calidad el tamaño de personas adeptas a salvarlos -de una u otra forma- y que pueda frenarse tanto sufrimiento y dolor inaceptable, irracional e inmerecido; para definitivamente y de una buena vez por todas no ver más imágenes tristes y agobiantes como éstas.


miércoles, 20 de marzo de 2013

domingo, 10 de febrero de 2013

Es lo mismo.

A ustedes, los carnívoros, que les resulta tan fácil decir:
"Andá a la carnicería y compráme medio kilo de nalga de ternera, y decile al carnicero que la corte finita y le saque toda la grasa y los nervios que tiene, cuando la corte",
bien podrían decir tranquilamente entonces:
"Andá a la carnicería y compráme medio kilo de cara de niño, y decile al carnicero que lo corte finito y le saque las orejas y los ojos que tiene, cuando lo corte";
y no deberían hacer, ni encontrar diferencia alguna entre uno y otro pedido, ya que sencillamente no la hay.

Nosotros, los veganos, encontramos espantoso el hecho de la matanza, y previa tortura, de los animales. Ellos, al igual que nosotros, los humanos, deberían conservar el privilegio a la vida durante toda sus existencia, cosa que no pasa cuando se les cercena ese derecho, convirtiéndolos en mercadería para que unos cuantos millones de hombres, mujeres y niños hagan uso de ellos.

DIGAMOS NO AL CONSUMO DE CARNES Y DERIVADOS DE ANIMALES, EN NIÑOS, JÓVENES, ADULTOS Y ANCIANOS.
EN NINGÚN MOMENTO DE LA VIDA ES BUENO RECURRIR A LA ANTROPOFAGIA NI AL CARNIVORISMO COMO FORMA DE ALIMENTACIÓN.
ES UN HECHO ABERRANTE. SE LO MIRE POR DONDE SE LO MIRE.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Veganismo es mi razón.

Desde que mi vida se ha inclinado por completo al veganismo mi conciencia se ha expandido y ha reformulado su posición con respecto a la vida y al porque de estar yo aquí, prestando atención a cosas en las que quizás no todos reparen.
Muchos miles, o millones de personas, sí reparan en esos detalles en los cuales yo lo hago, pero quizás somos tan pequeños (en número) ante la gran multitud que no lo hace, que por eso parece que fuéramos unos pocos que osamos pensar, sentir, vivir, amar y compadecernos diferente, transformando esa compasión en un acto real y activo, para evitar todo sufrimiento, injusticia y atropello con respecto a la vida de los seres que son vistos como inferiores y carentes de sentimientos y emociones por esa misma multitud que no comparte nuestra filosofía de vida, la de la pura igualdad para todos los seres vivos con sistema nervioso central.
Bueno, yo sí reparo, amo, defiendo y me entrego -con mi postura y hacer diarios- a ayudarlos, protegerlos y ser su voz ante ese gran resto de gente que nada entiende de nuestro amor por la vida para con todos los seres vivos que al tener ese sistema nervioso central del cual hablaba se hacen poseedores de sentimientos de miedo, dolor, tristeza, amor, alegría, apego a los suyos, y todo lo que cualquiera de nosotros, los seres humanos, podemos llegar a sentir y experimentar.
Por todo esto, con sobradas razones, el veganismo es la razón. Mi razón.

jueves, 14 de junio de 2012

Solo una pequeña voz que forma parte del grito colectivo mundial.

Nunca más volví a sentir ganas de comer carne de ningún tipo de animal, productos derivados de la leche o algún tipo de alimento dulce o salado que provenga directa o indirectamente de ellos, los indefensos seres que tanto amo e intento proteger a través de las distintas determinaciones que llevo a cabo en mi vida diaria.
Es cierto que cada vez me interiorizo más en mi decisión, producto de mi interés por abrazar esta hermosa y compasiva causa desde todos sus flancos, para sentirme absolutamente pleno al momento de elegir por convicción propia, responsable y compasiva todos los productos que hacen a mi alimentación y los artículos de diversos tipos que utilizo en mi vida diaria; y no moviéndome por un snobismo paupérrimo en el que solamente estaría sometiendo mis elecciones y gusto personal para ser como tal o cual grupo de personas. Nada más lejos, y por eso el interés que cada día crece en mi por ser un individuo que se siente responsable y que de ahí en más puede intentar llevar claridad sobre los motivos que hacen a su elección para que otros también abracen esta forma de ser.
Quiero mejorar el nivel y la calidad de vida de todos los animales, intentar evitar cualquier tipo de tortura, vejamen y sufrimiento en estos seres de amor y pureza, y quiero fundamentalmente llevar, junto a muchos amigos que lo hacen a diario, este mensaje al mayor número de personas posibles.
De todos los que pasen por acá y lean mis escritos, algo puede quedar en alguno y con esa pequeña semilla, ya será suficiente para que el mensaje se traslade y vaya buscando asidero en más de un corazón compasivo y bondadoso como el que estoy seguro que existe en millones de lectores y navegantes de la Web.
Yo soy apenas una ínfima voz de ese grito que transmite el mensaje que muchos, como yo, transmitimos a diario a través de los blogs, las redes sociales, el discurso personal constante, y la forma de vida; pero sin esta minúscula voz este mensaje tendría una voz menos y los animales estarían teniendo entonces una voz menos que los ayude a aspirar a una mejor calidad de vida pudiendo extender las expectativas de la misma muchos años, como nos pasa a nosotros, los humanos.
Nunca seremos suficientes los que estemos luchando por esta causa, siempre estaremos esperando y esperándote (a vos) para que junto a nosotros, te sumes a la tan básica y elemental cruzada de pedir por igualdad y respeto en la vida de todos los seres vivos que sentimos dolor, angustia, miedo y amor.

jueves, 29 de marzo de 2012

Vos sabés que esto no es justo.

Porque todos los seres con sistema nerviosos sentimos dolor.
Porque ningún animal merece morir, por el placer de tu paladar.
Porque por más lejos que estés del matadero, sos cómplice.


Porque no importa como está cortada, sigue siendo un cadáver.
Porque el comercio no es excusa para asesinar.
Porque todos quieren ser libres.

PORQUE VOS SABÉS QUE ESTO NO ES JUSTO.