lunes, 10 de diciembre de 2012

Cada día es hoy.

Yo publiqué hace un par de semanas, el 1 de noviembre para ser más precisos, una entrada llamada En la espera donde de una forma u otra comentaba que la vida consistía -para mí- básicamente en eso, esperar, ya que siempre estábamos (esto decía) a la espera de algo, ya sea una respuesta, alcanzar una meta u otra cosa, motivo o persona; y no podíamos salirnos de esa forma de llevar adelante muestra existencia.
Eso expresaba, dicho ahora en pocas palabras; pero lo bueno de esta vida, y de cada uno de nosotros, es que podemos cambiar -en cualquier aspecto de aquello que hace a nuestra misma vida- y así es que afortunadamente he entrado en la onda de esa modificación; aunque si bien, haciendo una revisión, no creo que haya estado tampoco muy lejos de este nuevo punto de vista que ahora contemplo y que viene a renovar ese aspecto que me hacía verme dentro de una espera continua dentro en un tiempo que oscilaba (hasta que pude ver lo real) entre el pasado y el futuro de lo que yo creí y sostuve de alguna manera para mi día a día.
Así es que, si bien me falta mucho por avanzar y poder naturalizar en mi ser esta forma de vivir basada en el ahora, que por ser presente puro es imperecedero y eterno, ya no puedo volver a ver como antes 'la vida de todos los días' ni asociarla a una espera constante, puesto que me he dado cuenta de que somos mucho más que pasado y futuro -que no existen- porque precisamente somos PRESENTE, "ahora mismo", ese mejor y más grande momento que nos hace ser felices en nuestro SER, produciendo el momento más gozoso que no pasará nunca por ser el que seguimos viviendo imperecederamente, sin meta a alcanzar, sin objetivos por cumplir y sin intención premeditada en nada. Natural y libre. Hermoso, no?

domingo, 9 de diciembre de 2012

Aquí y ahora.

Siempre se está cerrando una etapa. Siempre.
Por ejemplo yo estaba cerrando un viaje hace un par de semanas atrás (para ser sincero en el momento de escribir esta entrada, que sería borrador de mi blog, para publicarla a mi regreso a Buenos Aires) y como tal, algo estaba dándose por concluido -un viaje de poco más de 15 días en una ciudad de la costa argentina que amo y que siempre que puedo visito durante el año; Mar del Plata-.
El tema es que vale como ejemplo este viaje que yo hice y que llegado su momento tuvo su cierre, que si bien no ameritó mucho más que esta entrada de blog y alguna emoción que sólo se plasmó en mi presente, esa conclusión estuvo y fue en definitiva la que me inspiró a formular esta idea, ahora (en ese momento).
Es contradictorio en cierto modo lo que acabo de enunciar, y el hecho de jugar con las palabras en torno al ahora y al ese momento, ya que como Ser (que soy), con una conciencia libre que vive el ahora -tiempo presente- y no se ata (eso intenta) al pasado o al futuro que culpa y se añora por un lado, e imagina y se sublima, por el otro respectivamente, hablar de un cierre es volver a rememorar algo, y lo importante no es recordar ni esperar sino vivir el tiempo presente, ya que con eso tenemos suficiente.
Aunque visto desde otro lugar ese cierre puede tomarse como un cierre (repito la palabra) que cierra (valga la redundancia, necesaria) algo, pero que instantáneamente abre "otro algo" y ahí, en ese momento, es donde me encuentro yo; viviendo eso que 'está ahí', y que como tal es constante y eterno.
Esa es la onda, sin dudas. Darse cuenta de que todo es eterno, ya que somos lo que estamos viviendo, nada más.
Por eso, todo comienza y culmina y comienza y culmina, y así, siempre, a cada momento, imperecederamente y con la única y hermosa finalidad de que seamos felices. AQUí y AHORA.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Ir al verde.

Este es el tiempo cuando los parque y las plazas de nuestra ciudad se ponen bien verdes y nos invitan a acercarnos a ellos para relajarnos visual y espiritualmente, lejos del ruido y del gris de las urbes cargadas del smog y la polución que invaden nuestra vida de todos los días.
Por eso, en esta época, nada mejor que acercarse a uno de estos espacios que, aunque inmersos en la ciudad, representan un remanso y un descanso a los días en el cemento.
Breves o largos, según las posibilidades horarias de cada quien, no debemos dejar de disfrutar de estos momentos que podamos pasar, compenetrándonos con la naturaleza y sus olores y sonidos.
Verde, color de esperanza, dicen algunos. Y color de relax, agrego yo. Verde, con "v" de "vibración", esa misma que transmite la Naturaleza al entrar en contacto con ella.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La cautelar a favor del Grupo Clarín.


Compartir una flaqueza personal es fortalecernos colectivamente.

Si bien pregono a diario y comento en mis redes sociales que estoy en el camino de privilegiar mi ser interior, por sobre cualquier otra cosa en lo que a mi vida y a la forma de vivirla se refiere, también debo decir que algunas veces se me hace más fácil y llevadero que otras, por etapas, y por tal motivo el tratamiento que debo darle a mis días cambia vertiginosamente en uno u otro momento.
Todo lleva su tiempo y si bien para quien logra vivir una vida basada en su presente absoluto conformado por la vivencia y el gozo interior que se plasman en su actitud de vida (esa que tenemos y nos define) todo es más fácil, creo que como todo lo bueno, y que realmente prende y provoca un cambio, esta modalidad que llevo adelante para mi vida -de vivir a partir de la felicidad interna generada por mí mismo en este presente absoluto que nunca pasa- es un camino que me cuesta un poco recorrer, cada tanto, hasta que lo naturalice e incorpore en mi vida para ya no representar ningún esfuerzo transitarlo, vivirlo.
No sé bien porque expreso esta flaqueza (es esto lo que muestro en definitiva aquí) de mi forma de encarar y llevar adelante algunas cosas trascendentales como la que hoy comento. Será quizás que al no haber logrado todavía en forma completa lo que aspiro a ser en mi ser, busco un bálsamo y un empujoncito -que sólo yo puedo darme y por eso, quizás, recurro a expresarlo- para seguir trabajando en mi felicidad y fortaleza interior.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Las pruebas y la poca relevancia del afuera.

¿Qué sería de nuestra vida si no aparecieran esas pruebas que nos hacen dar cuenta, con su aparición, de cuan firmes estamos en nuestros propósitos, forma de ser y demás cuestiones que se pueden ver vulneradas por ellas?
Atropellarán nuestra vida e intentarán, independientemente de donde -o de quien- provengan, hacernos sucumbir, arrogándose el derecho de vencer o no sobre nosotros y nuestra fortaleza; obligándonos a estar defendiendo (mejor dicho manteniendo) nuestra integridad y posición hasta el momento que pasen.
Hay que aceptarlo, nunca el afuera estará allanándonos el camino para mantenernos en el lugar que elijamos, sin sobresaltos, sencillamente porque no podemos manejarlo ni encausarlo como si podemos hacerlo con nuestro interior.
Presentada la situación, hay dos ideas esenciales que podemos disgregar de la misma. Una, cuando las pruebas parten de entornos, gente y contextos alejados a nuestra persona, a todo nivel, y las pruebas pueden llegar a ser (teniendo en cuenta el no compromiso afectivo) más desestructuradas, o al menos no tan complicadas de enfrentar. La otra, cuando las pruebas vienen de parte de nuestras relaciones más cercanas, hasta íntimas, y son las que podrían encuadrarse en el marco de las más difíciles y complicadas, porque al esfuerzo que requiere enfrentarlas se suma el de separar y no involucrar (¿no involucrar? ¿se puede?) los sentimientos y emociones que van pegados y paralelos a ellas.
Afortunadamente siempre hay otra postura y una visión diferente y purificadora acerca de todo, y estamos quienes intentamos todo el tiempo apostar por la buena, la que más sana y mejor nos hace; porque ante lo malo, que sólo parta del exterior y tome forma en como lo enfrentemos nosotros mismos -teniendo en cuenta que somos lo que generamos y dictaminamos en nuestro ser interior- sólo podemos devolver a cambio algo bueno, purificador y moderador para transformar cualquier impulso negativo en luz y energía positiva que no nos vulnere en lo más mínimo en nuestro ser y organismo.
Cómo concluir todo esto, entonces, sino haciéndolo con la idea de que todo lo dañino, externo a nuestro ser; como por ejemplo la maldad, las pruebas cargadas de mala intención que (se) nos presenten, y los eventos que sólo tengan por fin infringir en nuestra estructura de paz, amor, armonía y felicidad interior, no nos deben importar ni alarmar en lo más mínimo; porque nuestro presente lo manejamos y lo emitimos -desde nuestro interior hacia el afuera- nosotros mismos y por tal motivo todo lo que sea y forme parte del afuera, negativo o no, nula relevancia debe tener en nuestra vida.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Ya llega el 7.

Se acerca el 7 de diciembre, y en otro momento y contexto político no representaría nada más que el estar avanzando en el transcurso de los días del último mes del año.

PEEEEEEERO...

Teniendo en cuenta todo lo que representa esta fecha, no sólo para el multimedios opositor más nombrado últimamente y toda la porción de la población argentina alineada con él, además de otros multimedios que también están en situación de adecuación sino también para quienes de una forma u otra y producto de todo el revuelo que se ha armado en torno a esta fecha y a la respuesta que puntualmente dé el grupo opositor, de adaptarse -o no- a la norma, estamos esperando saber que pasará este 7D, o en todo caso el 10D que es el día que efectivamente sabremos que sucede y como sigue todo esto.
Es así. Todo un país (sin exagerar) mirando esa fecha. Una fecha decisiva. Decisiva para las resoluciones que se tomen desde la alta jerarquía de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual y para el país en su conjunto; en su uso democrático y justo de un espacio de medios de comunicación equitativamente dividido que aporte multiplicidad de voces y productos comunicacionales partiendo éstos desde diferentes empresas  y con diferentes miradas; y ya no, unilaterales y monopólicos como hasta ahora.
Por tal motivo, la decisión que deba tomar la AFSCA y que determinará como siguen las cosas de ahí en más para que la legislación sea cumplida y respetada por parte de todos los actores que se ven afectados por las resoluciones de la Ley Nº 26.522, es motivo de igual expectación sea el sector y grupo social que se contemple; tanto así como la respuesta que deberá dar en primer lugar, como ya se ha dicho, el grupo que se está negando ponerse a derecho.
Todo parecería indicar que las cosas van a ser difíciles, principalmente teniendo en cuenta la alta posibilidad de negativa a cumplir con lo dictaminado por la justicia de parte del grupo al cual constantemente se hace referencia, ya que esto obligará a la AFSCA a actuar de oficio en la adecuación de quienes se nieguen a hacerlo por propia voluntad, y ya podemos imaginar que algo así traerá seguramente muchos inconvenientes, denuncias y victimización por parte de quien justamente no es víctima precisamente en toda esta historia.
Pero hay que esperar; mejor esperar; sí. Todo vaticinio que se lleve a cabo por estos días, previos al 7 y 10 de diciembre, no pasará de eso, un vaticinio.
Si podemos desear, eso sí. Y yo, como persona que desea la paz y la igualdad entre las personas, y en todos los ámbitos -cualesquiera que sean- espero que las cosas sucedan de una forma natural, pacífica, democrática y civilizada. Nada más ni nada menos que como debe ser.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Mis piernas necesitarían crema, pero...

Siempre me he cuidado, a lo largo de toda mi vida y particularmente en estos últimos años en los que, producto de mi edad (entre 35 y 40 años), y del crecimiento que experimento en mi persona, crecimiento que acompaña los años pero trasciende este mero punto y espacio temporal, las decisiones que he tomado con respecto a revalorizar mi vida y mi salud -física, mental y espiritual- han sido puestas en valor al momento de llevarlas a cabo y se han plasmado, entre otras, en elecciones de medidas concretas (no fumar, no drogas, no excesos, etc.) y en otras de medidas, que si bien terminan siendo concretas finalmente, apuntan en esencia a una sanidad mental e interior que se lleva a cabo desde lo profundo del ser y que hace a las elecciones de vida que nos marcan en determinados momentos, y para siempre. El veganismo, por ejemplo, una decisión de forma de vida que llevo adelante desde hace bastante tiempo, y que si bien es externa en la elección de alimentos y vestimentas que no se vinculen con un origen animal por respetar y valorar la vida de estas criaturas como seres indefensos ante la crueldad del hombre y la mujer de este mundo que en pos de su satisfacción personal arrasa con vidas que deberían, al igual que nosotros los seres humanos, tener el derecho a vivir en libertad y felicidad (resumiendo la idea de veganismo al máximo para no extenderme en ella ya que no hace a esta entrada en cuestión); es algo que parte de una elección absolutamente interna a quien la toma y la promueve para su vida. Ésta, sirve perfectamente como una de las elecciones que más explican que todo lo interno termina reflejándose también en lo externo y que siempre es natural que una persona privilegie un tipo de aspectos en su vida y por este motivo apunte a trabajar sobre él como yo he apuntado a lo interior -por sobre lo exterior- de mi ser, considerándolo en cada momento de mi vida y en la actualidad también, claro está, como lo único verdaderamente importante para mí y para cualquier ser vivo.
Todo esto no quiere decir que esté o ande hecho un harapo por ahí, al contrario, ya que cuido mi aspecto; por mi en primer lugar y por los demás luego, para dar una imagen como la que me gusta recibir en el contacto diario con la gente, sin ser esta pretensión, aclaro, un motivo decisivo para entablar trato con alguien, por otro lado.
Pero básicamente me doy cuenta, y lo digo feliz, que privilegio definitivamente lo interior en mi persona, y en los demás, ya que podría decir que no soy de los que anden cuidándose con cremas -diurnas y nocturnas- o con tratamientos corporales, faciales o dentales, por ejemplo.
Otra vez, aclaro que visito a mi odontólogo, a mi dermatólogo y al resto de los profesionales que corresponda, si veo que algo está mal o me parece que podría estar mejor, de algún u otro modo; más sólo en esa ocasión ya que como vengo sosteniendo no me preocupa hacerme los dientes nuevos para que se luzcan archi-recontra-blancos en mi boca, como muchos si lo hacen, por ejemplo. Dientes que quien se los hace tiene todo el derecho a hacerlo y no me molesta en lo más mínimo, sólo que tomo este ejemplo para exponer mi situación y elección con respecto al este tema de cuidarme y estar bien. Quien sea feliz a través de este tipo de cosas, adelante. Cada uno se dará cuenta, a su debido momento, en donde radica la verdadera felicidad.
Otro ejemplo, el que me llevó a escribir esta entrada de blog.
Estoy tirado en el pasto del parque con mi perro mientras escribo esta entrada, y mirando el entorno pude ver mis piernas y creo que podrían necesitar un poco de crema ya que producto de haber estado más de 15 días en la playa y yendo al mar casi a diario, por supuesto se han resecado un poco. Bueno, ahí, con este ejemplo defino mi preocupación por lo interno de mi ser, privilegiada por sobre lo exterior, lo comúnmente llamado estético, a él, ya que hace aproximadamente 5 días que llegué del mar y recién ahora -porque estaba relajado, tirado en el parque y sin más que hacer que poder observar detalladamente todo- lo he descubierto. Otro tipo de persona, más abocada a la estética puramente corporal ya lo habría notado, de no haber ido encremándose diariamente mientras estaba en sus días de playa, algo que por otra parte yo no hice ni suelo hacer jamás.
En fin, mi ser interior, ese que finalmente se traduce y se muestra en mi exterior, sí que me preocupa y ocupa, y por este motivo no lo pierdo de vista nunca y constantemente estoy abocado a la tarea de embellecerlo y alimentarlo de cosas buenas para que sea feliz, ya que la mejora de lo demás, vendrá como consecuencia de una buena puesta a punto de este primer y esencial aspecto de cada persona, el interior.