lunes, 10 de febrero de 2014

¡Las palabras son hermosas!

Partiendo de la base de que todo sería nada sin ellas, es más, ahondando en el extremo de ser realmente justos en la apreciación y diciendo que tampoco sería nada, ya que no podríamos denominar algo que no conociésemos; sin las palabras, la vida (si pudiera concebirse ésta sin ellas, en su existencia moderna) sería un páramo desolador, tosco e impotente.
Ellas vienen a completarnos, en el más profundo sentido de esta noción, ya que nos permiten expresarnos -en primer y fundamental lugar- y ser quienes somos en nuestro darnos a conocer ante los demás con nuestra forma de ser, expresada a través del hablar y del escribir propios; como sucede en este caso con cada entrada de mi blog por ejemplo, que no es otra cosa que una representación a través de las palabras de lo que se aborda en él y también a través de quien lo promueve y lo lleva adelante (yo), por supuesto que de igual modo a través de las palabras también, claro.
Por eso, si son tan importantes y necesarias en la vida humana ¿por qué no hacer un correcto uso de ellas?, ¿por qué?; es más, ¿por qué no usarlas al menos?, ¿no?
Es apreciable, en primera instancia, que la gente desconoce seguramente más de la mitad de las palabras que pertenecen a su propio idioma y que de igual manera se conforma y auto abastece con las que ha ido aprendiendo, y nada más; ya que en general las personas no recurren al mecanismo innato de quienes aman profundizar su lenguaje y expresión adoptando toda palabra nueva que escuchen o lean por ahí, para enriquecer su vocabulario y su forma de expresión, sino que vagan errantes en el mundo de las palabras con esas que traen consigo y que no les interesa complementar con otras nuevas, que desconozcan.
Es tan basto el campo de la expresión oral y escrita que si nos detenemos a pensar un momento en las diferentes maneras que existen de decir un mismo significado no puede no darnos ganas de usar todas las alternativas que tengamos para ello.
Que el vocabulario, amplio, rico y distinguido por la variedad y elocuencia de sus palabras es algo reservado para unos cuantos que tienen determinado acceso cultural para replantearse estas nociones es algo cierto pero solo en una primera instancia, ya que basta con querer sentirse cada día un poco más completo desde el lugar de la comunicación personal y social para pretender acrecentar nuestra elocuencia en la forma de hablar y escribir, y obrar entonces en consecuencia de ello.
Yo adoro escribir y hablar correctamente. No digo usando ampulosas palabras porque sí, sin más; sino cuando éstas vienen a mi, inconscientemente, al tiempo de transmitir lo que quiera comunicar, responder, exponer o decir.
Al momento de incorporar nuevos vocablos quizás sea necesario usarlos más de la cuenta para fijarlos y que pasen a engrosar nuestro archivo mental, ése que se hace presente y nos permite expresarnos automáticamente cada vez que hablamos o escribimos. Luego, como es sabido, será parte del bagaje de nuestro léxico y estará disponible las 24 horas para ser utilizado por nosotros, pasando a formar parte de nuestro lenguaje formal y coloquial, ése que nos distinga al momento de usarlo y transmitirlo.
Es una sensación sin igual la de sentir que no hay barreras para la comunicación y que podemos transmitir, poniendo en palabras, eso que queremos contar y dar a conocer. Todo en la comunicación es hermoso y súper alentador cuando descubrimos que podemos hacer uso de ella sin plantearnos el hecho de no comprender aquello que nos digan, pudiendo además gozar de un amplio abanico de posibilidades al momento de lanzar nosotros las ideas, los comentarios y las expresiones de todo lo que nos pase o sintamos.
Es así de maravilloso el mundo de las palabras, absolutamente frondoso y fructífero; que al usarlo y profundizar en él se agiganta y nos precia de la mayor gratificación, esa que se siente al escucharse hablar o leerse y darse cuenta de que buenas composiciones salen de nuestra continua formación; comprobando que solo la intención y la autodeterminación de conocer, averiguar y descubrir eso que hasta hace algún tiempo era desconocido para nosotros alcanza para comenzar a movernos en el campo del auténtico placer gramatical que genera ganas de leer y de escuchar; y también porque no, de leerse y de escucharse.

jueves, 6 de febrero de 2014

A veces quisiera.

A veces quisiera gritar y denunciar injusticias a los cuatro vientos y a viva voz pero luego de un tiempo de pensarlo, afortunadamente, viene a mí la certeza de que de nada me serviría tal osadía, más allá de hacerme sentir un poco más liviano y satisfecho por fugaces momentos; y entonces recapacito y sigo adelante con lo estipulado porque entiendo que, al menos por ahora, no es la hora de hacerlo.
Y hablo de injusticias a todo nivel. De esas evidentes que a pesar de serlo parecería que la mayoría de las personas no las ven. ¿Otras? Injusticias de las que atropellan la dignidad o socavan el buen ánimo de la gente. ¿Más? Injusticias contra los seres de amor y pureza, es decir contra los animales, que por aceptación cultural establecida han sido relegados a lugares siniestros con respecto a la vida del ser humano, y de ahí en más todo lo imaginable que esto puede llegar a significar. ¿Sigo? Injusticias a título personal, de aquellas que a veces siento estar padeciendo por tal o cual motivo, acción, o falta de ella, y que aunque sean personales no son menores o menos denunciables que las anteriores.
En fin, así podría seguir enumerando aquellas que vienen a mi mente en tales momentos pero ya se entendió que hablo de todas las imaginables, de todas esas injusticias que siempre están o que aparecen para arruinar un instante, una etapa, y a veces, muchas veces, una vida, y  miles de vidas.
Por eso, cuando siento ese ímpetu de desahogo, que puja por salir de mi interior, sé que no es del todo desubicado ni desafortunado experimentarlo; en primer lugar porque las injusticias, del tipo que sean, conmocionan el corazón y angustian y oprimen el pecho y el alma (entendiendo el alma como ese lugar de cada Ser que, figurativamente, es nuestro motor de luz, pureza y energía para mantenernos dignos) y luego porque el hecho de sentir tal necesidad hace que me de cuenta que estoy vivo y que veo y sufro por todo eso que muchos ignoran, pero que felizmente también muchos otros observan, sienten y sufren al igual que yo.
No gritaré entonces, pero seguiré sintiendo cada una de esas injusticias, no permitiendo al menos que pasen desapercibidas por mí y haciendo todo lo necesario para que, en lo que a mí respecta, no se sigan generando. Total, siempre habrá tiempo de gritar y soy de la idea de que antes que hacer eso es mejor buscar el modo de evitar que se den (dichas injusticias), evitando así todo lo demás.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Opinar de visitante.

A ver... ¿Cómo lo pongo en palabras para que se entienda y llegue a cada persona que lea estas líneas?
El tema que atrapa mi concentración y la vuelca en estas letras es el que se experimenta, esencialmente desde la parte espectadora, cuando alguien (sea quien sea que no pertenezca al núcleo de una casa y a quienes la habitan) traspasa ese límite que consiste en saberse invitado/a o visitante de tal hogar y, en teoría sin darse cuenta, interfiere en toma de decisiones, opiniones que no le competen en lo más mínimo, o todo eso que al ser llevado a cabo, por ese alguien, da para decir ¡¡¡¡¡qué metido/a!!!!!
Hecha la introducción, paso a expresar y caracterizar los momentos que se desencadenan a posteriori de la llegada de alguien así.
El hecho es que si sos invitado/a a compartir algún tiempo en cierto lugar y circunstancia siempre tenés que saberte un/a invitado/a, no hay otra; y si por casualidad se te olvida tal calidad a ocupar al menos tené la ubicación personal de darte cuenta, cuando se te hace notar, que ya podés estar llegando a importunar con tus incursiones en momentos que no da para que participes.
Y los/as hay de todo tipo y de toda procedencia.
Están los/as que cayeron de sorpresa y en determinado momento te das cuenta que están llevando la manija de todo lo que se decide (algo que no estaría mal si no fuera por el simple motivo de que no guían o conducen eso que intentan digitar sino que ocupan ese lugar debido a esa intromisión que hace descalabro en lo que se estaba tratando de acordar y que para evitar mayores descalabros se cede ante dicha opinión, convertida en una absoluta actitud metiche).
También están quienes acostumbran pasar por un lugar para meterse en todo lo que allí suceda, es decir que uno ya sabe que así será y en cierta forma ya está acostumbrado a pasar por esos breves o extensos lapsos de tiempo en compañía de tales opinadores/as que como condición sine quanon nunca se han dado cuenta de su postura de opinólogos/as invasivos/as.
Y que decir de aquellos/as que por cercanía afectiva y/o hasta parental son quienes más aflige recibir, no por el hecho de recibirlos como visita planeada o espontánea (sin aviso) sino porque en su opinología y participación en toma de decisiones o en temas que no deberían incursionar pueden llegar a ser los/as más vehementes metidos/as de todos/as los/as que así lo hagan.
Es así, amigos. Y lo verdaderamente importante no es tanto ser de esta manera (todos pudimos, podemos o podremos tener una o varias actitudes similares a éstas) sino darse cuenta y frenarse a tiempo ya que lo que se origina in situ ante este tipo de formas de proceder nunca es algo bueno o positivo y siempre, pero entiéndase bien, "siempre-siempre", detrás de este tipo de visitas (cuando el o la metiche se marchan) siempre queda una estela de mala predisposición en alguna de las partes que queda y que ha intervenido como espectadoras de tales espectáculos, meramente caseros y malogrados.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Este soy.

Yo generalmente a las cosas las enfrento solo ya que se pueden decir muchas palabras pero lo que importa es la acción concreta en el momento que se necesita y no las bla bla bla. Por otro lado uno espera muchas veces el apoyo, o ese estar, de partes específicas y no de las que de corazón y amablemente muchas veces se prestan para bancarlo a uno; partes que uno agradece también de corazón pero que no llegan a significar lo que las partes que uno desearía significan. Y no es una cuestión de desprecio sino simplemente una de sentimientos que, valga la redundancia, sienten y te condenan a sentir eso.
Por eso yo amo y valoro tanto a mi perro, ese labrador simpático y adorable llamado Boro que ven en la foto a mi lado aunque ya muchos conocen que vive junto a mí todas las cosas que vivo, que por cierto, como le sucede a cualquier persona, son muchas.
Y yo me banco en soledad, o mejor dicho nos bancamos en soledad compartida, mi Boro y yo, todo lo que nos pasa, estando solos, obviamente; pero también estando en compañía, cuando algunas veces seguimos estando solos.
Y no es que yo sea alguien especial o algo así. Soy un tipo que se amolda a los demás (mientras sea soportable la situación y más allá de esos límites también) y soy el que prefiere callar para dar por terminado un pleito, o el que se conforma con lo simple de la vida para vivir pleno y feliz; lo que no quita que también disfrute de las cosas que todos pueden llegar a disfrutar, como por ejemplo viajar o alguna cosa que excede lo frugal de una existencia abocada a la sencillez.
Más o menos eso soy y por eso podrán ver muy seguido comentarios y publicaciones en mi red social Facebook o Google+ que aluden a cosas que vistas con ojos muy selectivos o exquisitos pueden parecer boludeces o directamente idioteces pero que para mi alimentan esa parte de la vida personal que quienes la ven como les decía seguramente no cuidan, ni cultivan. O al menos no tanto.
Vivir es para mi un trámite que debe ser sencillo y placentero ya que las cosas que deban suceder se presentarán en tiempo y forma sin lugar a dudas, a menos que trabajemos para que todo pueda darse dentro de un contexto distinto que aluda a un camino diferente (nuestra vida) por lo cuidado y mantenido que lo tengamos. Dicho de otra forma, lo preparado que estemos para poder dar respuesta a momentos que salgan de esa apacible cotidianidad.
Y por eso, si bien enfrento y enfrentamos solos (con Boro) ese tipo de cosas para las que el dinero y todo aquello que se plasma en lo material no vienen a significar nada con respecto a esa caricia al corazón que se necesita, creo que esto nos deja una enseñanza y forma de ser y movernos en la vida que nos hace ser como somos; tan unidos, pegados e inseparables. Y esencialmente hablando de mí, me hace ser la persona que pueden ver a través de este blog o del otro que tengo llamado MI BORO Y YO, o de la red social en la que me encuentren, compartiendo siempre desde la autenticidad y la honestidad lo que considero importante para afrontar la vida.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Agresión.

Siempre he pensado que entre dos partes que se da el maltrato del estilo que sea quien sale peor es la parte que lo promueve, aquella que lo lleva a cabo. Claro que hablo de maltratos que no llegan a lo físico y por los cuales no hay que salir corriendo a un centro de salud para ser atendido; aunque pensándolo bien todos los maltratos, incluidos los verbales que son los que van directamente al corazón, al entendimiento, y al alma, también muchas veces hacen que la parte agredida deba "salir corriendo" del recinto donde se le proporcionan.
El caso es que la agresión es una de las armas que la gente más indefensa ante el mundo tiene a su mano, siempre lista, para fortalecerse en determinadas situaciones; sin darse cuenta que en lugar de fortaleza sólo se genera miserias y opresiones personales que luego son muy difíciles de sacarse de encima.
El dolor que puede producir recibir cualquier tipo de agresión, fundamentalmente cuando ésta aparece de la nada y sin un motivo que podría considerarse disparador para la misma, no es tan contundente como el que se debe experimentar en quien es la parte agresora ya que la agredida, por experiencia recurrente de afrontar tales males, llega un momento en el que se blinda y puede sortear dichas apariciones espontáneas de manera casi inalterable; pero quien las genera es sin dudas la más desfavorecida de las dos partes ya que si no sobreviene la culpa (a veces se sigue aparentemente inmune ante los improperios promulgados) de todos modos aparecerá algo que tienda, consciente o inconscientemente, a revertir y/o sanear ese momento vivido y generado entre ambas personas.
Yo hablo porque sé de que hablo, lo que no indica que deba estar extendiendo mi relato para ir más allá de dónde quiero ir o compartir más allá de lo que deseo; pero hay un hecho que tiene que ver con que nadie, creo, debe ser tan afortunado/a como para pasar por esta vida sin recibir en algún momento un maltrato, en el lugar o en el contexto que sea; el menos pensado y el menos imaginado.
Salirse de ellos es la clave. Siempre. No tomarlos en cuenta y salir. Irse. Por eso decía al comienzo eso de que en los agravios verbales también muchas veces la parte agredida debe "salir corriendo".
Salirse entonces de ese foco de agresión; si se puede definitivamente, y si no, momentánea o temporalmente, pero irse, no quedarse en el lugar; porque si bien la parte que peor lo pasará es la agresora, la otra, la agredida, debe al menos en ese justo momento velar por ella misma.

martes, 19 de noviembre de 2013

El impulso suicida.

Desde el impulso se puede hacer muchas cosas, incluso quitarse la vida. Ese momento en el que todo pierde sentido, valor y oportunidad de encarar algo y de enfrentarse, es un pozo en el que todos podemos caer y en el que algunos tienen más predisposición que otros, sin dudas, y por eso las cosas suceden.
Es éste un escrito desde el impulso también ya que al enterarme de una noticia que no tocaré en absoluto más que permitiendo expresarse a mi impulso me he sentido fastidiado y ofendido con el universo, y por un instante me permití enojarme con el mundo, con la vida, o quien sea que deba asumir mi enojo como una descarga contra él o contra ella, ya que si el mundo y la vida son tan variados y hay tanto por descubrir y aprovechar, y en definitiva por vivir, ¿por qué entonces están quienes caen bajo las redes de dejarse atrapar por el impulso suicida?
Es desahuciante y complicado asimilar y entender para quienes participamos de una noticia de esta magnitud, aunque sea a distancias físicas y emocionales enormes del lugar y la persona que protagoniza tal desafortunado intento que más allá de ser fallido o no es una mierda de desencadenante al cual se ha llegado por tales o cuales motivos que no nos toca a los que lo vemos de afuera juzgar ni tratar de encontrarles la solución, que uno no puede mantenerse inmutable o inmune ante el cimbronazo que produce tomar conocimiento de la misma.
Todo se vuelve tan oscuro, apagado y aplastante ante estas manifestaciones humanas que intentan acabar con la vida de una persona, que aparecen -inmediatamente de enterarse de lo sucedido- muchas sensaciones y manifestaciones -ahora en carne propia- como dolor, bronca, indignación, desazón, angustia y todo lo que de una forma u otra oprime el pecho.
Hay que rever cada vida, ya hablando de todos en general y de nadie en particular, para tratar de estar fuerte, siempre, y saberse acompañado por nuestra fortaleza; porque tratando es que se consiguen las cosas a las cuales se intenta llegar y porque asumiéndose débil, indefenso y pequeñito en este mundo duro, hostil y enorme es que contaremos al menos con un arma más ante estas caídas en los abismos de la vida que intentan arrojarnos y llevarnos, sin más, hacia la muerte.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Hoy y Siempre.

En este DíA MUNDIAL DEL VEGANISMO quiero contar un poco acerca de mi intención de sumar gente a esta forma de vida que es una verdadera causa por la justicia, el respeto y el amor, justamente hacia la vida en cualquiera de sus formas y presentaciones, cuando se trata de seres que podemos sentir y experimentar todo tipo de sensaciones, lindas y feas, en nuestro cuerpo y en nuestra corazón, porque no. 
Ser vegano no es otra cosa que abrazar la compasión, bien entendida, que estima y reconoce que todos los seres vivos "sintientes" tenemos derechos que deben ser valorados y respetados y no aquella que se asume como una dádiva o lástima que se canaliza por este modo de vida (vegano), ya que nada más lejos en nosotros, y hablo por mi, el hecho de sentir pena por los animales. Nunca sentiré pena por ellos, como quien siente algo que no es otra cosa que superioridad por sobre aquello que contempla y lo conmueve. 
Nosotros, los veganos, sentimos amor por los animales, y respeto. De ahí que viene nuestra necesidad de no optar por lo fácil y establecido culturalmente de facilitarnos algunos aspectos de la vida como el de la vestimenta, la alimentación, la diversión y entretenimiento, y tantos otros, a costas de la exposición, maltrato, y muerte de los animales. 
Por eso también promovemos, desde lugar que sea y a través del puente o canal que está a nuestro alcance, la idea de que sumarse a esta modalidad de vida es en primer lugar satisfactoria y positiva para cada persona que lo haga por el simple motivo de que la salud será la primera beneficiada; la salud física y la espiritual, por supuesto. Y de más está decir que es un respaldo y un escudo para ellos, los animales, porque entregándonos a la realización de una vida vegana estamos cooperando con su conservación y la mejora de su calidad de vida; permitiéndoles básicamente, nada menos que vivir. 
Por eso amigos, no demos la espalda a todo lo que venga a sumar en nuestra vida y en la de los demás. Seamos solidarios y amorosos con todos. No distingamos entre unos y otros, olvidando que el sufrimiento y el dolor pueden aparecer en cualquiera de nosotros. 
Démosle una oportunidad a la vida y al altruismo, en su más acabada y bella forma, abrazando la vida vegana para redimir a gran parte del mundo del dolor, la miseria, la injusticia y la maldad.

martes, 22 de octubre de 2013

Ser dueño de una sombra.

Camino mucho junto a mi perro en diferentes momentos del día, en cada una de sus salidas, y por lo tanto por el simple hecho de frecuentar generalmente los mismos sitios (parques, plazas, calles, etc.) ya voy viendo en muchas oportunidades a las mismas personas que se mueven por tales lugares.
Sin dudas la plaza es el lugar que más visitamos. Las varias plazas que están cerca de nuestra casa y que en cada bajada (que lo permite el no apremio por el tiempo o el clima) recorremos, y aquellas más lejanas a nuestro domicilio o barrio que en caminatas más extensas también solemos incluir en el paseo, y que nos ofrecen diariamente una fotografía única y muchas veces repetida.
Es por lo tanto que, de andar una y otra vez por estos lugares, se comienza a ver cosas que con el transcurso del tiempo resultan parte del paisaje visual y podría decirse que hasta esperables de encontrar en cada salida.
Una de ellas, y ya no hablo de "cosas", como las enuncié en el párrafo anterior a modo de denominar en general todo aquello que vemos repetidamente en nuestras caminatas, es a un señor que vive en la Plaza Las Heras junto a su perro y a su changuito de supermercado lleno de todas sus pertenencias, que ya es para nosotros (para mi perro, por el compañero de este señor que le ladra cada vez que por allí pasamos, y para mi, por la costumbre de verlo y saludarlo cada día) parte de lo que vemos y esperamos ver inconscientemente seguro, en nuestro paseo, cuando por esta zona del recorrido andamos.
Y él, que ya saludo y conozco de tanto verlo y hasta haber hablado alguna que otra vez (teniendo cuidado de que su perro no se acerque al mío porque sería tremendo que así sucediera para todos, especialmente para mi pobre Boro) tiene su lugar específico dentro del predio de la plaza, ese que no es otro más que el que él ha elegido desde hace años, seguramente producto de considerarlo el mejor y más oportuno a ocupar debido a múltiples factores que el tiempo le ha dado en fundamentos y que por tal motivo es "su" lugar, ese que goza de la sombra más frondosa de la plaza y que es suya, sí, suya; y él la disfruta, la usa, la vive y, como tantos cientos de hombres más (y mujeres, claro) que estén en su condición y situación, pasa a ser algo más de su propiedad.
Después de todo, ¿quién se va a atrever a cuestionar el hecho de que pueda también, o al menos, ser dueño de una sombra?

lunes, 14 de octubre de 2013

Me dijo que era algo de "otro plano".

Cada tanto me encuentro con personas que salen de lo común del resto por lo que terminan contándome o por como se expresan luego de unos minutos de hablar, producto de que ambos vamos con nuestros perros, que se huelen, y entonces ahí deriva la posterior charla.
Hace un par de noches atrás, en la bajada final de Boro, mi perro, fue Flavia, de más de 50 años, que terminó contándome que fabulaba (yo lo sugiero aunque ella, en la duda de la veracidad de lo que contaba, lo contempló también) que algunas veces le ha pasado que sus animales, específicamente a sus gatos (le ha sucedido con varios a lo largo de su vida, dice), les sucede una transformación inexplicable y aparece otro, como clon (ella utilizó esa palabra) del auténtico que tiene; hasta el punto de que la última vez fue que su gato macho (el actual que vive junto a ella y su perra, la que paseaba cuando nos encontramos) fue misteriosamente "cambiado" por otro idéntico que resultó ser hembra y que ella luego de verlo raro en su comportamiento lo revisó y la descubrió del sexo opuesto al que en verdad correspondía.
Suena bastante a delirio, pero que se yo, no quiero juzgar a nadie por nada que no sea perjudicial para con los demás y en este caso ella lo comentaba no sintiéndose traumatizada por lo que le había sucedido y se otorgaba y me otorgaba la posibilidad de que todo fuera parte de un sugestión suya (me extrañó que planteara este punto pero lo hizo, algo que descartaba una locura galopante ya que ella misma dudaba en cierta manera de lo que narraba).
Y por supuesto que ya que estábamos en tren de hablar le pregunté si entonces se había quedado con la gata en lugar de su gato así, sin más, y me dijo entonces que luego, al día siguiente, la gata volvió a ser el gato (macho), aunque sin mucha explicación de como fue el nuevo cambio o transformación, algo que me hizo verla medio desconcertada en su relato, siendo éste el único momento en el que tambaleó en la seguridad de todo lo que me narraba.
Finalmente terminó diciéndome que toda esta experiencia radicaba, según lo que ella comprendía, en una vivencia y manifestación de alguna forma de mensaje desde "otro plano" (así lo contaba ella) que se materializaba en su animal.
En fin, me he limitado a contarles esto que presencié y que hizo de esa bajada algo diferente a las de todos los días ya que hay algo que no podemos negar y es que esta Flavia en cuestión tenía un bagaje de historias, y porque no fábulas personales, que seguramente necesitaba contar o hablar con alguien.
Ahora, vaya a saber porque entendió que lo podía hacer conmigo, ¿no? Bueno, no sé; eso quizás sería tema de otra entrada.

jueves, 10 de octubre de 2013

En la mente y/o en el corazón.

Tengo en mi mente (creo que es ahí) un lugar donde guardo todas las cosas feas que siento por determinados hechos que han sucedido en mi vida y que, para ser más preciso, se traduce en todo lo feo que se me genera por ciertas personas que, a mi entender, actúan de una manera no adecuada frente a determinados sucesos de la vida.
Entre ellas están las actitudes desagradecidas que pueden partir de cualquier persona y que con esa sola actitud asumida hace que ya me quede quien sea protagonista de una actitud de este tipo relegada en estima, aunque quizás nunca se lo haga saber; porque en definitiva, después de todo, seguramente que, al obrar así, poco le importa saberlo.
También tengo en ese lugar las acciones desleales tales como el chisme y ese tipo de procederes que asumen, afortunadamente para mí, pocas personas de las que conozco, o al menos que hasta ahí llega ni conocimiento sobre ellas.
No puedo evitar direccionar también automáticamente a este lugar del cual hago referencia a la gente ordinaria que se precia de andar transitando los caminos de la vanguardia; ya que además de ser pobres entes, encima, quieren parecer aquello que no son y que nadie se los cree. Y hablo de gente ordinaria no por acceso (o no) a la educación, o por mayores o menores ingresos económicos, o por su ubicación en la (snob) clase social, sino porque hace gala de su ordinariez creyéndose que pasa por graciosa o simplemente original con cada muestra de su precaria humanidad.
Y las personas, y sus consecuentes actos que seguramente también se alojarán en este lugar que recibe todo aquello que me resulta feo y negativo para mi vida y mi forma de verla y abordarla son las agresivas, las mentirosas y las desvergonzadas al momento de (no) respetar a toda otra persona que no necesariamente piense y elija las mismas cosas que ella; principalmente cuando hagan uso de su falta de respeto hacia los demás injustificadamente, aunque nunca debería haber una razón para caer en la agresión, la mentira y la falta de respeto, valga la redundancia, hacia el otro.
Por eso las personas que sin yo planearlo se me ubican en ese lugar de mi ser, ubicado -para mi- en el cerebro, creo que en definitiva también pasan a ocupar ese lugar en el corazón (si es que existe también ahí un lugar así o suponiendo que quizás sea únicamente ahí, en el corazón, donde se experimentan, sienten y suceden estas categorías) ya que en cierto punto de nuestra vida es imposible separar uno del otro y en la mayoría de los casos todo lo que sucede y pasa por un lado, indefectiblemente sucederá y pasará por el otro también, y viceversa.
Es así que ahí las tengo, acumuladas, esperando que solas se vayan de mi vida, sin forzar su anulación (de ser así se quedan por más tiempo y cuesta más alejarlas), y por tal motivo es que a veces también vuelven a emerger ante similares hechos o repetidas apariciones, pero nada más que eso. Tengo la suerte de olvidar ligeramente lo pasado (lo intento) y en una nueva interacción con quien en otro tiempo no actuó bien no traer a colación eso a la memoria y sólo si se volviera a caer en un desatino como el anterior sentir nuevamente esa desazón que se genera ante la reiterada desilusión.
Por eso siempre puedo enmendar fácilmente cualquier controversia pasada, porque triste sería aferrarse a éstas para esperar una venganza o retribución pagando con la misma moneda. Y salvo que nunca aparezca el pedido de disculpas, el reconocimiento de haber estado mal o el mero hecho de reconocer de alguna manera que se ha actuado equivocadamente y hacerse el o la desentendido/a eternamente, yo sabré sanear dicho episodio del pasado para dar por cerrado ese mal recuerdo.

martes, 8 de octubre de 2013

No acepto.

Si quienes critican mi elección vegana me piden, a la vez, respeto por su punto de vista (haciendo clara mención a que yo también debo aceptar al otro como espero que lo hagan conmigo), pues bien; diré que NO.
NO, porque yo no voy a aceptar ni a entender la postura de quienes para poder alimentarse y vivir, en varios aspectos de su vida, recurren al dolor infligido sobre otros seres vivos que también temen, sufren y padecen dolores corporales y emocionales igual que nosotros, los seres humanos.
NO, porque jamás podrá equipararse un pedido de respeto o aceptación entre tan opuestos y significativos estilos de afrontar y llevar adelante la vida.
NO, porque no puedo, aunque quisiera NO puedo. Otra cosa es no combatir esa postura desde la interpelación necia o agresiva, ya que cada uno elige libremente lo mejor que le va a su vida y a la de quienes lo rodean (los animales también nos rodean) pero hasta ahí llego.
NO combato, más tampoco acepto ni entiendo.