viernes, 3 de mayo de 2013

A reír se ha dicho.

Muchos parecen pavotes cuando se ríen sin parar y muchas veces por causas que poco se entienden, aunque bien cabría preguntarse en este momento ¿qué hay que entender de que la gente se ría de algo o por algo?
¡Tal cual! No siempre hay que caer en la cuenta de que todo puede tener una explicación que nos cierre y nos deje satisfechos acerca de los sucesos que transcurren a nuestro alrededor y de los cuales no participamos.
Reírse es tan bueno como llorar, dicen. Y como estoy hablando de la risa y de todo lo que significa para mí reírme y ver a la gente reír, omitiré lo relacionado al llanto y opinaré que reír es a mi entender una de las actividades que puede descontracturar determinados momentos alivianando cualquier tipo de tensión que se esté experimentado.
Nos podemos reír con una obra de teatro, viendo un buen programa de tv o escuchando uno de radio, o en cualquier circunstancia de la vida diaria que sea cómica y nos produzca un bienestar y comicidad específicos.
¿Pasar por bobos por estar pasándolo bien? Y sí, cual es el caso. A ver si todavía damos crédito a lo que los demás puedan pensar o creer acerca de lo que simple y superficialmente ven. Nada de eso. Nada más lejos.
Considero que las personas deberíamos reírnos más, sí; al menos aquellas que no practican este ejercicio al menos una vez al día, por no caer en la exageración de pedir una risa (no es lo mismo que sólo una sonrisa) por hora; ya que creo que en todo caso reír menos de una o dos veces al día es, llegando a no hacerlo durante más de 24 horas, además de muy triste, muy poco o nulo.
La onomatopeya de la risa es JAJAJA, o (en inglés) HAHAHA. Un acrónimo y forma de expresarla muy común en Twitter es, por ejemplo, a través del conocido LOL (su abreviatura de las iniciales en inglés de Laugh Out Loud que alude a reírse a carcajadas) y después, la forma que quiera darle cada uno, ya sea JUAAAAA, JEJEJE, JIJIJI, etc.
Es decir, hay muchas maneras de expresar la risa, ya sea haciéndola en vivo y en directo o a través de su forma escrita, que no reemplaza la acción auténtica y real pero que expresa en muchas ocasiones que eso está haciendo quien lo escribe en ese momento.
Así que riamos y no paremos de reír que mientras más lo hagamos mejor vamos a sentirnos y más cosas buenas estaremos generando para nuestro cuerpo y nuestra vida; y para la de los demás también, porque no.

jueves, 2 de mayo de 2013

Retornar.

Regresar. A donde sea. A lo que sea. Siempre implica una decisión y una cuota de fuerza para llevar adelante tal decisión personal.
Partiendo que si anhelamos regresar es porque antes nos fuimos, dejamos de hacerlo, o simplemente de estar en una situación; y aparentemente ahora necesitamos, queremos, o se nos antoja volver a eso mismo que cortamos por tal o cual motivo, no debemos tomarlo a la ligera y conviene frenar antes de seguir adelante.
Es bueno regresar, claro que es bueno. Sea a donde sea que lo hagamos por una motivación y una señal de que es lo mejor que podemos hacer al respecto, sí que lo es.
Más, si el volver significa (re)caer en algo que oportuna y afortunadamente dejamos de hacer, o de permanecer ahí, porque no era nada bueno para nosotros en algún aspecto que bien sabemos que no nos convenía, entonces el retornar, en este momento de su abordaje, no es satisfactorio y sería conveniente replantearse el hecho de llevarlo adelante o no.
Por esto es que en general todas las cosas a analizar, desde cualquier punto de vista, tienen una veta buena y otra no tanto, o directamente mala.
Así que si nos surge el ímpetu de querer encontrarnos nuevamente en tal o cual lugar -físico o espiritual- o si tenemos ganas de ir nuevamente hacia eso de lo que de una forma u otra nos alejamos, sólo será cuestión de abordar la situación realizando un concienzudo análisis del caso para no lanzarnos en forma atropellada hacia algún lugar o hacia algo que quizás no sea conveniente volver a encontrar o a empezar; o que por otro lado, porque no, quizás esté siendo lo mejor que nos puede estar esperando por esas horas de indecisión y, muchas veces, dudas e incertidumbres.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Luces naturales y luces artificiales.

¿Qué puede hacer una luz externa y artificial ante la inmensidad de un cielo gris, encapotado y sin luz? No mucho, ¿no les parece?; salvo iluminar el tiempo que dure su breve existencia.
Algo así podemos contemplar comparativamente en nuestra vida cuando el panorama se pone gris y todo parece perder su sentido. Por tal motivo, no hay que temer -no es necesario hacerlo- ya que siempre el sol volverá a brillar y será entonces cuando lo haga con más fuerza para iluminarnos y arrojar claridad sobre nuestra vida.
Nada, jamás, podrá terminar apagando la llama que tenemos en nuestro interior y que sólo es menester de cada uno reavivar para poder volver a ser feliz, con su luz.
El cielo (nuestro cielo personal) podrá llenarse de nubes, podrá encapotarse, literalmente; pero si sabemos dónde y cómo buscar para dar vigor a nuestra luz personal, entonces no habrá necesidad de ninguna luz artificial en nuestra vida; es decir de alegrías (luces) pasajeras que sólo estén el tiempo que dure su efecto, dejándonos luego, al apagarse, en iguales condiciones a las que nos encontrábamos antes de experimentarlas.
Porque después de todo ¿qué puede hacer una luz externa, artificial y pasajera ante la inmensidad de nuestro ser si éste oscurece y no hacemos nada nosotros para evitar que ésto suceda? Por lo tanto nuestra luz es la clave a buscar y reavivar siempre, a pesar de todo; y a pesar del tiempo que este trabajo interno nos pueda llevar. Démonos tiempo. Pero sin aflojar.
Intentarlo es el primer paso y puede que resulte difícil; seguramente que sí. Pero la búsqueda interna siempre dará sus frutos y la luz aparecerá. Hay que desearlo, y con eso alcanza.
Por esto quise ilustrar la idea con la fotografía que muestra la insignificancia de una iluminación artificial bajo un cielo cubierto que anuncia un feo tiempo por delante; luz ficticia que nada puede hacer ante ese estado natural, salvo iluminar -obviamente- durante el lapso que dure su breve existencia hasta que se apague y deba ser reemplazada por otra, siempre pasajera, más nunca eterna.
Entonces, que la luz que tenemos ahí, en nuestro interior, la que es eterna, no se pague y seamos capaces de avivarla, es nuestra tarea. Nosotros somos la luz. Tengámoslo y tengámonos presente. Siempre.

martes, 30 de abril de 2013

Las palabras.

Tenemos que poder ser conscientes en todo momento que nuestras palabras nunca pasarán desapercibidas en quienes nos estén escuchando en determinados momentos. Jamás.
No podemos decir lo que se nos antoje así porque sí con la solo excusa de: "total son palabras".
Y sí, palabras, nada menos. ¡Justamente palabras! Pocas armas son tan lacerantes e hirientes como las palabras, que una vez dichas y echadas a andar no detienen su camino jamás; volviendo bastante difícil la tarea de tratar de revocar lo dicho en el caso que fuera necesario.
Todos hemos sido presa de algunas palabras recibidas que han causado una herida en nosotros, quizás cuando quien las decía ni imaginaba que efecto tendrían. También, para ser honestos, habremos sido victimarios con palabras tiradas al aire sin ton ni son y direccionadas a personas en momentos y con ímpetu equivocados.
Quizás ofendan o lastimen las palabras escritas en este mismo momento, puede ser; porque en definitiva son el bálsamo o la condena que se provee a través de ellas, usadas como uno de los canales más importantes de expresión (sino el más) en el trato entre seres humanos y cumplen la función, adrede o sin quererlo, de acercarnos o alejarnos.
Tratar de ser cautos al hablar, esa es la clave. Ya pasó el tiempo vociferante, grosero e irracional, aunque nunca fue su momento en realidad. Pero así y todo, ahora, en este tiempo, no hay que dar lugar ni permitirlas. Ni a las propias, ni a las ajenas.
La forma deberá ser abordada con tacto y quizás vaya surgiendo en el mismo momento. Y es así, si no lo hacemos con nosotros mismos y con los demás, pero ya y desde ahora, no lo haremos más, y creo que es perentorio remitir a las palabras sabiendo que solo cosas buenas significan en quien las usa y en quien las recibe.
Armonía, paz, amor, felicidad, belleza, luz, y tantas otras son ejemplo de hermosas palabras y de que hay una oportunidad de hacer algo bueno con ellas desde ahora y para siempre. Y a través de ellas con nuestros vínculos, nuestra forma de relacionarnos; con nuestra vida y la de los demás.


lunes, 29 de abril de 2013

¿DíA DEL ANIMAL? ¡NO, CHE! NO SÓLO HOY, SINO "SIEMPRE".

No suelo adherir a celebraciones estipuladas, ya lo he dicho, porque la vida y determinados fines de celebración, valga la redundancia, deben ser diariamente contemplados y consagrados; y no solamente una vez al año.
Más con respecto a la fecha que hoy se trata en este día, adheriré para expresar mi amor y admiración por estos seres de bondad que deben ser puestos en valor por todo lo bueno que significan para la vida del ser humano, ya sean animales domésticos o salvajes; porque todos vienen a enseñarnos algo, siempre.


Ay, ay, ay... Hay que ir al gimnasio.

No hay caso che, hay gente que lleva en el alma eso del gimnasio y la actividad física. Yo, se ve que no. Lo hago, sí, pero como finalidad de salud y de verme (en todo sentido) bien.
Pero como decía, a mi no me surje desde las entrañas esa fuerza o ese ímpetu que me hace querer, necesitar y adorar ir y estar en el gimnasio.
Hay gente que sí, de hecho se les nota que están en su salsa cuando se encuentran allí. Y hacen sociales, y charlan entre rutinas, y alargan su estadía en el salón de ejercicios.
En mi caso, y en el de muchos más seguramente, voy, hablo con la gente (profesores incluidos) que luego de más de 3 años de ir al mismo lugar ya conozco y, obviamente, he entablo relación. Pero de ahí a postergar en más de 20, 30, ¡¡o 40!! minutos la continuidad de mis rutinas por quedarme hablando y nada más, la verdad que no, no soy de esa clase de habitué del gim.
Por eso, es cierto que muchas personas van a ejercitar su cuerpo y su musculatura para además conocer gente (en todas sus acepciones) y para trascender la simple actividad de ejercicios deportivos que en estos lugares se realizan.
No sé, yo he reparado en esto. Y todos/as han reparado en esto en algún momento, seguramente. Y tampoco está mal que así lo hagan los que gustan de ese tipo de actividades extra aeróbicas y musculares en lugares que esencialmente son para eso, para las actividades aeróbicas y musculares.
Lo noto cada vez que estoy en la cinta básicamente, donde puedo ver, mientras camino o corro, los movimientos que se suceden en el gimnasio al cual voy.
Es así, y hay que aceptar que el gimnasio es además de todo lo que supone este tipo de instituciones deportivas un centro de reunión social donde confluyen diferentes tipos de personas y de hecho la prueba es que están quienes se mueven allí de la manera que he comentado recién y quienes no. Y todos conviviendo armoniosa y respetuosamente bajo un mismo techo.
Pero ir al gimnasio, finalmente y retomando la idea central de esta entrada, hay que ir. Está bueno hacer algún tipo de actividad física. Para la salud, para sentirse bien y para mover el cuerpo dándole de esta manera la posibilidad de que oxigene su sangre y entre en movimiento su organismo. Es en cierta forma liberador, descontracturante y desestresante hacerlo. Es una buena opción, definitivamente. Una buena y saludable opción.

domingo, 28 de abril de 2013

No nos saque los bancos Sr. Macri.

Sí, yo utilizo este blog para volcar cualquier inquietud, pensamiento, punto de vista, postura personal, expresión genuina (del estilo que sea) o tema de interés general o particular. En fin, para lo que surja.
Partiendo desde su nombre -De Todo como en Botica- que alude a un crisol de temas en donde ninguno tiene impedida su publicación es que me encuentro muchas veces compartiendo entradas de carácter existencial o reflexivo, y otras también, como ahora, de específico tono político, urbano, civil, actual, o como cada uno/a quiera llamarle.
El hecho es que me entero que la actual conducción metropolitana a cargo del empresario tristemente devenido en político Mauricio Macri, está reemplazando los antiguos y característicos bancos de madera de color verde de la reserva ecológica por groseros bloques de cemento sin respaldar ni apoya brazos, cambiando de esta manera en forma radical un estilo de instalación de descanso que además acompañaba visualmente la armonía de este lugar natural, con el diseño y formato clásico -y hasta romántico- que caracteriza a los asientos de plaza.
¿Por qué estas modificaciones innecesarias que además conllevan tiempo, esfuerzo e inversión de presupuesto?
Cambiar algo que está bien, que es agradable y complementa el sitio donde se encuentra por otra cosa que viene a producir un descalabro visual en primera instancia y que además rompe con la imagen de un lugar tan silvestre como la reserva es inentendible.
Arreglar los bancos tradicionales que estuvieran en mal estado sería en todo caso la opción correcta a seguir pero no relevar toda una estructura montada para el descanso, por otra tan fría, incómoda y brutal como los bloques de material que vienen a contrastar -negativamente- con la estructura de un lugar así.
No soy urbanista, ni paisajista, ni arquitecto, claro; pero soy habitante de esta ciudad que hace ya 2 periodos de gobierno que viene padeciendo -literalmente- de las ideas y modificaciones que su conductor (¿político?), el jefe de gobierno de la CABA, hace en ella; además de padecer su gestión a grandes rasgos y en su totalidad, cada día, por estos días.
Una pena que el paso de personas ineficaces políticamente hablando, por el poder político haga tales desastres que, en lo pequeño o en lo grande, son males que lastiman y dañan al bien que deberían estar cuidando; en este caso a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a través de todas sus pertenencias, ya sean parques, calles, avenidas, y demás lugares. Y porque no también sus habitantes, claro, sus habitantes.

sábado, 27 de abril de 2013

Momentos de maltrato y agresión.

Nadie necesita estar instruido en el tema o hacer demasiadas investigaciones sino que por el contrario basta con haber sido al menos una vez en la vida partícipe de alguna situación estresante donde el maltrato se haga presente desde lo verbal, lo silencioso (los silencios son armar de agresión usados en el momento y lugar justos), cuando no desde lo físico.
Es así que haciendo alusión a los dos primeros ejemplos de los tres enunciados como maltrato que uno puede haber presenciado en carne propia o viéndolo en terceros podemos decir que nada bueno, positivo o constructivo sale de esos momentos tan... ¿cómo llamarlos?, tan... de mierda.
Si se presentan dejan siempre una fea experiencia ineludiblemente plasmada al pasar el mal trago vivido que muchas veces persiste con el correr de los días posteriores al hecho. ¡Y ni hablar del transcurso o del "mientras tanto" de la situación de maltrato en sí misma! Ese sí que es angustiante, incómodo y doloroso de sobrellevar.
Existen, se generan, aparecen, y adquieren forma porque al menos una de las partes apuesta a llevar adelante tan desgastante y espantosa empresa, ya que aquí no es necesario que todas las partes intervinientes en una situación de maltrato adhieran a ella porque basta con que una sola arroje las municiones aunque la otra no las recepciones (no las haga carne, acepte, o de relevancia, etc.) para que se ponga de manifiesto un maltrato constante y sonante.
Muchas veces también se da que ambas partes -maltratadora y maltratada- aceptan el lugar que ocupan poniéndose en cierta manera de acuerdo para el fin tan denigrante de la agresión; pero qué decir entonces si ya esto es otro tema más rebuscado desde lo psicológico y desde lo existencial de cada uno; me parece.
Retomando el tema de ignorar por la parte receptora las agresiones proporcionadas adrede por la parte maltratadora (ignoradas 'en teoría' ya que todo lo negativo que se recibe en algo debe mellar sobre quien es destinatario/a por más que se ponga todo el énfasis y la fuerza para que tal mala energía no llegue a dañar), es un método efectivo ya que recurrir a esa desatención con respecto a lo que se esté recibiendo -siempre haciendo alusión a la agresión verbal o de silencios que dicen mucho, y no hablando de la física ya que en esta entrada ese tipo de agresión extrema no la abordo- hace que quien no puede hacer nada para evitar la agresión al menos al momento de recibirla, comience a desentenderse del maltrato recibido simplemente porque sabe, entiende y decreta que no es justificable hacer caso al mismo.
Porque estuvieron, están y seguirán estando los maltratos y las agresiones en cualquiera de sus formas y presentaciones, sólo hasta que la persona que los y las recibe cambie su forma pasiva -receptora- y transforme esas circunstancias desfavorables para todos los participantes de un hecho de maltrato y agresión en una situación que no se repite más en su vida y pasa a ser sólo un mal recuerdo.
Las formas se irán dando desde y a partir del mismo momento de decidir que nunca más se dé esta situación tan... ¿cómo llamarle?, tan... de mierda.

viernes, 26 de abril de 2013

Cae el sol en la plaza.

Este horario en la plaza, el del atardecer, donde la ciudad va calmando su ritmo y se va desacelerando de todo poco a poco, donde mucha gente abandona los parques en los que estuvieron aprovechando y disfrutando del sol para ir a sus casas y otros llegan con sus perros o solos luego de terminar su jornada laboral a distenderse y despejar un poco su cabeza y pasear (en el caso de tenerlo) a su perrito, son lugares reconfortantes para este momento del día. Sino lo han experimentado, y pueden por tiempo y ganas, prueben y verán de que estoy hablando.
Están también los que dan un cierre al día con un partidito de fútbol en alguna de las canchas de alquiler que ésta u otras plazas tienen dentro de su predio y quienes llegan hasta estos espacios públicos sin saber muy bien para que, pero con la premisa de encontrar la paz y la libertad que allí se ofrece.
En definitiva, son plazas y parques donde siempre se puede estar inmerso en un entorno más tranquilo del que ofrece la ciudad en sus calles y veredas.
Son lugares naturales. Puros. Ventilados. Y son los atardeceres aquí momentos que de poder estar en alguno de estos lugares cuando suceden bien vale quedarse y vivirlos.
Simplemente eso. Para qué cargar de consignas algo tan simple y por este motivo tan pleno y pintoresco en todos sus aspectos como esto. Sólo eso.

jueves, 25 de abril de 2013

¡GRACIAS POR PERMITIRNOS VOLAR CONTIGO!


Tuve la suerte de haber sido uno de los tantos seguidores de los programas de radio que condujo Fernando Peña.
Tuve también la increíble dicha de conocerlas a ellas y de estar atento ante la aparición de cada una de sus criaturas, esperando oír sus historias y todo lo que éstas tenían para contarle a la audiencia radial de la que yo formé parte.
Me considero un integrante de ese grupo de los seguidores de la primera hora de Fernando ya que puedo decir que lo he seguido en sus programas y por las diferentes ubicaciones del dial radial, y siempre sin importar la ubicación y la complicación de sintonizar la señal allí estuve pasándolo bien y escuchándolo, a su lado, siempre -figurativamente, claro-.
¡Cuánto arte y cuánto talento junto en una misma persona! Tanto, que creo que lo mantuvo en una adolescencia continua en la que a pesar de todo lo que tenía (y mostraba casi obscenamente como a él le gustaba hacerlo) adolecía continuamente -valga la redundancia- de todo, y entonces a por ello iba tanto en su vida personal como profesional, todo el tiempo.
Un artista con todas las letras. Un verdadero artista. Tan talentoso como provocador, de eso no hay dudas, y tan tímido y sensible como parco y agresivo con los que no conocía; en esa doble cara que se le podía ver constantemente cuando pidiendo a gritos que se lo estimara y valorase alejaba a quienes quisieran acercársele o mirarlo con buenos ojos.
Un niño con una naturaleza rebelde y un hombre con una naturaleza creativa innata convivían en él, que cada día renovaba su impronta y que hacía de sus presentaciones artísticas en radio, teatro y televisión, o de las puramente públicas cuando concedía entrevistas o daba notas a movileros de tevé o de otros medios de comunicación (radio, prensa escrita, etc.), un momento de animoso entretenimiento o directamente de total desparpajo y transgresión, como los que sólo él sabía crear y a los que llevaba a su audiencia a gusto y piacere suyo, por supuesto.
Peña, tan recubierto por capas que tapaban su verdadera esencia y a la vez tan auténtico en todos sus movimientos. Y auténtico de verdad, ya sea desde sus uñas pintadas o sus tatuajes, hasta en su desfachatez de mostrar su pene (palabra que él detestaría usar en lugar de decir pija, verga o poronga directamente) ante una cámara en pleno móvil dado en vivo a un programa que se emitía por televisión y que era seguido por muchísimos televidentes por ese entonces .
Así era Fernando Peña. Así fue todo en su vida. Sin grises ni medias tintas. Todo a full. Todo con total entrega, ya que esa era la manera en la que él concebía su existencia y en la que se movía según fueran sucediéndose y pasándole las cosas.
Por eso, ¡cómo olvidarlo! ¡Cómo hacer de cuenta que, si bien ya no está más físicamente entre nosotros, no estuvo y significó tanto para mucha gente dentro de la que me incluyo! Imposible.
¡Cómo olvidar entonces a la dulce, melosa y tan caribeña ex-azafata cubana Milagros Dolores Guadalupe López López, Milagritos; que con sus anécdotas de vuelo en la Pan American World Airways (más conocida como Pan Am) o sus presentaciones de piezas musicales, hacía las delicias de sus "escuchadores" (Peña prefería llamar así su audiencia y no oyentes, ya que el oyente es un ser pasivo y en cambio el escuchador participa en forma activa opinando y dejando mensajes personales y originales) tanto en los programas de Fernando en los que solía hacerse presente cada tanto como en el suyo propio en radio del Plata llamado La Vereda Tropical; un delicado y musical programa que se podía escuchar por las noches, cada sábado!
¡Cómo olvidar también a la sufrida, pero no por eso menos chispeante y divertida, Cristina Patricia Megahertz, o directamente La Mega, que tantas sonrisas nos arrancó con sus llamados de la Psychology Now Today y las ocurrencias que tenía al realizar esa famosa encuesta, como por ejemplo la tan repetida pregunta: "¿Chorizo o morcilla?" que de la nada aparecía en medio del cuestionario! Jaja! ¡Qué recuerdos! Qué risa, por favor.
¡Cómo no acordarse de Mario Modesto Sabino ahora, si era un abuelo (dicho ésto con todo respeto Don Mario) que con su vasta experiencia al volante de un taxi nos sumergía cada tanto en sus historias, matizadas de encanto y melancolía sobre una Buenos Aires de otra época que muchos de nosotros ni habíamos alcanzado a conocer!
¿Y de Palito? ¡Qué decir y cómo olvidarse de Rubén Ramón Sixto Alegre, el famoso y camorrero Palito, si fue un pibe de los bajos barrios de José León Suárez que en una primera impresión podía resultar agresivo y maleducado pero luego terminaba comprando a todo el mundo por su dulzura e inocencia, revestida de a ratos por un poco de la típica acidez y rebelión característica de un pibito que traía consigo un bagaje importante de historia personal!
¡Y qué decir en este momento si todo lo que nos remite a Roberto María Flores es sinónimo de ternura y mariconería bonita! Fue un verdadero gusto conocerlo y escucharlo cada tanto en los programas, y más cuando cantaba o cometía el desliz de mandar al frente a algún puto tapado, aunque no hubiese estado tan tapado de todas maneras. Un indiscreto. Un atrevido. Un maracuya. Un divino. Todo en él era osado e inocentón a la vez. Un dulce Robeeto Flooore. Un dulce. "Poooto, poto, poto, poto, poooto". Un cantito que aún hoy suena en mi cabeza. Lindo.
Y no puedo pasar por alto al mexicanito más cabrío y cabrón que tuvo la radio, llamado Ricardo Alfredo Ñuñoa Cruz, más conocido por su apodo, Dick Alfredo, que fue el tipo que siempre había querido ser locutor y que quizás por exceso de palabrotas en su vocabulario y algo de desparpajo en su impronta llegó hasta donde llegó en su vida, conociendo a Peña y pudiendo laburar de lo que le gustaba junto a Él.
¡Cómo no traer hasta nosotros ya mismo entonces  a María Elena Rinaldi para recordar de esta manera sus alocuciones sobre la forma de hacer tales o cuales cosas, que generalmente eran más propias de los varones que de las mujeres, haciendo a través de estos consejos gala de todo lo que tuviera que ver con el mundo masculino y varonil de las chicas como ella! ¡Qué grossa María Elena, qué grossa!
Y no quiero dejar de hacer un comentario más sobre la última criatura a recordar en estas líneas, de las tantas personas que aparecieron a lo largo de la vida artística de Fer Peña, ya que ¡qué decir del más cheto, del más sofisticado, del para nada cache, mucho menos pardo, y tan patricio por cierto, Martín Revoira Lynch III ("¿Queashés maaan? ¿Tooo bien bolooo'?) que como nadie pudo dejar al desnudo ese tipo de personas que por "Sher taaan de Shan Ishidro" creían (creen) que son superiores a otras que corrieron con distinta suerte en su origen familiar y geográfico; y que sólo él pudo pintar en real esencia, aún perteneciendo a ese tipo de gente, burlándose a la vez de ellos; solapadamente claro, pero de forma descarada de toda esa superficialidad barata!
Por esto, ¿cómo no recordarlo a él, mentor y creador de todos estos personajes que traigo a la memoria, producto de extrañarlos al recordarlos y evocarlos?
A él, que supo ir delineando cada una de sus 21 criaturas para hacerlas tan únicas y diferentes entre sí como variadas en su forma de ser, de expresarse y de pensar. A él, que pudo como nadie hacerlas interactuar al mismo tiempo, casi pisándose y superponiéndose al hablar a todas ellas, logrando que quienes las escuchábamos del otro lado de la radio ni pensáramos por un instante en que podían ser otra cosa más que personas que allí estaban entablando una conversación, una pelea o simplemente compartiendo un programa de radio.
Yo sé que él seguirá siempre en los que lo quisimos y disfrutamos, como siguen todos los que fueron valorados por su público  Pero es cierto que con el paso del tiempo el recuerdo que queda en el corazón básicamente, se va haciendo cada vez más débil porque no se anda todo el tiempo pensando en alguien que ya no está y más cuando no es una persona directamente cercana sino un artista que se supo admirar.
Por eso hoy, sin ser la fecha de su nacimiento o de su muerte, lo recuerdo y refuerzo para mí en primer lugar, y para todos los que gusten de traerlo a la memoria y recordarlo, un poco de todo lo que fue y significó en su arte para muchos; y comparto esta entrada despidiéndome con una canción interpretada por la dulce Mega, que considero que habla por ella y por Fernando también, en toda la extensión de su letra.

¡GRACIAS FERNANDO PEÑA! ¡GRACIAS PUTO LINDO!
¡GRACIAS POR TODO TU ARTE!
¡Y GRACIAS POR PERMITIRNOS VOLAR CONTIGO!


miércoles, 24 de abril de 2013

Ese sahumerio, en ese instante, fue mi buena estrella.

Llegar a un banco de plaza y encontrarse con un sahumerio encendido apoyado sobre él, consumiéndose y perfumando el banco y su entorno, es algo poco común; de buena estrella, diría, y que me sucedió hace varios días atrás cuando caminaba con mi perro por el parque en su paseo vespertino y al ir a sentarme un rato mientras éste jugaba y corría por allí.
Digo que es de buena estrella ya que quien lo dejó ahí, seguramente supuso que era muy posible que alguien lo encontrara y (extendiéndome en la suposición, ahora personal) disfrutara de él.
Bueno, yo disfruté de este hallazgo; tanto como hasta que se apagó al poco tiempo de haber llegado yo a ese lugar, producto de tocar su parte encendida con la madera del banco, y dándome cuenta tiempo después de que esto había pasado al mirarlo nuevamente quizás por dejar de percibir el olor que despedía.
Como no fumo y no ando con fuego a mano, ya sea encendedor o cerillas, no pude volver a prenderle para que siguiera su curso de inundar el lugar cercano con su aroma. Y en determinado momento debí continuar mi camino (paseo) junto a mi perro, algo que no hice sin antes llevarme una imagen de este descubrimiento que había tomado ni bien lo vi y que me dejó sorprendido en primer lugar y congratulado después por imaginar que alguien lo había dejado ahí para que quien viniera y lo encontrase fuera feliz con el hallazgo.
Imaginado entonces, me creé esta idea, y como lo que viví fue un poco fuera de lo común, imaginar en torno a ello un plan que diera forma a tal historia no fue para nada difícil.
Pues bien, ateniéndome a la significación que le dí a mi descubrimiento, yo así lo hice. Al verlo allí, como esperándome, fui feliz con ese instante y ese descubrimiento; y luego llegado el momento, me alejé llevándome esta historia para mi en esa oportunidad, y para todos ustedes ahora.