miércoles, 4 de junio de 2014

No se trata de llegar a ningún lado.

Muchos se preguntan hacia donde vamos o cual será la meta próxima a seguir en este camino continuo que es nuestra vida cuando todo pareciera que "este tránsito" en "este plano" nos debe llevar hacia algún lugar. Y considero al respecto, al igual que muchas otras personas que como yo ven el matiz de la vida desde otro ángulo, que el primer error está en creer este tiempo, nuestro tiempo, un tránsito hacia algún lugar.
Palabras mucho más autorizadas que las mías han abordado este tema desde siempre y desde un lugar absolutamente actual con respecto al tiempo que se vive y del cual uno no se puede salir ni extrapolarse. Nosotros, cada uno de los seres vivos que estamos en este momento en el lugar que nos toca, somos presente y nada más que eso. No estamos hechos de sustancias que nos permitan vivir otra vez, a nuestro gusto y piacere, los momentos y situaciones ya vividos en el pasado ni contamos con una máquina fabulosa que nos puede trasladar hasta donde querramos en el tiempo, y si eso estaríamos pretendiendo para nuestra vida demostraríamos habernos quedado estancados en un momento mental de lo ocurrido que sólo ha sido real y verdadero en el tiempo que se dió, ese presente que eternamente vive en nosotros y que es tan basto que da lugar a que podamos experimentar millones de cosas en él; por eso, tal es así que eso mismo que desearíamos volver a vivir (siguiendo con el ejemplo usado) ya nos sería imposible porque en esta eternidad del "HOY", que nunca acaba y que ocupa todo nuestro tiempo y espacio real, seguramente estaremos viviendo algo nuevo, distinto y único en el auténtico tiempo actual en cuestion.
Por eso si estar viviendo de forma continua nuestra vida significa ser parte de un sólo momento que es aquel que se está viviendo y del cual se está siendo protagonista no debemos seguir elucubrando en otro tiempo que nunca llegará por el simple hecho de que estaremos siempre viviendo en el presente y nunca podremos hacerlo en el futuro, como así tampoco somos parte ni debemos focalizarnos en ese pasado que no existe, que no está, y que fue presente para seguir siéndolo a medida que avanzó nuestra vida y continuó viviendo lo mismo o tomando otros caminos pero estando siempre en este único tiempo que existe y que tenemos que provilegiar, sentir y vivir.
Somo puro instante que va moviéndose de aquí para allá y que solo nos permite avanzar y fortalecernos en este momento. Somos una energía que solo sirve ahora, que nada más necesita saberse en este momento y de ahí en más solo ser, homogenizándose con lo que éste nos ofrece.
La fuerza de cada vida de nada sirve pensada para dentro de un año o tan siquiera de una hora después de la real, la de este fugaz y eterno a la vez "AHORA" de cada uno.
Es muy pleno saberse hoy y nada más que eso. No sirve mirar otros casos, más sí ayuda a entender a lo que se apunta desde la perspectiva de privilegiar nuestro presente inmediato. Muchas personas viven esclavizadas de su propia vida, que no les permite disfrutar siquiera tan solo unas horas al día de algo que realmente desearían y que les haría bien, por el afán de saberse dentro de un estilo de apostar a la vida y al futuro que les permita "alguna vez" poder finalmente descansar y disfrutar de "una vida sacrificios y arduas postergaciones para el después". Bueno, viéndolo desde esta perspectiva o filosofía de vida que nos sitúa e impregna en este ahora que es nuestra vida y nada más, esta triste forma de abordar la vida dejándola de lado para disfrutarla vaya a saber cuando es una contradicción en todo lo que supuestamente se propone quien relega placer y vivencia real por nada, es decir por algo (llámese tiempo, meta, horizonte lejano, sublimación, anhelo, etc.) que nunca llegará ya que siempre debemos recordar que estamos viviendo en el ahora y no hay manera de salirse de este espacio temporal tanto sea para adelante como para atrás en la línea del tiempo que solo tiene un punto verdadero y exclusivo: el Presente, nuestro "YA".
¿Vamos a seguir demorando todo por nada, entonces? ¡Seamos felices y dejemos que nuestra vida, como sinónimo de nuestro presente, nos vaya dando las pautas para continuar! Cada uno sabrá, de acuerdo a su lugar, como abordar esta modalidad plena de vivir cada segundo de nuestra existencia. Cada uno podrá ser el artífice de todo lo que le suceda, sabiéndose absolutamente imprescindible para su propio Ser y definitivamente necesario para cada instante de su camino.
Vivamos agradeciendo tener esa bocanada de aire o ese rayo de luz que ventila o ilumina nuestra ciudad y nuestra vida. Seamos simples porque el presente es eso: este momento y este ahora y, ¿qué cosa más simple y clara que este segundo que tenemos en nuestro interior constantemente para disponer de él y seguir aprovechándolo siempre?
Seamos Felices. Seamos Presente. No perdamos el tiempo. Aprovechémoslo.

jueves, 29 de mayo de 2014

El veganismo y la lucha contra el especismo son motores para mi vida.

Antes de volcarme de lleno a vivir una vida vegana y antiespecista, desde todos sus ángulos y desde donde se la mire, ya en pequeñas acciones y elecciones demostraba una intención de no sumarme a la masa que cultural y folclóricamente adopta posturas que nuestros progenitores y nuestros antepasados han ido llevando adelante desde tiempos inmemoriales.
Por tal es que yo, por ejemplo, siempre tuve un poco menos que repulsión al huevo de gallina, de codorniz y de cualquier ave "ponedora" no pudiendo comer jamás en la vida fideos amasados al huevo (me producía literalmente ganas de vomitar darme cuenta que la pasta era de ese estilo) y consumiendo siempre y hasta el día de hoy fideos de pasta seca de sémola o integrales, pero nunca al huevo.
Tampoco me era atractivo vestirme con ropa de cuero, ni siquiera en mi adolescencia cuando era un "boom" total hacerlo y era la "onda" absoluta tener alguna campera, bolso, o accesorio de este material de un ser vivo (ya muerto en ese caso).
Muy esporádicamente miraba películas en donde los animales recibieran algún maltrato (a pesar de saber que en la mayoría de los casos lo que se ve en las escenas es ficticio con respecto a lo que se hace con ellos en la realidad del set de filmación) y era de mi agrado, cuando jugaba, jugar a que era un animal. Por ejemplo: jugando en el patio de mi casa con un amigo del barrio, creo que con mi hermana, y no sé bien si con algún otro chico más también, recreábamos la serie Daktari y yo siempre era Clarens, el león bizco de la tira.
Algo que sí amaba, muy contrariamente a todos los signos antiespecistas que daba de pequeño, era ir al zoo. En verdad lo amaba, pero me quedaba horas frente a las diferentes jaulas de los animales allí encerrados tratando de que me vieran, de que me miraran a los ojos; y la verdad que cuando lo lograba, especialmente con el viejito orangután del Zoo Porteño, me costaba horrores irme, continuar el recorrido, porque, amén de que me gustara estar haciendo ese paseo, en ese preciso instante del intercambio de miradas me sentía triste y con enormes ganas de abrazarlo ya que nuestro contacto visual, cuando se daba, se prolongaba mucho tiempo a través del grueso vidrio que separa a estos seres cautivos de la gente que va a observarlos.
Por lo tanto siempre tuve una marcada afinidad a amar y a sufrir, desde el lugar que yo ocupaba, la tristeza que los animales pudieran sentir, ya que tomo esto último del orangután anciano como un mimetismo que yo buscaba alcanzar al querer cruzar miradas con él; una mirada, la suya, tan triste (quizás en ese momento no lo notaba en su total magnitud) como la que solo ofrecen los seres presos, sufrientes y egoístamente privados de su libertad y plenitud por el ser humano egoísta.
Y si de pequeños nos van fomentando la aceptación y "normalización" de todas estas costumbres no es menor que yo me haya "salido" de ese molde especista, y estos indicios que comento junto a otros muchos que no agrego para no hacer tediosa la lista y la lectura son motivo personal de mi orgullo y de mi felicidad por abrazar esta filosofía de vida que no hace otra cosa que hacerme un hombre de bien y liberarme de esas cadenas que me ponían (sin saber) los mayores, en concordancia a la costumbre de aceptar y transmitir esas mismas cadenas que ellos también traían generacionalmente puestas, y haciendo mi liberación "el motivo" más contundente de este deseo e intento propio de que todos los seres vivos que sufrimos (pero que también gozamos) podamos liberarnos y ser felices. Libres y Felices.
Por eso
EL VEGANISMO Y LA LUCHA CONTRA EL ESPECISMO SON MOTORES PARA MI VIDA.

jueves, 15 de mayo de 2014

¿Vieron esos días?

¿Vieron esos días en donde todo parece que se va dando en forma escalonada como no queremos; y sentimos, quizás predispuestos por previas y pequeñas desventuras sucedidas en el día, que todo sale mal o al menos no como pretendíamos? Bueno, ese es un día que hoy ha tenido (está teniendo) lugar en mi vida y que me ha dejado, como mínimo, dolor de cabeza en consecuencia real de todo lo vivido este jueves 15 de mayo de 2014.
Y una cosa lleva a la otra y todo se tiñe de un tono que no es el del color que uno quiere darle a sus días, a su vida.
Y estos momentos pasan, seguro, pero cuando se están viviendo dan mucha bronca e impotencia, además de facilitarnos el camino a todo tipo de autoreclamos personales, balances y "existencialismos" posibles. Total, en una jornada pantanosa qué más da si la empantanamos del todo con todo tipo de aditivos.
En mi caso no me pasa muy seguido esto. Podría decir, haciendo una estadística, que una o a lo sumo dos veces al año; y si bien es un bajón que esto me suceda trato de sacar algo en limpio, cuando ya pasó, y ver todo con más claridad, o al menos no con la poca que tenía en este día en cuestión.
Este es el día en el que agradezco (y sumo a mi perro en este agradecimiento ya que creo que Él podría pensarlo y verlo igual que yo) no tener a nadie que me espera en casa cuando llego junto con Boro de alguna de las salidas que hacemos, o que simplemente conviva conmigo y con mi can, y en donde la soledad acompañada que vivimos Él y yo viene a sellar la forma de vida que, quizás por costumbre forzada y/o elección consciente, mejor me sienta y va conmigo (y con mi perro, claro).
Es así, gente que por aquí pase y lea esta entrada de blog creada a modo de catarsis y de confeso parecer, los días nublados, no solo climatológicamente hablando sino en lo íntimo y personal, se dan y uno solo debe limitarse a evaluarlos y sortearlos ayudándolos a que pasen lo menos notorios posible.
Mientras escribo esto (que seguramente estaré publicando en unas horas ya que lo estoy haciendo a modo de borrador desde mi teléfono móvil) todavía me queda tiempo por delante de este jueves, pero no importa porque el volcar mi sentir en este blog ya ha comenzado a serenar mi espíritu y a hacerme sentir mejor.

jueves, 24 de abril de 2014

El dilema de decidir.

Es un momento en el que se debe discernir entre hacer algo o no hacerlo, sin que ese algo sea muy concreto o contundente pero aunque de todos modos su puesta en marcha derive en una respuesta que en este caso la otra parte entenderá y asumirá como última (al menos por ese momento) de lo que verdaderamente se trata muchas veces, lo que nos pone en una disyuntiva fatal de hacer algo por los demás o por nosotros mismos. Es decir, una encrucijada. Y en ese metier se encuentra toda persona que asuma llevar adelante su vida y para ello no declinar sus propias intenciones ante segundas y/o terceras personas. Es decir, siempre todos atravesamos en mayor o menor medida este tipo de experiencias que si bien parten de un intercambio de postulaciones entre dos o más personas terminan siendo absolutamente personales dado el carácter que ellas revisten al ser uno y nadie más que uno quien decida y dictamine sobre los pasos a seguir en la propia vida, a pesar o en favor de los demás.
Y la culpa podría devenir en este contexto de mantener o modificar lo decidido porque el ser humano tiene eso que es muy particular solamente en su especie de que cuando se privilegia a sí mismo, en muchas oportunidades, siente que está actuando u obrando mal. Todo esto, claro, producto de años y años de una educación no necesariamente adquirida adrede sino más bien respirada en cada cosa (religión, educación, "reglas" de la amistad, etc.) que se vive en esta sociedad que imparte que así debe ser.
Por eso es que hay que aprender a valorarse y a darse el lugar, y no solo hacerlo desde palabra sino también en la acción; y como seguramente al momento de poner en práctica tal postulado es muy factible que no resulte fácil hacerlo (producto de esa misma "educación" adquirida que no nos deja privilegiarnos sin sentir un dejo de culpas) es que hay que vencer ese freno y seguir adelante, simplemente privilegiándonos.
Hay que tener en cuenta, por otro lado, que privilegiarse no significa hacer siempre lo que uno se planteó como meta a pesar de lo que cueste, ya que a veces es muy oportuno considerar todo lo que entra en juego al momento de decidir(se). Y es cierto que también influirá todo aquello que venga a cerrar de alguna manera esa decisión que se tome, con inseparable peso del carácter del contexto y de la otra parte que está interviniendo en el dilema, por llamarle de algún modo.
Seres humanos somos, y seres sufrientes que padecemos, también; nada más y nada menos que eso somos. Eso hacemos en la vida que vivimos. No debería ser así, desde los padecimientos y sentires que se generan, pero ya se sabe que así aprendemos a vivir, bajo esa triste idea de que "a golpes se hacen los hombres" (genéricamente hablando e incluyendo en esos "hombres" tanto a varones como a mujeres, seres pertenecientes a la humanidad).
La clave, siempre abierta a ser modificada y revisada, es sentirse inmerso en este tiempo actual, este hoy, y actuar en consecuencia. De ese pasado lejano o cercano, inexistente por su ficticia consistencia en este momento actual, tendremos sin saberlo a modo de armas ingredientes para decidir en este tiempo, el único real y por ende el que debe ser valorado y tenido en cuenta. Del futuro, tan inconsistente e incierto como un paraje que se encuentra al menos a unos 20 km de distancia del lugar en el que nos encontramos en una ruta que vamos recorriendo por primera y única vez (comparada con nuestra vida) nada podemos prever ni suponer ya que además nuestro presente es tan extenso, que no termina nunca, que no podemos darnos el lujo de gastar energías y perder tiempo elucubrando sobre él, un tiempo irreal que aún no ha llegado.
Es así que no se decide sino desde una absoluta, construida y consciente experiencia de vivir en el tiempo real, el ahora, el único auténtico que, de inclinarse por la decisión acertada, termina convirtiéndola en la más oportuna para quien la comparte como para quienes participan, en mayor o menor medida, de ella.

lunes, 7 de abril de 2014

Desaciertos.

La chabacanería, el desatino, la mala ubicación frente a diferentes expresiones y manifestaciones de la vida, existieron, existen y siempre existirán.
A veces se plasman como una constante en alguien y solo salen de su ser todas emisiones de este tipo. Otras, aparecen de alguien más que parecía ser de las últimas personas en la lista en ofrecer tales demostraciones. Pero alguna otra vez, ese tipo de revelación, proviene de gente inimaginable, esa que se podría haber estado seguro que no aparecería con tales elocuencias, jamás.
Es así, todo lo que escribo, relato, detallo y muestro es porque ha tocado mi Ser, directa o indirectamente, y la chabacanería, confundida con desacierto, esta vez, me ha rozado. Y que feo se siente, che.

jueves, 20 de marzo de 2014

Miedosos vs. Valientes.


Una cosa es ser una persona sometida, pusilánime y manejable desde todo sentido y otra cosa es ser una que se planta en sus zapatos y hace y decide, a como de lugar, sin importar las consecuencias.
Se puede estar muy bien ubicado en la escala social y tener una seguridad económica, laboral y familiar, en apariencia de privilegio, y sin embargo ser alguien que en definitiva no decide más allá de sus narices y de aquello que no le interesa a su círculo que decida. Se puede estar pregonando la independencia absoluta, frente a otros casos que en teoría dependen de los demás, pero ser completamente dependiente de todos y de todo aquello que venga de otra parte que no sea la propia. Se puede ser tan insignificante en el ámbito en el cual alguien se cree que se mueve como pez en el agua y sin embargo ante otros, a sabiendas de que no es así, dar a entender que se es de relevancia absoluta en dichos entornos. Y así se puede ser y estar pasando gran parte de la vida sin darse cuenta, o lo que es peor asumiéndolo pero no haciendo nada por miles y miles de razones y motivos que en realidad se definirían con una sola palabra: miedo.
Miedo a desagradar, a confrontar, a discutir y tener que mantenerse firme en los argumentos dados para avanzar hacia la salida que deje atrás ese sometimiento. Miedo a crecer. Sí, a crecer, porque aunque se sea grande y se tenga todas las responsabilidades que la gente grande intenta acaparar en su vida para sentirse justamente así, grande y adulta, muchas veces no se ha crecido y madurado aunque por otro lado hayan llegado todos esos menesteres que hacen a la vida de los adultos.
Por otra parte, en contraposición a esta forma de asumirse, están aquellas personas que quizás no se encuentren en la mejor ubicación económica, laboral, social y familiar, muchas veces porque por asumirse en su propia identidad y salir adelante con sus propias ganas de hacer y de ver las cosas desde un determinado momento han perdido eso que los "miedosos" mantiene aún a costa de perder en definitiva su libertad, pero que realmente han crecido en el verdadero sentida de la palabra. Y estas personas que a simple vista adolecen de todo lo que hace adulta a la gente "común", es decir todo lo que muchas veces los sometidos poseen y alardean de mantener en sus vidas, resultan ser sin lugar a dudas más adultas, independientes y libres que cualquier otra que se les enfrente y compare aduciendo argumentos tales como el dinero, el trabajo o las relaciones, del tipo que sean; sociales, familiares, empresariales, y etc., etc., y etc.
Estas últimas personas, las que llamaré "valientes" en oposición a los miedosos ya citados, son aquellas que no han perdido el miedo sino que por el contrario le han hecho frente en determinados momentos a pesar de lo que decantara luego de las empresas emprendidas y por eso se pueden mover, ellas sí, como pez en el agua en donde quiera que se encuentren sabiendo que llevan en cada paso dado, bien calzadas en sus zapatos, la autoridad de haber despegado, crecido y evolucionado. Después, que las cosas hayan salido más bien o más mal eso es otro cantar y son múltiples los factores que intervienen en el análisis de las venturas y desventuras de cada vida, pero lo importante es poder ir hacia "un allá" y no quedarse atado física o emocionalmente a ningún "otro allá" que lo único que hará es no dejar avanzar a la persona, física y emocionalmente, convirtiendo su vida por encontrarse atrapada en este infortunio existencial en una vida de sometimiento y manejo por parte de terceros que debieron haber quedado atrás, a la hora de tomar decisiones, enfrentar cambios personales y decidir, hace mucho tiempo.

martes, 25 de febrero de 2014

La homosexualidad, de entrecasa.

Es claramente evidente que todo lo que escriba a partir de ahora lo haré con la clara conciencia de saberme con la suficiente autoridad moral y la experiencia real de ser una persona que (en este caso sí vale la aclaración pertinente que en otra circunstancia no tendría porque darla) abraza la elección homosexual en su vida.
Antes de volcarme de lleno al tema puntual que abordaré quiero aclarar que no voy a hablar o a hacer alusión a lo sexual y que sólo me competirá hablar de lo que enuncia el título de esta publicación, es decir de las cosas que se dan en la intimidad más común de cada vínculo, en este caso homosexual, pero no en la intimidad sexual sino en aquella de la convivencia diaria en el aspecto específico que atañe a las acciones comúnmente llamadas de entrecasa, esas que se hace en todas las casas para que éstas no se vengan abajo, metafórica y literalmente hablando.
Ahora sí. Voy a ser simple, directo: en las parejas homosexuales masculinas siempre hay una de las partes que adopta el predominante papel más similar al de la mujer de las parejas heterosexuales, ése que a pesar de que ambos trabajen, o sea uno solo de ellos el que lo haga, o ninguno de los dos, siempre será menester de un mismo integrante de la pareja hacer. Esas cosas relacionadas a las "amas de casa" específicamente.
Es así que siempre uno de los dos será quien más predispuesto esté para cocinar, para hacer alguna que otra limpieza (acorde a su tiempo y posibilidades) o para guiar a quien la realice por él, para enfocar la organización y el orden de la casa en general, y para ser quien decide ante la incertidumbre o indecisión que se genera sobre algunos temas en cualquier momento del día.
En las cosas donde llegado un punto es necesario actuar velozmente y donde como comúnmente se diría hay que "sacar las papas del fuego", siempre hablando de cosas que aluden a momentos y menesteres caseros como por ejemplo dar por terminada la disyuntiva de que se cena, bueno, ahí será una parte (generalmente siempre la misma) la que haga el milagro de cocinar algo que apacigüe y finalice la tensión previa a saber que se comía.
Será también (siempre) esa misma parte que toma las riendas en el ejemplo anterior quien asuma los preparativos más significativos, en cuanto a ordenar y acomodar todo lo que se traslade, cuando de viajar se trate, ya que debido a ese pragmatismo que se adquiere a través de la organización diaria de la casa es que luego todo resulta más práctico y cómodo para ambas partes si se asume que la ya mencionada adopte el lugar de protagonismo en el quehacer previo al viaje; y será también esta parte quien, por una decisión tácitamente instaurada y consensuada por ambas partes, nuevamente se encargue de todo lo que hace a organizar los diferentes aspectos que se dan en el lugar donde se esté, ya sea cuando hablamos de estar de vacaciones o de visita en algún lugar fuera del que se reside habitualmente.
Y como éstas decenas de otras cosas que pueden parecer una nimiedad pero que en realidad son muy importantes para tener una convivencia y, claro está, una casa en el mejor estado posible.
Un último ejemplo que puede pintar mejor esta ubicación de uno de los dos integrantes con respecto a la pareja es que va a ser éste, al que he ido aludiendo en todo el relato, quien esté más pendiente de todo lo que tenga que ver con las cosas que hacen a que la casa esté en óptimas condiciones, tanto para él como para su pareja, no significando esto que el otro integrante sea un despreocupado (a veces sí, claro) o no colabore para mantener la armonía hogareña desde lo estrictamente casero o de entrecasa hablando; para nada, ya que seguramente este otro integrante es quien desde su lugar contribuye en forma tan importante como la citada a todo esto, sabiendo que es conveniente que solo uno de los dos asuma el papel de "amo de casa" (por llamarlo de alguna manera más gráfica o representativa) y de organizador del hogar, haciendo más fácil y simple las cosas para todo el mundo que allí habita.

lunes, 17 de febrero de 2014

La Industria Lechera.

Reflexionando un poco acerca de la necedad humana y del snobismo y el egoísmo en el que caen presas muchas personas me apeno un poco más que de costumbre, que cuando voy por la vida sabiendo de esta sinrazón pero dejándola de lado, momentáneamente, en el trajín del común de los días.
El punto es que al volver sobre esta noción recrudece en mí esa herida que no hay manera de sanar completamente y que, a pesar de ir colaborando con una gotita de agua en ese mar de ayudar en la causa de proteger desde todos los flancos a los animales, está y crece cada día al tomar conocimiento de nuevas (nuevas para mi) injusticias que se comenten en diferentes lugares y que son avaladas por los seres humanos.
La industria de la leche es de las que más me estremece el corazón por un lado e incentiva mi fuerza para hacer cosas por los animales por el otro. Me estremece, sí, más no frena ni amedrenta mi determinación ya que, ante cada maltrato y atropello contra la vida inocente y buena de cada ser que es torturado hasta que no puede más y entonces -bajo condiciones paupérrimas- es trasladado a su espantoso final, reasumo el compromiso de no abandonar nunca la causa de amor, compasión y respeto que les devuelva la dignidad que la misma humanidad (gran parte de ella) les quita cada día desde hace más de 2.000 años.
Y hago hincapié en la industria lechera porque muchas veces es la que se piensa como la menos perjudicial de todas las que lucran con la vida, el esfuerzo y el sometimiento de los animales; pero que es sin dudas de las más (sino la más) crueles de todas estas empresas llevadas adelante para satisfacer necesidades creadas para el lucro, que podrían quitarse de las costumbres humanas sin significar absolutamente ningún desmedro en la calidad de vida de las personas.
La leche y sus derivados significan dolor, miedo, desgarro ante la separación de madres e hijos, tortura, sufrimiento y finalmente asesinato, matizado bajo la denominación de muerte de cientos de miles de "cabezas de ganado"; así denominadas partiendo de la despreocupación que muestra el hombre por "eso" que le sirve como materia prima para obtener lo que quiere, y desmereciendo, discriminando y haciendo referencia de esta forma y con esta triste denominación a una despersonalización (sé que no son personas las vacas pero sirve para la idea que expreso en este momento de mi relato) que fundamenta el posterior maltrato y humillación llevado a cabo en estos campos de concentración de trabajo forzoso y esclavo sobre las vacas.
Nuestro cuerpo no necesita más de la leche una vez que abandona la etapa de la lactancia materna, y hablamos de que no necesitamos de la leche materna, es decir de la de nuestra madre, ese ser vivo de nuestra misma especie. Entonces si no necesitamos más de la leche de nuestra progenitora, una vez que crecemos y nuestro cuerpo y organismo evolucionan, ¿por qué habríamos de continuar tomándola ¡¡Y DE OTRA ESPECIE DE SER VIVO COMO ES LA VACA!! por el resto de nuestra vida?
Se ha comprobado que el tomar leche regularmente no es positivo para el organismo y que todo lo que la publicidad engañosa, que tiende a fomentar la compra y el consumo de este tipo de productos, nos dice no es tal. Es decir, que afirmar que son beneficiosos para la flora intestinal, los huesos, y todos los enunciados enumerados de los que se hace gala que proveen los lácteos con su consumo no es otra cosa que estrategias de venta y nada más. Por otra parte teniendo en cuenta que cada vez más productos químicos y agregados (que se alejan de lo natural y lo puro) inundan estos productos que aparecen sin parar, uno tras otro superándose, supuestamente, en calidad y beneficios ¿nunca se preguntaron como es que la leche que hace 30 años se consumía en sachet y que no tenía otra alteración más que ser "entera o descremada" o los yogures que sólo se podían encontrar "de frutilla o de vainilla" no podrían nunca haber cambiado y trocado su forma y composición para pasar a tener actualmente más de 10 o 15 presentaciones diferentes en sus fórmulas y beneficios sin dejar de perder su carácter de naturales? Link para ver más sobre este tema de la leche y la salud humana.
No nos engañemos y que no nos tomen el pelo, por favor, no es necesario ser un erudito para darse cuenta de que esas leches y esos yogures nada bueno pueden significar para el cuerpo humano después de tantas mutaciones y transformaciones llevadas a cabo sobre su composición.
Por todo esto me entristece saber que esa industria que genera tantos productos, porque tiene un amplio mercado que los está esperando, los consume y los celebra en cada nueva aparición, hace que se vuelva sumamente difícil y complicado luchar contra esos molinos de viento que representan las costumbres arraigadas en las sociedades del mundo, costumbres que por tal arraigo requieren de mucho tiempo para ser despejadas, concienciadas y, eventualmente, modificadas.
Pero ya se sabe que todo lleva su tiempo y, por eso, con que sea un cambio o una toma de conciencia que se den y se lleven a cabo cada tanto ya habrá valido la pena tanto insistir, estar difundiendo y seguir abocados a la tarea de hacerles el mundo más justo a todos, seres humanos y animales, ambos con un sistema nervioso central que nos hace capaces de sentir tristeza, alegría, emoción, dolor, sufrimiento y pánico ante una situación que indique que seremos maltratados y reducidos, contra nuestra voluntad, a la miseria del sufrimiento; algo para lo cual no se requieren de mayores capacidades que las recién nombradas para darse cuenta y comprender que todo lo que venga después será horrible.
Tengamos presente entonces que es la industria láctea de las peores y de las más despiadadas en su proceder con los animales y contemplemos esta verdad al momento de elegir y optar por un tipo y estilo de producto.
Un momento de gusto o sabor personal no justifican tanto dolor y sufrimiento en vidas puras e inocentes. Piénsenlo.

lunes, 10 de febrero de 2014

¡Las palabras son hermosas!

Partiendo de la base de que todo sería nada sin ellas, es más, ahondando en el extremo de ser realmente justos en la apreciación y diciendo que tampoco sería nada, ya que no podríamos denominar algo que no conociésemos; sin las palabras, la vida (si pudiera concebirse ésta sin ellas, en su existencia moderna) sería un páramo desolador, tosco e impotente.
Ellas vienen a completarnos, en el más profundo sentido de esta noción, ya que nos permiten expresarnos -en primer y fundamental lugar- y ser quienes somos en nuestro darnos a conocer ante los demás con nuestra forma de ser, expresada a través del hablar y del escribir propios; como sucede en este caso con cada entrada de mi blog por ejemplo, que no es otra cosa que una representación a través de las palabras de lo que se aborda en él y también a través de quien lo promueve y lo lleva adelante (yo), por supuesto que de igual modo a través de las palabras también, claro.
Por eso, si son tan importantes y necesarias en la vida humana ¿por qué no hacer un correcto uso de ellas?, ¿por qué?; es más, ¿por qué no usarlas al menos?, ¿no?
Es apreciable, en primera instancia, que la gente desconoce seguramente más de la mitad de las palabras que pertenecen a su propio idioma y que de igual manera se conforma y auto abastece con las que ha ido aprendiendo, y nada más; ya que en general las personas no recurren al mecanismo innato de quienes aman profundizar su lenguaje y expresión adoptando toda palabra nueva que escuchen o lean por ahí, para enriquecer su vocabulario y su forma de expresión, sino que vagan errantes en el mundo de las palabras con esas que traen consigo y que no les interesa complementar con otras nuevas, que desconozcan.
Es tan basto el campo de la expresión oral y escrita que si nos detenemos a pensar un momento en las diferentes maneras que existen de decir un mismo significado no puede no darnos ganas de usar todas las alternativas que tengamos para ello.
Que el vocabulario, amplio, rico y distinguido por la variedad y elocuencia de sus palabras es algo reservado para unos cuantos que tienen determinado acceso cultural para replantearse estas nociones es algo cierto pero solo en una primera instancia, ya que basta con querer sentirse cada día un poco más completo desde el lugar de la comunicación personal y social para pretender acrecentar nuestra elocuencia en la forma de hablar y escribir, y obrar entonces en consecuencia de ello.
Yo adoro escribir y hablar correctamente. No digo usando ampulosas palabras porque sí, sin más; sino cuando éstas vienen a mi, inconscientemente, al tiempo de transmitir lo que quiera comunicar, responder, exponer o decir.
Al momento de incorporar nuevos vocablos quizás sea necesario usarlos más de la cuenta para fijarlos y que pasen a engrosar nuestro archivo mental, ése que se hace presente y nos permite expresarnos automáticamente cada vez que hablamos o escribimos. Luego, como es sabido, será parte del bagaje de nuestro léxico y estará disponible las 24 horas para ser utilizado por nosotros, pasando a formar parte de nuestro lenguaje formal y coloquial, ése que nos distinga al momento de usarlo y transmitirlo.
Es una sensación sin igual la de sentir que no hay barreras para la comunicación y que podemos transmitir, poniendo en palabras, eso que queremos contar y dar a conocer. Todo en la comunicación es hermoso y súper alentador cuando descubrimos que podemos hacer uso de ella sin plantearnos el hecho de no comprender aquello que nos digan, pudiendo además gozar de un amplio abanico de posibilidades al momento de lanzar nosotros las ideas, los comentarios y las expresiones de todo lo que nos pase o sintamos.
Es así de maravilloso el mundo de las palabras, absolutamente frondoso y fructífero; que al usarlo y profundizar en él se agiganta y nos precia de la mayor gratificación, esa que se siente al escucharse hablar o leerse y darse cuenta de que buenas composiciones salen de nuestra continua formación; comprobando que solo la intención y la autodeterminación de conocer, averiguar y descubrir eso que hasta hace algún tiempo era desconocido para nosotros alcanza para comenzar a movernos en el campo del auténtico placer gramatical que genera ganas de leer y de escuchar; y también porque no, de leerse y de escucharse.

jueves, 6 de febrero de 2014

A veces quisiera.

A veces quisiera gritar y denunciar injusticias a los cuatro vientos y a viva voz pero luego de un tiempo de pensarlo, afortunadamente, viene a mí la certeza de que de nada me serviría tal osadía, más allá de hacerme sentir un poco más liviano y satisfecho por fugaces momentos; y entonces recapacito y sigo adelante con lo estipulado porque entiendo que, al menos por ahora, no es la hora de hacerlo.
Y hablo de injusticias a todo nivel. De esas evidentes que a pesar de serlo parecería que la mayoría de las personas no las ven. ¿Otras? Injusticias de las que atropellan la dignidad o socavan el buen ánimo de la gente. ¿Más? Injusticias contra los seres de amor y pureza, es decir contra los animales, que por aceptación cultural establecida han sido relegados a lugares siniestros con respecto a la vida del ser humano, y de ahí en más todo lo imaginable que esto puede llegar a significar. ¿Sigo? Injusticias a título personal, de aquellas que a veces siento estar padeciendo por tal o cual motivo, acción, o falta de ella, y que aunque sean personales no son menores o menos denunciables que las anteriores.
En fin, así podría seguir enumerando aquellas que vienen a mi mente en tales momentos pero ya se entendió que hablo de todas las imaginables, de todas esas injusticias que siempre están o que aparecen para arruinar un instante, una etapa, y a veces, muchas veces, una vida, y  miles de vidas.
Por eso, cuando siento ese ímpetu de desahogo, que puja por salir de mi interior, sé que no es del todo desubicado ni desafortunado experimentarlo; en primer lugar porque las injusticias, del tipo que sean, conmocionan el corazón y angustian y oprimen el pecho y el alma (entendiendo el alma como ese lugar de cada Ser que, figurativamente, es nuestro motor de luz, pureza y energía para mantenernos dignos) y luego porque el hecho de sentir tal necesidad hace que me de cuenta que estoy vivo y que veo y sufro por todo eso que muchos ignoran, pero que felizmente también muchos otros observan, sienten y sufren al igual que yo.
No gritaré entonces, pero seguiré sintiendo cada una de esas injusticias, no permitiendo al menos que pasen desapercibidas por mí y haciendo todo lo necesario para que, en lo que a mí respecta, no se sigan generando. Total, siempre habrá tiempo de gritar y soy de la idea de que antes que hacer eso es mejor buscar el modo de evitar que se den (dichas injusticias), evitando así todo lo demás.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Opinar de visitante.

A ver... ¿Cómo lo pongo en palabras para que se entienda y llegue a cada persona que lea estas líneas?
El tema que atrapa mi concentración y la vuelca en estas letras es el que se experimenta, esencialmente desde la parte espectadora, cuando alguien (sea quien sea que no pertenezca al núcleo de una casa y a quienes la habitan) traspasa ese límite que consiste en saberse invitado/a o visitante de tal hogar y, en teoría sin darse cuenta, interfiere en toma de decisiones, opiniones que no le competen en lo más mínimo, o todo eso que al ser llevado a cabo, por ese alguien, da para decir ¡¡¡¡¡qué metido/a!!!!!
Hecha la introducción, paso a expresar y caracterizar los momentos que se desencadenan a posteriori de la llegada de alguien así.
El hecho es que si sos invitado/a a compartir algún tiempo en cierto lugar y circunstancia siempre tenés que saberte un/a invitado/a, no hay otra; y si por casualidad se te olvida tal calidad a ocupar al menos tené la ubicación personal de darte cuenta, cuando se te hace notar, que ya podés estar llegando a importunar con tus incursiones en momentos que no da para que participes.
Y los/as hay de todo tipo y de toda procedencia.
Están los/as que cayeron de sorpresa y en determinado momento te das cuenta que están llevando la manija de todo lo que se decide (algo que no estaría mal si no fuera por el simple motivo de que no guían o conducen eso que intentan digitar sino que ocupan ese lugar debido a esa intromisión que hace descalabro en lo que se estaba tratando de acordar y que para evitar mayores descalabros se cede ante dicha opinión, convertida en una absoluta actitud metiche).
También están quienes acostumbran pasar por un lugar para meterse en todo lo que allí suceda, es decir que uno ya sabe que así será y en cierta forma ya está acostumbrado a pasar por esos breves o extensos lapsos de tiempo en compañía de tales opinadores/as que como condición sine quanon nunca se han dado cuenta de su postura de opinólogos/as invasivos/as.
Y que decir de aquellos/as que por cercanía afectiva y/o hasta parental son quienes más aflige recibir, no por el hecho de recibirlos como visita planeada o espontánea (sin aviso) sino porque en su opinología y participación en toma de decisiones o en temas que no deberían incursionar pueden llegar a ser los/as más vehementes metidos/as de todos/as los/as que así lo hagan.
Es así, amigos. Y lo verdaderamente importante no es tanto ser de esta manera (todos pudimos, podemos o podremos tener una o varias actitudes similares a éstas) sino darse cuenta y frenarse a tiempo ya que lo que se origina in situ ante este tipo de formas de proceder nunca es algo bueno o positivo y siempre, pero entiéndase bien, "siempre-siempre", detrás de este tipo de visitas (cuando el o la metiche se marchan) siempre queda una estela de mala predisposición en alguna de las partes que queda y que ha intervenido como espectadoras de tales espectáculos, meramente caseros y malogrados.