domingo, 13 de marzo de 2016

A esperarlas o generarlas.

¡Qué sería de la vida de la gente si no tuviera pequeñas o grandes motivaciones por delante! Las motivaciones, sean del estilo que sean, vienen a despertarnos nuevamente luego del letargo de la carencia, a reactivar esa electricidad que nos hace sentir más vivos que cuando andamos por la vida sin ningún otro propósito que vivir.
Es hermoso encontrarse esperando algo, deseando que llegue una determinada fecha en el calendario, esperando un momento exacto en el año o poniendo quizás todas las expectativas en un acontecimiento preciso porque eso también nos hace estar más enérgicos y curiosos, además de sentirnos con muchas pilas para transcurrir el tiempo presente hasta ese punto concreto anhelado por el motivo o la circunstancia que sea.
No estoy descubriendo la pólvora, lo sé, pero estoy poniendo en valor ─nuevamente─ algo que, quizás en la rutina diaria y en la velocidad del día a día en la que vivimos, perdemos de vista y nos resulta difícil focalizar ante tanto "ruido".
Por eso, breguemos por motivaciones, o como deseemos llamarles, que nos van a hacer sentir más vivos que cuando nuestra vida no las encuentra.
Vivamos atentos para darles la bienvenida y si no aparecen seamos nosotros quienes podamos generarlas para que, una vez instaladas en nuestro horizonte, nos motiven a esperarlas y modificarnos absolutamente para cuando lleguen. De eso también se trata todo esto, nuestra vida.

viernes, 11 de marzo de 2016

Nada de pensar que todo va a empeorar.

Muchas veces cuando uno se encuentra con un par de contrariedades en su vida, contrariedades que se van sucediendo una tras otra como no ocurre en otros momentos, todo parece dar a entender que esta situación seguirá constantemente también sin detenerse, y es por eso que inconscientemente nos vamos ubicando nosotros mismos en ese lugar de eterno padecimiento.
Asumimos que todo nos va saliendo mal y es entonces que llegan a nosotros cientos de razonamientos de lo que pudiere estar pasando. Generalmente, en estos casos, todos esos razonamientos se ven influenciados por la desazón de sentirnos con una mala racha y por tal motivo no son verdaderas conclusiones de lo que realmente está sucediendo en nuestra vida.
Debemos, aunque resulte bastante complicado, tratar de bajar al máximo posible nuestras expectativas con respecto a lo que vemos que nos está sucediendo y a lo que pensamos que podría seguir dándose sobre nosotros. Nada debe llevarnos al lugar del pensamiento de que ya nada se puede hacer más que ponerse mal, fastidiarse con uno mismo y con los demás, y reaccionar de manera negativa para de esta forma, retomando la idea de ubicarnos nosotros mismos en determinado funesto lugar, seguir fomentando ese desarrollo de lo que nos acontezca.
Que siempre las personas pasamos por diferentes momentos en nuestra vida eso no es novedad, por lo tanto para que lastimarse uno mismo adrede con hipótesis falaces de lo que ocurre si, después de todo, lo que sucede por algo sucede, y porque no tratar de ver todo aquello que "no nos está sucediendo" ─que podría ser peor que lo sucedido─ para de esta forma seguir adelante sin esperar una nueva catástrofe al nivel que sea, aspirando a vivir más relajadamente y de una manera más descontracturada de ahí en más.
Deseaba remarcar esta idea porque quizás le haga bien a alguien que esté atravesando por un momento así en su vida y no pueda divisar un horizonte luminoso y positivo más allá de su presente y porque con cada reflexión que brota de mi interior yo también puedo rever serenamente la esencia de lo que puede estar pasando en mi vida sin caer en esto mismo de lo que hablaba, eso de pensar que todo es una racha que no se sabe cuándo terminará.
Yo escribo para mí y para quienes deseen compartir ─haciendo suyas mis palabras─ lo que aparezca algún que otro día en este blog, mi lugar de expresión. Gracias entonces porque, al margen de que sus lectores sean uno o muchos, ya me siento gratificado al momento de permitirme volcar mi expresión para que, quizás a partir de ella, podamos todos, o al menos algunos, seguir avanzando, creciendo y compartiendo desde lo simple y lo cotidiano aquello que también hace y forma parte de nuestra vida.

domingo, 6 de marzo de 2016

¡Son ellos!

Los animales tienen la grandeza de carecer de ese defecto tan cruel que poseemos los seres humanos y que nos hace irremediablemente solitarios en determinado punto de nuestra vida, el egoísmo.
Es en su pureza donde ellos vienen a completar la vida del hombre o de la mujer que pretenda vincularse de alguna manera a alguno de ellos, ya sea con uno de una u otra de las tantas especies que conforman este maravilloso mundo animal.
Contrariamente a lo que se da por supuesto de que la evolución vino para nuestro lado, para el de los seres humanos, y que ellos, los animales, han quedado en el estado salvaje del principio de los tiempos, no es tan así ya que si analizamos la evolución que éstos han tenido y como han avanzado para poder adaptarse, relacionarse, convivir, y sobrevivir en un mundo dominado y manejado para gusto y piacere del hombre, fácilmente podemos darnos cuenta que la evolución también se ha operado en ellos.
Así mismo podemos observar como ellos han podido entender y mantener reglas básicas de convivencia y de respeto hacia el otro que nunca se han modificado y seguirán estando entre ellos por siempre, a diferencia de como ha ocurrido entre nosotros ─con el tema del respeto y la convivencia─ en donde todo ha perdido su real significado y cada vez nos encontramos más solos y apartados de todos, en el mundo, aunque en apariencia exterior, y visiblemente para los demás, estemos rodeados de gente.
Por eso yo soy de los que creen que el respeto y la admiración que debemos mantener, y en primera instancia sentir, por el mundo animal deberían ser superiores que los expresados por la religión, la política, la cultura, y la tecnología, entre otros por ejemplo.
Son los animales un faro luminoso y radiante en la oscuridad que atraviesa el ser humano y las sociedades modernas y todavía la mayoría de las personas no se ha dado cuenta de ello. Todavía buscamos no sé qué en no sé dónde y los ejemplos, los peores, aparecen por todos los flancos y nosotros nos dejamos absorber por ellos en lugar de poder decidir si seguirlos o no.
Afortunadamente los animales seguirán estando allí (a no ser que la mano del hombre haga algo pertinente para que así no suceda) y por tal motivo en algún momento, cada día, alguna nueva persona prestará atención a lo que ellos representan (lo que podrían representar para su vida) valorándolos de diferente forma, y entonces será el momento de celebrar que por fin, alguien más, alguien nuevo, ha comenzado a respetar, considerar, y dar el lugar que corresponde a estos seres a los que debemos estar agradecidos por no modificarse en su esencia y seguir siendo hitos de pureza y de bondad entre la miseria humana.

viernes, 4 de marzo de 2016

Compartiendo.

Este es un blog para expresarse. En este caso yo, su creador y propietario, me expreso a través de las experiencias que se atraviesan en el camino de mi vida.
Básicamente a eso se refiere este sitio web y aunque en algunas oportunidades, a través de algunas entradas, puede resultar algo aburrido o falto de interés para algunos lectores virtuales, sé que en otras, y al tratar temas que pueden darse en cualquier lugar y en cualquier persona, su lectura puede resultar también interesante.
Yo he aprendido, luego de muchas lecturas y experiencias vividas, que no hay nada mejor que verse reflejado en una reflexión, idea, relato para caer en la cuenta de donde uno se encuentra con respecto a su vida y a todo lo que tiene que ver con ella.
Y como muchas veces, de estos textos que uno se encuentra y lo hacen pensar un poco las cosas, salen consejos (y porque no soluciones) es interesante no descartar nada antes de tiempo ni prejuzgar algo sin saber de qué se trata, y sacar provecho de todo lo que incorporemos a nuestra vida, sea por el canal o por el puente que sea.
Espero que ya sepas de que hablo cuando me refiero a mi blog, pero si esta es tu primera lectura en De todo como en Botica, agradezco que hayas pasado por aquí y te invito a que leas algunos títulos y los primeros párrafos de cada presentación para ver si te atrapa alguna de ellas. De hacerlo así comprobarás que cuando he dicho que esto se trata de un lugar para expresarse estaba resumiendo bastante bien la idea; y si por el contrario ya no te interesa continuar navegando por mi sitio te agradezco nuevamente que hayas aguantado la lectura de esta entrada hasta el final y te deseo que encuentres mucho y muy buen material, por ahí, por donde sea, porque de eso se trata también una parte de esta vida: de nutrirnos de experiencias ajenas y compartir las nuestras, las propias.

jueves, 3 de marzo de 2016

Toda una mujer.

Leer a Clarice Lispector es tan atractivo, desde el primer momento en que se aborda su obra, porque en esa simplicidad de retratos que van apareciendo a medida que se la lee uno, en mi caso, sin ser necesariamente del género femenino, puede llegar a tener cabal comprensión de los estados comunes y ordinarios ─para nada extraordinarios─ que atraviesan las protagonistas de sus historias.
Y ya sea que se lea un cuento, una novela, o cualquier otro formato de presentación de las palabras que transmita emociones, y haga pasar al lector por diferentes estados de ánimo, con Lispector todo redunda en una conjunción de estilos ya que aunque se esté navegando por las aguas de un cuento siempre nos rozará y empapará lo poético de la narración, su poesía, su forma ensayística pura, y toda esa cotidianidad que bien podría salir de un artículo periodístico, por ejemplo.
Y su universo, estelar de mujeres comunes, reales e intemporales, siempre abatido y agobiante, además de chato y básico, no deja de resultar increíblemente auténtico en todo aquello que comienza a transmitir desde el primer renglón de cada texto.
Es claro también que ella, Clarice, es un fiel reflejo de la vanguardia de su época (Tchetchelnik, Ucrania, 1929─Río de Janeiro, Brasil, 1977) pudiéndose compararla con grandes escritores y escritoras que la precedieron o compartieron una misma época de creación literaria ya quede hecho es considerada una de las grandes, sin dudas, y ha dejado un legado inimitable de creatividad, sensualidad, identificación y genio en sus letras.
Es de esas escritoras que hay que leer en primer lugar por ser de esas mujeres que se atrevieron, desde su pluma, a cambiar el relato de lo que se quería contar y la forma de plasmarlo en el papel, y luego por el valor que representa su lectura y la modificación que se opera en quien se sumerge en su inspiradora obra.
Clarice Lispector, mucho más que un nombre. Toda una mujer.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Nunca está de más hablar de Ella.

Todos nacemos para ser felices, de eso no cabe ninguna duda. Pero el tema es que a medida que vamos creciendo y desarrollándonos mental y espiritualmente, como personas, muchas veces el camino para alcanzar la felicidad se complica sustancialmente.
Y no es que sea algo que nosotros vayamos generando a conciencia, es decir de una forma programada, todo esto de entorpecer el real deslice hacia la felicidad. Muchas veces, la mayoría de las veces, uno aspira realmente desde el fondo de sus entrañas alcanzar esa meta tan deseada y sin embargo, aunque no sea un propósito que se logre de una vez y para siempre sino algo constante y de cada momento, parece imposible e irrealizable.
Y siempre, el ser humano, encuentra caminos paralelos para desviarse de ese sendero, y siempre también, afortunadamente, podrá retomarlo y encontrar nuevos caminos, también paralelos, para re-encausar el viaje a ese destino soñado.
Y quizás sea que es imposible tener una vida 100% feliz, ¿quién sabe?, y quizás también sea cierto que esos momentos de infelicidad, opuestos a todo lo imaginable de la meta deseada, vienen a representar una puesta en valor de lo que desde siempre estamos deseando alcanzar, eternamente.
Por eso no debemos desanimarnos y, muy por el contrario, debemos seguir caminando (si es necesario corriendo) hacia ese lugar que nos espera en más de una oportunidad a lo largo de toda nuestra vida, ya que siempre detrás de cada esfuerzo y constancia que nosotros pongamos de nuestra parte el camino, el Universo, nos estará premiando y abrazando con esa dicha tan esperada.
Lo demás sólo será que nos permitamos disfrutarlo, porque tampoco vale la pena estar indefinidamente detrás de algo que nunca podamos apreciar o aprovechar, cuando está frente a nosotros, por el simple hecho de postergarlo para generar una nueva escalada hacia otra nueva meta de felicidad por el solo hecho de estar siempre tras su búsqueda. ¡Para nada!, se busca y cuando se alcanza se debe disfrutar. El tiempo sólo dirá, y determinará, cuando hay que encontrarse tras una nueva meta que, por supuesto, volverá a estar llevándonos hacia el mismo lugar, ese de la tan ansiada satisfacción de la felicidad.

sábado, 20 de febrero de 2016

Nunca, de nada.

Cuando alguien tiene una forma de ser combativa, desagradable y muy fea todo lo que pueda prevalecer por sobre esa forma de ser, que sea bueno y agradable, siempre se verá opacado y tapado definitivamente por la maldad que emerge de las entrañas mismas de esa personalidad.
Y cuando poco se puede hacer, para evitar tratar con esas formas de ser en la vida propia, lo que queda es esperar a que el tiempo, en su carácter de ayuda milagrosa (a veces hay que creer en esa ayuda que con el tiempo puede llegarnos desde el lugar menos pensado quizás y que, literalmente, nos cambie la vida), haga lo suyo y algún día nos sorprenda dejándonos actuar y hacer algo por nuestra parte más que tolerar y tener que permitir, en forma obligatoriamente impuesta, como condición sine qua non, el agravio gratuito e inmerecido.
Y está claro que siempre hay que hacer algo ante el destrato y la falta de respeto, y visto desde un contexto diferente a aquel donde se da el maltrato podría ser común exigir una modificación instantánea ante tanto oprobio recibido; pero siempre, aunque no se vea ni parezca, va a estar habiendo una modificación y un cambio que en gran medida apunte a, primero desde la esperanza y luego (debería ser así) desde la acción, modificar en algún momento, radicalmente, esas situaciones que no son otra cosa que vivencias dolorosas y oscuras.
Es muy desafortunado tener que atravesar los campos de la ofensa permanente y del yugo psicológico más brutal impuestos por una parte que, lejos de ser la más fuerte, en su debilidad arrasa con todo lo que tenga frente a ella para sentir ¡vaya a saber qué cosas que la hagan sentirse vaya a saber cómo!, y por eso debería ser ideal, para la salud física, psicológica y espiritual y emocional de cualquier persona, no tener que experimentar jamás nada de eso. Pero ya se sabe que no todos corren con la misma suerte y entonces es ahí donde a la suerte hay que buscarla, y buscarla, y rebuscarla hasta encontrarla, porque nadie puede vivir tanto tiempo con una suerte ficticia, una suerte económica, social, y/o de fachadas, que no hace otra cosa que tapar el verdadero infortunio de no gozar plenamente de nada, nunca.

viernes, 19 de febrero de 2016

Sensibilidad por sobre intelecto.

Ser bueno en la vida y servir, no sintiéndonos inútiles, innecesarios o menospreciados ante nada ni nadie, es algo sumamente importante que debe llevarnos a saber que hay diferencias insoslayables entre la calidad de una u otra gente, separando formación y cualidades innatas, entre unas y otras personas.
A saber. Uno puede ser un poco más o menos versado en letras que otros, más o menos culto a niveles de literatura leída o de escalones universitarios alcanzados pero hay algo que nadie puede comprar ni forjar a base de cultura adquirida y es el hecho de optar por pararse ante la vida de manera realista, valiente y decisiva frente a las cosas que debe enfrentar.
Tal es así que si alguien posee ese talento, esa virtud, de poder ser un ser racional (hasta frío) ante determinadas circunstancias de la vida pero también ser todo lo contrario, es decir sentimental y/o sensitivo y sensible, ante otras, es ahí donde la verdadera sapiencia se hace presente, más allá de esa que adorna a quienes son letrados de la vida académica pero faltos de tacto y sentido común ante la mayoría de otras cosas, las que prevalecen a cada momento de la vida.
Por eso, ¿qué podríamos decir acerca de la ignorancia que alude a la falta de formación intelectual, si por otro lado no es condición indispensable poseer esta formación para tener la sutileza de la ubicación y el buen tino frente al resto de las cosas de la vida, más que alegar que no debe significar un desmedro de la condición humana, de unos frente a otros, cuando en definitiva lo que verdaderamente importa para ser una persona íntegra no es ser aviesos en arte, literatura y todo aquello que venga a pulir nuestra vida y nuestra intelectualidad mejorando nuestra existencia y percepción de las cosas (como no cabe duda que la adquisición de tales saberes viene a representar en favor de quienes los adquieren) sino ser perceptivo e inteligente desde el razonamiento ejercitado con la reflexión y el análisis periódico de lo vivido, para poder de esta forma alejarnos de la ignorancia verdadera que quizás tiñe a quienes, aunque ultra galardonados de conocimientos y formación, no pueden superar el estadío de quedarse en las notas de color o en la superficialidad de lo vivido (en todo aquello que no necesita de la cáscara intelectual) para enfrentarlo, afrontarlo, evaluarlo, manejarlo o sortearlo y seguir adelante?
Por eso, parafraseando a alguien quizás un poco vulgar pero auténtico, como Jacobo Winograd, y cambiando las palabras y el sentido de su frase, podemos decir que: "sensibilidad mata conocimiento".

jueves, 18 de febrero de 2016

Una misma cosa no siempre nos llevará a todos hacia un único lugar.

Cuando la tristeza que uno cree sentir por otros, bajo la forma de pena, no es otra cosa que la que se siente por uno mismo, como auto-compasión, que viene a hacernos dar cuenta que lo simple siempre lleva a la felicidad.
Tristeza y felicidad, tan opuestas, relacionadas íntimamente en este momento porque, después de todo, todo tiene que ver con todo.

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Hay un tipo de pobreza que no tiene porque ser indigna, ya que muy por el contrario es digna y en demasía a no ser que se demuestre lo contrario en algún caso específico, que me provoca una profunda tristeza verla pasar a mi lado, por la calle por ejemplo generalmente en períodos de vacaciones, y es la que se plasma en algunas personas que van felices por la vida (como por otro lado considero que debe llevarse la vida, estemos donde estemos ubicados) con ropas impecables, limpias, y absolutamente pulcras pero que ─acá está el punto─ además de no ser de la marca a la cual hacen alusión sus estampas, son de un gusto que podría decirse algo extravagante, por no decir exagerado en su estilo y estética general.
Y digo que este tipo de pobreza, que no es indigencia ni mucho menos ya que la veo en lugares de vacaciones en personas que claramente están al igual que yo "vacacionando" en un mismo destino, es la que me produce esa melancolía, esa pena si se quiere (no como sinónimo de rechazo o de postura despectiva sino como un sentimiento básico y primitivo que se origina en mí), porque admiro verlos "ir" tan auténticos y felices, sin más que ir disfrutando de su felicidad y sin importarles lo que pueda provocar en los demás verlos ir y venir con su estilo extravagante y estrafalario, pero impecable y llamativo.
Y lo expreso de esta forma, pecando de alguna manera de separatista entre unos y otros estilos, para que se entienda el porqué de mi tristeza, que no surge desde un lugar de superioridad ya que no considero que tal superioridad exista entre diferentes grupos de personas (todos somos hombres y mujeres que nacemos, vivimos, comemos, todo lo demás que ya sabemos, y finalmente morimos al igual unos y otros, sin excepción) sino desde la sensación que me provoca ver la aceptación satisfecha, al menos en esa primera impresión, de ser quienes son y llevar "su estilo" siempre en todo momento y a todo lugar.
No sé si estaré siendo claro, pero durante las vacaciones y puntualmente en un momento concreto que me inspiró a escribir esta entrada de blog vi esta escena repetida de gente a la que veía pasar a mi lado más feliz y más conforme que yo ─aventurándome a juzgar y a opinar de su felicidad por sobre la mía─ y asumo que quizás por vivir más simple y sencillamente la vida sin entrar en tantas dicotomías o en tantos asuntos, personales a veces pero más amplios y generales en la mayoría de los casos, que no se pueden resolver, como podría decirles que me suele pasar a mí por ejemplo, sin dudas.
En fin, esa tristeza que en primera instancia siento al ver a este tipo de personas no es por ellos, no, sino por mí, que creyéndome feliz y avezado en muchos aspectos de la vida me encuentro ante estas dicotomías, como aquellas a las que hacía alusión en el párrafo anterior y que apareciendo ahora, en este momento de mi relato, no hacen otra cosa que venir a corroborar eso de que uno (en mi caso particular también) por dejarse arrastrar ante tantos estímulos y formatos de momentos y "modas" que se viven seguramente no va "tan simple" ni "tan sencillo" por la vida como estos simples y sencillos y, porqué no, más felices transeúntes con los que podemos cruzarnos a la vuelta de la esquina y que nos pueden generar miles de sensaciones, pensamientos y sentimientos a cualquiera de nosotros, en cualquier momento; en el menos pensado aún, como estando de vacaciones de verano por ejemplo.


miércoles, 17 de febrero de 2016

Triste. Una vida sin lectura.

No se puede ser feliz sin leer.
Ni una tarde al sol, ni un buen concierto, ni una buena película en el cine, ni una buena noche de dance o una tarde relajante y placentera de buena hierba van a producirnos el placer que logra transmitirnos la lectura.
Una vida sin lectura es muy triste y está estrictamente acotada a todas las básicas experiencias que se puedan atravesar, aunque éstas sean super extraordinarias con respecto a lo que signifiquen (viajes, adquisiciones de bienes materiales muy cotizados y deseados, sorpresas increíbles, etc.) puesto que nada, nunca, podrá compararse al regalo y movimientos, mágicos y maravillosos, que nos obsequia cada tiempo de lectura.
Leer nunca nos deja en el mismo sitio, y para esto sólo basta con citar a Amélie Nothomb cuando al comienzo de su novela "Cosmética del enemigo", haciendo alusión al hecho de leer en el real sentido de la palabra y no fingiendo hacerlo, el viajero, en teoría molesto, Textor Texel le dice a Jérôme Angust, quien fingía seguir leyendo para no escucharlo hablar: "Enseguida se nota cuando alguien está leyendo. El que lee, el que lee de verdad, está en otra parte. Y usted, caballero, estaba aquí."
Y sí, solo la lectura tiene el poder de hacer esas cosas en nosotros, partiendo de la imaginación y usando la mente como puente, para llevarnos hacia cualquier lugar, situación o momento.
Quizás se haya perdido, en gran parte de quienes no leen, la noción de lo que realmente representa el hecho fortuito de abrir un libro y zambullirse en sus página, ya que es probable que al ser el libro en sí mismo algo relativamente accesible y por tal motivo estar ahí, "al alcance de la mano" y por lo tanto parecer una invitación no tan atractiva como otras cosas que podrían venir a hacerle competencia a este "insignificante" conjunto de palabras reunidas, se lo haya dejado de lado o se lo haya minimizado por sobre otro tipo de ofertas de entretenimiento a seguir, postergando de manera constante su descubrimiento y disfrute.
Pero no es así y afortunadamente somos millones quienes hemos tenido la suerte de, en algún momento de nuestra vida, reparar en la grandeza que dejaría en nosotros la lectura y gustar de ella de una forma adictiva (sana, buena) que se incrementa y crece indefinidamente con cada nueva lectura.
Por eso estoy seguro que por más variada, estrafalaria y rimbombante que pueda ser una vida cualquiera, si ésta carece de la fortuna de la lectura, siempre será más opaca que la de quienes, además de todo lo demás (o sin todo lo demás), tengan la suerte de poder considerarse afanosos lectores.
¡A leer! ¡No perdamos tiempo, especialmente ese tiempo que tenemos libre y muchas veces dedicamos a cualquier cosa con tal de ocuparlo y gastarlo en algo, y leamos!
Leamos para así poder volar, disfrutar, viajar, bailar, estremecernos, soñar, aprender, padecer para crecer, y toda otra infinidad de cosas que sólo la lectura dejará en nosotros, en nuestra vida.

martes, 16 de febrero de 2016

¿Será así?

¿Cuando alguien le desea el mal a otra persona realmente estará deseando lo que expresa y ese augurio será un mero fluir de su verborragia que no hace más que sacar a la luz eso que se manifiesta en su alma?, o ¿será que sólo se está diciendo con palabras, "de la boca para afuera", ideas que suenan terriblemente agresivas para hacer mella en el otro pero que no se sienten ni desean verdaderamente?
Yo he visto desear cosas tremendas a otros, y no hablo a niveles sofisticados o específicos de una relación (entre políticos, periodistas, mediáticos televisivos, etc.), sino entre dos personas comunes y corrientes para las cuales su estelaridad solo brillaría ante unos pocos que las conocen y nada más.
Entonces, ¿cuál será la verdadera intención y/o motivación de tales actos?
Quisiera creer que la segunda de las opciones esgrimidas (...sólo se está diciendo con palabras, "de la boca para afuera", ideas que suenan terriblemente agresivas...) sería la correcta, ya que de ser cierta la primera de las alternativas es muy triste pensar que alguien pueda convivir consigo mismo y enfrentar cada día la vida teniendo tamaña maldad encima, por dentro.
De todos modos es cierto que aunque la elección fuese sobre la segunda, también sería penoso tener esa forma de ser interior y exterior; de quien profiere tales expresiones aunque solo sea de palabra y por el solo hecho de escucharse decirlas y superarse, en cada nueva ocasión, con su batería de agravios.
Por eso de una u otra forma, es decir con una escandalosa y alborotada elocuencia que queda solo en eso o con una verdadera intención, cuando se encuentren con alguien así tengan en cuenta que, en mayor o menor medida, la oscuridad los abrazará tarde o temprano.